Para cualquier ciudadano activamente comprometido con la actual sociedad asturiana, pero no inscrito como militante en cualquiera de las nóminas de los partidos que representan --legitimados por la Constitución de 1978-- la voluntad popular, el panorama preelectoral que se contempla, en este momento, es demasiado complejo; a veces, excesivamente confuso. Por un lado, se divida una apacible vega por la que fluye plácidamente el caudaloso río de los intereses socialdemócratas del PSOE (antiguamente, la izquierda obrera). Un poco más allá, una loma que se eleva tímidamente, pretende perfilarse como una nueva ondulación de la vega: es Izquierda Unida (IU), un levísimo vestigio que aún se conserva milagrosamente de aquella elevada meseta del antiguo Partido Comunista (PC); actualmente desaparecido de toda la cartografía de la política democrática.
En último término, levantándose al fondo del paisaje, recortándose sus crestas sobre un fondo de grises nubarrones, aparece la silueta violácea de una soberbia cordillera, que amuralla el espacio que se contempla en primer plano. A primera vista, este paisaje preelectoral se muestra como una estampa serenamente bucólica: en ella se diferencian muy bien sus distintos espacios físicos desde la plácida llanura verde de la vega; luego, la leve transgresión geológica de la dulce loma, rebelándose contra la monótona horizontalidad de la llanura y, por fin, el bronco contraste vertical de la cordillera con sus ásperos picachos, us repliegues pleistocénicos, y sus umbrosas cañadas...
Pero una cosa es la geología, y otra --muy diferente-- la ideología. Este paisaje descrito es, ante todo, ideológico. Por consiguiente, el ciudadano que lo quiera contemplar críticamente debe procurar distinguir nítidamente lo que son sus aspectos estéticos --lo primero que salta a la vista-- y lo que constituyen sus peculiaridades éticas; precisamente, lo que no se ve si no se profundiza (moralmente) en este paisaje. Es decir, hay que excavar en el sistema ecológico-político --vulgarmente llamado democracia-- para intentar comprender la realidad histórica y sociológica que habita en ese mundo con el que debemos estar comprometidos ética y estéticamente.
DECIR,a estas alturas, que el PP asturiano es funcional y sentimentalmente casquista , además de una obviedad es una perogrullada. Su aznarismo es simplemente un matiz genérico, un ramalazo estético y corporativista. En cambio, el casquismo es nada menos que su auténtica naturaleza genética. Don Francisco Alvarez-Cascos y Fernández es el líder indiscutible de la derecha asturiana que milita agremiada en el ruidosamente patriótico Partido Popular. Es su modelo estético y su molde ético. Si al PP asturiano se le ocurriera un (mal) día prescindir ( qué barbaridad!) del liderazgo espiritual del señor Alvarez-Cascos, para quedarse únicamente con el ramalazo aznarista, la derecha asturiana perdería tontamente el esencialismo ideológico que la nutre. El ex ministro de Fomento --a quien, según sus correligionarios, le debe esta región su presencia en el mapa de las carreteras nacionales--, es el haz y el envés del castizo pensamiento conservador en Asturias. Un pensamiento tan vigente hoy, como lo estuvo ayer: cuando don Alejandro Pidal y Mon pisaba las cabezas de los liberales asturianos, para hacer sidra con sus pies de apóstol , como decía Clarín...
Sus coristas acaban de sacar --otra vez-- al señor Cascos del armario, en donde lo guardan celosamente sus discípulos del PP. Al mismo tiempo, han comenzado a sonar las trompas de caza: anuncian el comienzo de otra nueva cacería. Para la derecha casquista , la caza mayor en su coto privado es una necesidad orgánica. Empezó a ponerla de moda el partido cuando al ex ministro de Fomento se le cruzaron los cables y decidió organizar una montería para cargarse al que entonces era presidente del Principado de Asturias: don Sergio Marqués. Entre los monteros de aquel lance --tan antiestético como antiético-- se distinguió el señor alcalde de Oviedo, cabeza visible hoy de los ojeadores que se han encargado de levantar la nueva pieza. Como se recordará, la caza del señor Marqués le reportó al PP la pérdida de la presidencia del ente autonómico.
NO SE SABEcon certeza cuál será la consecuencia capital de esta nueva cacería protagonizada por el PP en la sierra del paisaje preelectoral asturiano. Pero se supone que la pieza elegida por los monteros, que lidera don Gabino de Lorenzo --una versión rural del ex ministro de Fomento--, un político curtido en el Ayuntamiento de Oviedo --la ciudad estado de la autonomía asturiana, es el presidente del PP en Asturias, don Ovidio Sánchez. Hay quien dice que a los filósofos de este partido periférico les gusta provocar permanente crisis de representatividad, con la que minan la moral de la legitimidad jerárquica al mismo tiempo que convierten en un deporte cinegético sus maniobras para cargarse a sus propios compañeros de partido.
Hace unos cuantos años, el padre espiritual del partido --y maestro de Cascos-- decía que la vida pública, para ser fecunda, ha de moverse en una atmósfera de moderación, evitando los extremismos. (Teoría del centro . Conferencia de M. Fraga Iribarne. Barcelona, 1972). Sus correligionarios en Asturias no le hacen caso. Eso es los que demuestran con sus cacerías... Además de confundir groseramente, como decía Tuñón de Lara, "entre poder y simple dominación". Qué pasa en el PP asturiano...? Cazadores tiene el partido para explicarlo.

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