El dato no deja lugar a la duda, el índice euribor, el más utilizado para referenciar los préstamos hipotecarios, se encuentra en su nivel más alto de los últimos tres años, tras subir más de medio punto en los últimos doce meses. La tendencia bajista de los tipos de interés pasó a la historia hace tiempo ­en junio de 2004 estaban en el 1%­, gracias a la política de contención marcada por la Reserva Federal de Estados Unidos, entidad que, se quiera o no, marca la línea principal en la política monetaria que mantienen los países occidentales. Ayer mismo, el banco central estadounidense elevó hasta el 4,5% su tipo central y los analistas no descartan que prosigan las subidas de un cuarto de punto hasta llegar al 5%, que puede ser el techo. Probablemente en la zona euro no se llegará a esos niveles, pero lo que se da por seguro es que no se mantendrá en el 2,25% actual, sino que tenderá a aproximarse al 3%.

Aparte de las repercusiones macroeconómicas que conlleva esta escalada de tipos, la repercusión más directa recaerá en todas aquellas personas que tienen vivo un préstamo hipotecario con su banco o caja de ahorros. La renovación de la cuota puede suponer un incremento de la misma en torno a los 30 euros mensuales, con lo que eso implica en la economía de muchas familias de este país, que sufren dificultades para llegar a fin de mes y disponen de una escasa o nula capacidad de ahorro. La nueva tendencia al alza de los tipos va a suponer, además, una cierta contención en la petición de nuevos préstamos hipotecarios y en la propia demanda de vivienda nueva y usada. La alegría con la que muchas familias se han lanzado a cambiar de vivienda, animados por el bajo precio de las hipotecas, puede verse ensombrecida por el nuevo escenario que se empieza a dibujar. Un escenario en el que se puede adelantar un dato positivo inducido indirectamente por la constatación de unas hipotecas más caras. Estos últimos años se ha producido un imparable encarecimiento del precio de la vivienda, ayudado en parte por la existencia de préstamos hipotecarios muy bajos y con unos plazos de amortización que llegan incluso hasta los 50 años. La paulatina subida de los tipos y de los índices hipotecarios de referencia va a conseguir que se aminore la escalada de precios, al reducirse también la demanda de forma relativa, lo que puede redundar en un mercado inmobiliario un poco más razonable que el actual.