Le Monde diplomatique publica, en su número de enero de 2006, dos artículos importantes acerca del conflicto israelí-palestino. El primero, escrito por Hussein Agha y Robert Malley, reflexiona sobre las "Elecciones de alto riesgo en Oriente Próximo", en el momento en el que se preparan las elecciones legislativas del 25 de enero; el segundo, del militante pacifista Uri Avnery, mide los cambios políticos que se han producido en Palestina en vísperas de las elecciones generales de marzo de 2006. El texto que reproducimos a continuación, analiza el cambio producido en la comunidad internacional, principalmente el de la Unión Europea, referente a la solución del conflicto.
A lo largo de los últimos años, de forma sutil e insensible, los dirigentes y los medios de comunicación europeos han cambiado su manera de abordar el drama palestino y la solución del conflicto israelí-palestino. Durante todo lo que se ha venido denominando el "proceso de Oslo", estaba claro que la solución pasaba por una negociación conjunta basada en la retirada de las tropas israelíes de los territorios ocupados en 1967, incluida la zona Este de Jerusalén, el establecimiento de fronteras permanentes entre el Estado palestino e Israel y una solución aceptable para los refugiados palestinos. Las negociaciones de Camp David (julio de 2000), así como las de Taba (enero de 2001), tenían por objeto estos contenciosos.
El estallido de la segunda Intifada, a finales de septiembre de 2000, la represión sangrienta llevada a cabo por el ejército israelí desde el principio ─meses antes de los primeros atentados suicidas─, la escalada de la violencia, la elección de Ariel Sharon en el cargo de primer ministro, la multiplicación de los atentados contra civiles israelíes y la recuperación del control total por el ejército israelí de los territorios ocupados se han agravado en los últimos años. Sin embargo, desde el punto de vista del derecho internacional, independientemente de la apreciación que se pueda tener de la estrategia y de la táctica de la Autoridad Nacional Palestina, perduran los problemas de base: Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este permanecen como territorios ocupados, Israel continúa como una potencia ocupadora y la creación de un Estado palestino independiente sigue siendo el punto clave de la paz.
Crímenes de guerra ocultados
A pesar de ello, tras leer las declaraciones de los dirigentes europeos y seguir la actualidad transmitida por los medios de comunicación, se constata un cambio profundo de perspectiva: de ahora en adelante son los palestinos, esto es, los ocupados, los encargados de demostrar su buena voluntad. Las referencias de la Unión Europea a las obligaciones de uno y otro campo esconden mal su adhesión a la visión del primer ministro israelí: todo avance en el proceso de paz depende de la Autoridad Nacional Palestina; es ella la que debe reformarse, liquidar a sus grupos armados y probar su voluntad de coexistir con Israel. Esta premisa es también la sustentada por los medios de comunicación que tienden a borrar la realidad de la política israelí sobre el terreno, a infravalorar su carácter represivo, y contrario al derecho internacional, y a ocultar los crímenes de guerra cometidos. En Francia, las violentas campañas llevadas a cabo contra algunos periodistas e intelectuales, desde Daniel Mermet hasta Edgar Morin, pasando por Jean Ferrat, han contribuido a intimidar a una serie de periodistas: ¿a quién le gustaría que se le acusara, falsamente, de antisemitismo?
El editorial de Libération del 2 de enero de 2006 nos describe un ejemplo tipo, en el que se lamenta la situación que prevalece en Palestina. Patrick Sabater escribe: "Hace un año, la elección de Mahmud Abbas para el puesto que dejaba Yasir Arafat era algo que se podía esperar. Se abría una vía de nuevas oportunidades, a través de la cual se podían introducir aires democratizadores y de reformas en los territorios palestinos (sobre todo no utilicemos la palabra ocupación ), a la vez que una desmilitarización de la política palestina para retomar las negociaciones con Israel. Actualmente, esta vía está a punto de cerrarse en las narices de los partidarios de la paz". La responsabilidad del Gobierno de Ariel Sharon apenas se menciona...
La evacuación de la Franja de Gaza durante el verano de 2005 ha representado, desde este punto de vista, otro ejemplo edificante. Durante varias semanas, los medios de comunicación internacionales han enfocado sus cámaras hacia algunos miles de colonos evacuados, mientras se escuchaba su sufrimiento, tanto como los gritos de los soldados encargados de evacuarlos. Pocos periodistas han recordado que la colonización representa, según las normas del Tribunal Penal Internacional, un crimen de guerra. A su vez, muchos de estos colonos eran fanáticos que estaban dispuestos a disparar contra civiles palestinos. Sin embargo, decenas de miles de palestinos de Gaza han sido desplazados a lo largo de los últimos años, sin que se produjera la menor reacción en Occidente.
Peor todavía, la evacuación de Gaza se ha presentado como un gesto significativo de Ariel Sharon. Esto le ha permitido reforzar su crédito en Estados Unidos y Europa, y le ha abierto las puertas a una visita oficial, llena de solemnidad, en Francia. No obstante, tal y como recuerda Naciones Unidas, Gaza permanece como un territorio ocupado, en el que las tropas israelíes realizan numerosas incursiones. El Gobierno israelí incluso acaba de decidir que instalará una "zona de seguridad" en el territorio palestino, tras evacuar a gran parte de la población... La amenaza de cortar la electricidad en toda la Franja de Gaza constituye igualmente un castigo colectivo, contrario a la Convención de Ginebra. La organización estadounidense Human Rights Watch ha recalcado, en un comunicado hecho público el 23 de diciembre de 2005, que tal medida representaría una violación de las leyes de la guerra, igual que la que decretó Tel Aviv al prohibir, entre los días 24 de septiembre y 12 de noviembre, la entrada en su territorio de cinco mil trabajadores palestinos, que se une a los sufrimientos de una población en la que el 68% vive por debajo del umbral de la pobreza (1).
La colonización avanza
Mustafa Barghuti, candidato que obtuvo alrededor del 20% de los votos en las elecciones presidenciales a la Autoridad Nacional Palestina en enero de 2005 frente a Mahmud Abbas, ha publicado recientemente un artículo titulado "La verdad que ustedes no aceptan" (2). Hace un balance de la situación sobre el terreno, en Cisjordania y en Gaza, que está muy alejado de la versión israelí que "presenta una imagen completamente opuesta a la realidad"; muy distante igualmente de la imagen que transmiten la mayoría de los medios de comunicación occidentales.
Así, la colonización avanza rápidamente. "La población total de colonos (...) es actualmente de 436 000: 190 000 en Jerusalén y 246 000 en Cisjordania. Sólo 8 475, es decir, un 2% del total, de colonos ilegales ha sido evacuado de Gaza y de la región de Jenín. Durante el mismo período, la población de las colonias de Cisjordania aumentó en más de 15 800."
Habla igualmente de la vida cotidiana impuesta por el muro de separación, que rodea completamente una ciudad como Qalqiya, con una única puerta de la que los soldados israelíes tienen la llave. "Hace falta un permiso para franquear el muro, un permiso que es prácticamente imposible de obtener. Incluso cuando se consigue, hay que adaptarse a los horarios especiales de entrada. En la región de Jayous, se puede entrar entre las 7.40 y las 8 de la mañana, entre las 14 y las 14.15, y entre las 18.45 y las 19 horas: en total cincuenta minutos al día. A veces el ejército olvida abrir las puertas, y los alumnos, lo profesores, los enfermeros, los enfermos y la gente normal deben esperar indefinidamente."
Un informe reciente de los jefes de una misión de la Unión Europea en Jerusalén Este (3) confirma las consecuencias de la construcción del muro de separación en la ciudad de Jerusalén. Este texto, entre otros, saca a luz ciertos aspectos fundamentales de la política israelí en la ciudad santa:
- La casi finalización de la barrera que circunda Jerusalén Este, lejos de la línea verde (línea de alto el fuego de 1967);
- La construcción y la expansión de las colonias ilegales, por entidades privadas y por el Gobierno Israelí, en el interior y alrededor de Jerusalén Este;
- La demolición de casas palestinas construidas sin permiso (estos son prácticamente imposibles de conseguir);
- El plan de expansión de la colonia de Maaleh Adoumim, que amenaza con completar el cerco de la ciudad por colonias judías y dividir Cisjordania en dos sectores geográficos.
Y los cónsules europeos en Jerusalén señalan que "las acciones de Israel en Jerusalén violan sus compromisos con la Hoja de Ruta y el derecho internacional". ¿Cuál es el resultado de estas constataciones? La Unión Europea ha decidido, valerosamente, no publicar este informe...
La Autoridad no es un Estado
Amira Haas, corresponsal permanente del diario Haaretz en los territorios ocupados, conocido por sus valientes reportajes, comentaba así la victoria de Hamas en las elecciones municipales de diciembre de 2005 en Cisjordania: "La victoria de Hamas en las elecciones locales ha aflorado sobre un terreno fértil. Las gentes están hartas de las mentiras que han acompañado sus vidas durante los trece años últimos (desde la firma de los acuerdos de Oslo): que Oslo significa la paz; que la creación de una Autoridad Palestina es una victoria y un símbolo, que aboliría todos sus fracasos; que la Autoridad es un Estado (4)."
La periodista no atenúa el descrédito de Hamas, cuya propaganda se apoya, según ella, sobre tres mentiras: el movimiento islamista pretende que la Franja de Gaza ha sido "liberada", cuando es el resultado de una decisión unilateral israelí; que esta evacuación es el resultado de la "lucha armada", cuando "los atentados suicidas han reforzado únicamente el apoyo de la opinión israelí a cualquier forma de toma de control de Cisjordania"; que las elecciones legislativas de enero de 2006, en las que Hamas ha decidido participar, son fundamentalmente diferentes a las de 1996, cuando se desarrollan en el mismo marco, el fijado en los acuerdos de Oslo.
Los llamamientos de la Autoridad Palestina a la democratización aparecen también vacíos de sentido. En las elecciones presidenciales de enero de 2005 estaba claro que la Unión Europea no quería más que un vencedor, Mahomud Abbas: las numerosas presiones ejercidas por Fatah sobre la comisión electoral no fueron denunciadas por los observadores internacionales ni retransmitidas por los medios de comunicación (5). A partir de ese momento, Javier Solana, alto representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC), amenaza a la Autoridad Palestina con retirarle el apoyo de Bruselas, en caso de victoria de Hamas en el escrutinio de enero de 2006. En suma, la Europa de los Veinticinco acepta las elecciones bajo la condición de que sean elegidos sus candidatos preferidos ...
¿Cómo asombrarse entonces de que la Unión Europea refuerce sus relaciones con Israel, que sea más proclive a hacer presión sobre la Autoridad que a poner en marcha las sanciones previstas por los acuerdos de asociación euro-mediterráneos en caso de violación de los derechos de las personas, violaciones que son cotidianas en los territorios ocupados? Tampoco hay que asombrarse de que la UE sea más proclive a recibir a los dirigentes israelíes para "empujarlos" a proseguir por la misma vía, mientras esta vía lleva directamente a la anexión de una gran parte de Cisjordania y de Jerusalén Este. Por otra parte, Francia, hay que lamentarlo, ha renunciado a su acción autónoma y visible a favor de los derechos de los palestinos: recibe al primer ministro Ariel Sharon y retoma su cooperación militar e incluso de seguridad con Israel (6); numerosos ministros, entre ellos Nicolas Sarkozy, multiplican las visitas a Israel; son dos empresas francesas las que construyen un tranvía que comunica el centro de Jerusalén con las dos colonias judías situadas al este de la ciudad, contribuyendo así a la política israelí de ocupación. Esta estrategia, cada vez más cercana a la de los Estados Unidos en Oriente Próximo, de Irak a Afganistán, coincide con decenios de política francesa sobre el conflicto israelí-palestino.
El "proceso de paz" abierto por los acuerdos de Oslo está muerto y enterrado. Se puede pensar que habría podido representar una vía hacia la regulación, para la que no han faltado ocasiones. Sea lo que sea, ya no es posible volver atrás. ¿Hay que confiar en la aplicación de la Hoja de Ruta o en la victoria del "centrista" Ariel Sharon en marzo próximo? No, pues la ecuación sigue siendo la misma: los palestinos continúan viviendo bajo ocupación, su vida cotidiana es insoportable, sus aspiraciones a la independencia burladas. Es ilusorio pensar que se podrá asistir, en el próximo periodo, a un cambio de orientación del gobierno israelí sin presiones internacionales permanentes para hacer aplicar el derecho internacional, todo el derecho internacional. La resistencia de los palestinos y la movilización de la fracción pacifista de la opinión israelí deben ser apoyadas por sanciones internacionales.
Como lo reclama Mustafa Barghouti: "Una manera de corregir la situación es hacer lo que ya se ha hecho con éxito en África del Sur, aplicar sanciones. Un elemento clave es romper las relaciones militares con Israel, el cuarto exportador de armas del mundo. Nosotros tenemos necesidad de un movimiento de no cooperación militar que se concentre en las desinversiones en ese campo y que ligue las relaciones económicas con Israel a la aplicación del derecho internacional y a la aplicación de las resoluciones internacionales". Un movimiento poderoso en este sentido se ha desarrollado en el mundo anglosajón. El acuerdo de asociación entre la Unión Europea e Israel ofrece a nmensas posibilidades puesto que prevé explícitamente la posibilidad de suspenderlo en caso de violación de su artículo 2: "Las relaciones entre las partes, al igual que todas las disposiciones del presente acuerdo, se basan en el respeto a los derechos humanos y los principios democráticos, que guían su política interior e internacional y constituyen un elemento esencial de este acuerdo". Por eso, el 10 de abril de 2002, en plena operación Rempart en Cisjordania, el Parlamento Europeo había reclamado, a una amplia mayoría, a la Comisión y al Consejo "la suspensión del acuerdo de asociación euro-mediterráneo UE-Israel". En vano...¿No es ya el momento de volver a esta medida, que le permitirá a la Unión Europea poner su actos de acuerdo con sus palabras, de apoyar la aplicación del derecho internacional y de desempeñar un papel activo en Oriente Próximo?
Notas:
(1) http://hrw.org/english/docs/2005/12 ...
(2) "The truth you don't hear", Al-Ahram Weekly , El Cairo, 1-7 diciembre 2005
(3) www.france-palestine.org/article286 ...
(4) Haaretz.com, 21 diciembre 2005
(5) Leer el excelente análisis de Roger Heacock "Les élections palestiniennes", Confluences Méditerranée, nº 55, automne 2005, L'Harmattan
(6) En diciembre de 2005, Gideon Ezra, ministro israelí de Seguridad Pública y el jefe de la policía israelí Moshe Maradi, han estado cuatro días en París por invitación de Nicolas Sarkozy, con el fin - según Haaretz - de aconsejar a la policía francesa sobre como manejar los métodos de gestión de las revueltas del tipo de las que se han conocido en los suburbios franceses...

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