El Gobierno ha aprobado su proyecto de reforma fiscal, la primera reforma de los segundos socialistas que llegan al poder, la reforma Solbes, según la tradición de poner el nombre del ministro de Hacienda a los nuevos modelos tributarios. No será precisamente una ley para pasar a la historia ni apenas alcanza la categoría de reforma; será una reformita, dicho sea sin desdoro, porque en asuntos tributarios la continuidad, la veteranía, es un grado, como en el Ejército.
Lo que pasa es que no era esto lo que había prometido José Luis Rodríguez Zapatero en su programa electoral, ni lo que se vislumbraba en las mal soterradas polémicas entre Miguel Sebastián, el coordinador del programa económico socialista, y Jordi Sevilla, en aquel momento secretario de Economía del partido. Al final la reforma no ha sido ni de Sebastián, que languidece como jefe de la oficina económica de Rodríguez Zapatero, ni de Sevilla, que devino ministro de Administraciones Públicas, sino de Pedro Solbes, que la ha diseñado con su peculiar estilo.
Este Gobierno ha adoptado casi tantas y tan ambiciosas decisiones sociales en sus menos de dos años de desempeño que las que pusieron en marcha los adoptadas por los Gobiernos de Felipe González en casi 14 años. A cada cual lo suyo. Sin embargo, la norma económica fundamental, la que marca las reglas de juego social, la que regula cómo se reparten las cargas y los beneficios del Estado, es muy poco ambiciosa, casi de trámite.
Desde que los socialistas revolucionarios se hicieron socialdemócratas, el fisco se convirtió en el gran instrumento para la justicia social. Josep Borrell, cuando fue secretario de Estado de Hacienda con González , propugnaba rectificar el célebre estribillo de La Internacional sustituyendo la lucha final por la reforma fiscal con lo que el himno social-comunista quedaría así: "Agrupémonos todos/ en la lucha fiscal/ el género humano/ es la Internacional".
Ahora, los gobiernos de izquierda apenas pueden avanzar hacia la igualdad siguiendo el lema de que cada cual pague según sus posibilidades y reciba de acuerdo con sus necesidades. La globalización impone sus reglas: si se gravaran las plusvalías de los rentistas con el mismo impuesto que se descuenta de la nómina a los asalariados, el dinero, apátrida huiría hacia otras patrias con perjuicio para todos, incluidos los más pobres. Si se incrementa el impuesto de sociedades, se castiga la inversión y los puestos de trabajo y se estimula la conversión de las personas físicas en personas jurídicas, al estilo Josep Piqué. Las normas fiscales pueden tener efectos indeseados e incluso contrarios a los propósitos del legislador.
LA REFORMA socialista será aprobada con las modificaciones propias del proceso parlamentario este año y entrará en vigor en el 2007, con lo que tendrá efecto en la declaración de los contribuyentes que se formulará en el 2008, coincidiendo con las elecciones generales. El presidente no quiso arrancar su legislatura con cambios en un terreno tan delicado, pues su prioridad era generar tranquilidad entre los agentes económicos. Con la reforma Solbes está tranquilo hasta Emilio Botín, presidente del Santander, el primer banco español, que la ha calificado de "equilibrada y prudente".
Al parecer todos ganan: la rebaja media del impuesto será del 6% y un 60% de los contribuyentes rebajarán su aportación en un 17%. El tipo único que propiciara Sevilla ha desaparecido, lo que no es una gran pérdida. La simplificación es una falsa ventaja en el actual nivel de civilización informática y atenta directamente a la matización de las circunstancias personales del contribuyente y, en definitiva, a la progresividad del impuesto. El célebre tipo único del IRPF se ha quedado limitado a la reducción de los cinco tramos vigentes a cuatro.
Lo más progresista de la reforma es la elevación del mínimo personal exento, que subiría desde los 3.400 euros actuales a 9.000 euros (1.500.000 pesetas), lo que liberará a casi cuatro millones de personas que no tendrán que declarar ni pagar un duro. Se hacen además algunos ajustes finos que recortan un poquito la ventaja de los más adinerados: se incrementan las deducciones por cada hijo; se mantienen las de la vivienda principal y se reparten entre el propietario y el inquilino las aplicables a las viviendas puestas en alquiler que antes beneficiaban sólo al primero.
POR OTRO LADO, se endurece el tratamiento de los fondos de pensiones de los que se benefician las clases medias, aunque menos de lo que se temían los poseedores de planes de pensiones. En efecto, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, secretario de Estado de Hacienda, había expresado en unas jornadas organizadas por El nuevo lunes su opinión favorable a acabar con toda desgravación.
Solbes regala a los más adinerados una pequeña reducción del tipo máximo --del 45% actual al 42%-- y sitúa en el 18% las plusvalías que se gravaban al 15% en las generadas a más de un año. Este 18% sí es un tipo único para todos los instrumentos de ahorro (depósitos bancarios, libretas de ahorro, seguros, dividendos, etcétera) y es neutral, pero no progresivo.
El impuesto de sociedades bajará gradualmente cinco puntos entre el 2007 y el 2011, tanto en tipo general, que pasará del 35% al 30%, como en el de las pymes, que lo hará del 30% al 25%. Muy poco respecto del ambicioso cambio prometido en el programa electoral que redactó Sebastián, que debía pivotar sobre el IRPF y donde se anunciaba "una reforma en profundidad", dado que el sistema actual es "injusto, complejo e ineficiente".
JOSÉ García Abad. Presidente del Grupo Nuevo Lunes y editor del semanario 'El nuevo lunes'.

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