La así denominada cárcel Modelo de Barcelona, sita en plena calle Entença, es una de las vergüenzas de Barcelona que nadie parece en exceso dispuesto a cambiar. Con ella, debido al poso del tiempo, que acaba haciéndonos convivir como si tal con lo más horrible, hemos crecido. El resultado: forma parte ya no sólo del paisaje urbano de la ciudad, sino también de nuestro propio mapa espiritual.Cuando Goethe (quien fue tan buen escritor como de dudosa personalidad revolucionaria, más bien era un burgués del copón, y no se olvide que fue de los primeritos de ponerse en la cola para rendirle pleitesía al invasor Napoleón) dijo aquello de «Prefiero la injusticia al desorden», estaba creando la pauta de un nuevo pensamiento reaccionario. Y eso, precisamente eso me lo recuerda la cárcel Modelo todas y cada una de las veces que paso en auto frente a ella. Por lo general se ven hileras de familiares que aguardan turno para visitar a los presos, lo cual deprime todavía más.De hecho, me consta que mucha gente pasa al lado de la Modelo sin mirarla. No quieren ver, así de sencillo.
Debido a mi antigua militancia anarcosindicalista tengo la inveterada costumbre de releer libros dedicados al maquis y a la resistencia antifranquista. Hace días estaba leyendo sendas biografías dedicadas a José Luis Facerías y al Quico Sabaté, ambos abatidos a tiros por los esbirros del anterior régimen. Allí, entre esas páginas, iban saliéndome nombres y más nombres de bravos luchadores contra la tiranía que fueron ajusticiados en la susodicha cárcel Modelo.A la mayor parte de ellos les sometieron al ignominioso castigo que se conoce como garrote vil. El último fue Salvador Puig Antich, es en este caso asesinado legalmente, junto a la cabeza de turno que tuvo la mala fortuna de entrar en la remesa vengativa, el polaco Heiz Chez. Todo ello nos lo recuerda la cárcel Modelo, de la que me pregunto: ¿Modelo, de qué?
A lo sumo recuerdo de toda una época que habría que borrar de nuestro pasado, aunque manteniéndola viva en un rincón de la memoria. Otras prisiones llevan el nombre de las localidades en las que están ubicadas: Alcalá-Meco, Nanclares de Oca, etc.La Modelo no. Debería llamarse cárcel Escarmiento o algo así.Pero no Modelo. En Barcelona, por fortuna, han ido borrándose todos los vestigios del franquismo (a diferencia de otras comunidades como Andalucía, Galicia o Castilla), pero héte aquí que se han olvidado de suprimir el monumento por excelencia que nos devuelve una y otra vez al pasado represivo franquista, pues hasta en el tristemente célebre Campo de la Bota, donde se fusiló a mansalva en la posguerra civil, ya se ha edificado. Una cárcel en medio de cualquier ciudad es un insulto a la decencia, pero la Modelo lo es aún más. Ese es el antro del garrote vil, y alguien debería ponerse manos a la obra para conseguir que estuviese en las afueras de la urbe cambiándole el nombre. Mientras siga donde está quedará pendiente cortar el último tentáculo franquista.

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