Después de haber luchado en Vietnam como si fuera Rambo al mando del comando Rubalcaba, por tierra, mar y aire frente al periódico demócrata que denunciaba el crimen de Estado y la corrupción, el comandante Rubalcaba ha ascendido en el escalafón y se ha convertido en el hombre fuerte del PSOE, en el cruce de caminos que unen el despacho de Zapatero con el despacho de Polanco, y de vez en cuando con el despacho de González, aunque este último actúa en la sombra porque no quiere saber nada del falto de la Moncloa. También hace Rubalcaba sus pinitos con Alfonso Guerra, huye de Bono y trae por la calle de la amargura a Zaplana, a quien le ha cogido la medida y la distancia y siempre le gana en los 100 metros lisos, que fue su especialidad.
Tenemos un presidente que va a Ceuta y Melilla y no se atreve a hablar de España para que no se enfade Mohamed. Que no se atreve a decir que España es una sola nación para que no se enfaden Carod, Mas y Maragall. Que no se atreve a reunirse con los dirigentes catalanes porque les prometió una cosa, que era apoyar todo lo que ellos dijeran, y ahora los que verdaderamente mandan en el regimiento actual le han prohibido decir sí a todo y han tenido que rectificar una parte de la maldad.
El falto de la Moncloa sigue pensando que él es un genio y que va a arreglar la España plural, el terrorismo de ETA, la alianza de civilizaciones, la crisis de América Latina, el Oriente Próximo y el futuro de Cuba sólo con su santa presencia, que ya no es tan santa porque se le ha visto la peana y porque al final otros se han tenido que remangar la camisa o las enaguas, Rubalcaba o De la Vega, para intentar arreglar los destrozos de este chico de León que llegó por carambola al PSOE y después de una grave crisis nacional al Gobierno de la nación.
Siempre se ha dicho que los ministros de defensa los pone el Rey. Pues se puede decir que a Rubalcaba se lo pusieron a Zapatero en el Congreso de los Diputados desde el despacho de Gobelas, donde de vez en cuando habita Felipe González. Pero lo que no sabía nadie, ni el propio Rubalcaba, es que iba a ser la estrella del ecuador de la legislatura, entre otras cosas porque Zapatero no tenía a nadie en el Gobierno (y mucho menos al charnego Sevilla) que le arreglara el follón del Estatuto catalán, que no tiene arreglo se pongan como se pongan. Y el coronel Rubalcaba por aquí, el coronel Rubalcaba por allá, en reuniones de Moncloa, en reuniones parlamentarias, en los hoteles al anochecer, en las cafeterías de madrugada... y así está el hombre, que se ha quedado en los huesos de tanto ir y venir, y que presume de ser el tercer león de la puerta de las Cortes, aunque para sus adentros seguro que presume mucho más porque está convencido de que es el que mueve los hilos del momento político actual.
Cuando llego el Plan Ibarretxe a Madrid Zapatero pronunció uno de esos discursos con los que permanentemente niega a España como en Ceuta y Melilla y tuvo que salir Rubalcaba a arreglar el desastre y a animar la bancada socialista, que hay días que está a punto de abandonar. Y ahora con lo del Estatuto catalán más de lo mismo y más Rubalcaba metido en negociaciones, dándole explicaciones al PP y en su ratos libres cursillos a la prensa, lo cual es muy de agradecer, pero lo que demuestra también es que es el único o uno de los pocos que trabajan en el PSOE y además el que lleva las riendas de la situación, riendas que primero perdió Maragall, luego Zapatero, luego Carod y que ahora comparte también con Artur Mas.
Que Rubalcaba es pérfido, malvado, manipulador, intrigante y muchas cosas más es bien posible. Como es seguro que tiene la manga muy ancha y que le importa un rábano que España sea nación o nación de naciones. Él es el coronel de los boinas verdes de PSOE y si le dicen que hay que tomar la cota 348 y cruzar la delgada línea roja va, la cruza y toma la cota sea una operación de izquierda, derecha, financiera, política o existencial. El coronel Rubalcaba está a la orden pero se ha situado de tal manera en el epicentro del poder que puede empezar a ser peligroso incluso para Zapatero y su entorno político y ministros como Pepiño, Caldera, Alonso, porque Rubalcaba ya es el hombre que sabe demasiado y que tiene todos los hilos de la situación en su mano.
Y cuando se tiene al alcance tanto poder, y aunque Rubalcaba va de humillado por los pasillos del Congreso, siempre cabe ante el espejo hacerse la misma pregunta: ¿por qué Zapatero y no yo? Y no le falta razón.
Eso es seguramente lo mismo que piensan algunos en el PP, como Zaplana; pero el valenciano, mejor dicho, el murciano, no le llega a los talones a Rubalcaba, que lo ha convertido en su juguete favorito y que lo maneja como Mel Ferrer manejaba a sus muñecos en la inolvidable película Lilí. Zaplana es el muñeco preferido de Rubalcaba, lo cabrea, le hace reír, le hace llorar, le toma el pelo en los debates de procedimiento en los políticos, en los sociales y le gana por la mano en los mediáticos. Zaplana es un bizcocho para Rubalcaba, quien además sabe que el valenciano, es decir, el murciano, o mejor dicho, el de Cartagena, o más bien habría que decir el Benidorm, no le dura un asalto y, si se empeñara en ello, podría salir muy mal parado porque tiene el techo de cristal.
Rubalcaba es un arcángel pero existe, está lleno de maldades y de habilidad y ahora mismo manda en el PSOE y en el Gobierno como el que más.

Escribe un comentario