La Unión Europea ha criticado a Irán por la puesta en marcha de su maquinaria nuclear a partir del proceso iniciado con el enriquecimiento de uranio.
Pero la Unión Europea ha callado ante las amenazas de Monsieur Chirac de utilizar armas nucleares contra países refugio de terroristas.
La Unión Europea, como toda la gente de bien, pone el grito en el cielo ante la violación de los derechos humanos... en casi todo el mundo. En Cuba, China, Turquía... Aunque posiblemente considere que la pena de muerte, al menos en EEUU, es un asunto interno. Al igual que lo fue para ese país los crímenes y la dictadura de Franco.
Hoy, la Unión Europea sabe de la denuncia e investigación iniciada por el Consejo de Europa (organismo no vinculante, ni vinculado a la UE, por desgracia), sobre la utilización de sus aeropuertos, por parte de la CIA, para trasladar a sospechosos de terrorismo a terceros países, donde se les puede forzar a declarar, saltándose a la torera todas las convenciones internacionales.
La Unión Europea conoce el informe mundial sobre derechos humanos de Human Rights Wath (HRW) que confirma la denuncia del diario The Washington Post y del Consejo de Europa sobre los trabajos de deslocalización de la CIA. Un informe que denuncia la «estrategia deliberada» de tortura y malos tratos de EEUU y que critica, además, a Gran Bretaña y Canadá, por su pasividad «por desviar a los sospechosos a gobiernos que posiblemente torturan, basándose en promesas de buenos tratos».
HRW, conocedora de esta Unión Europea que va poco más allá de su unión monetaria y que es incapaz de dotarse de una Constitución que marque los derechos y las obligaciones de sus estados miembros, critica que ésta subordine los derechos humanos en sus relaciones con unos aliados cuya lucha antiterrorista no conoce fronteras ni leyes internacionales.
La gravedad de las acusaciones ha mobilizado al Parlamento europeo que ya ha designado una comisión de 46 parlamentarios para su investigación. Toda una formalidad que, posiblemente, va a quedar tan sólo en eso. No vaya a ser que el aliado americano se mosquee más de la cuenta.
La Comisión está en marcha pero el Consejo de Europa ya se ha quejado de la falta de colaboración de los organismos oficiales.Esos que configuran la Europa que sigue callando.
La mejor muestra de ese silencio, de esa sumisión, fue la reacción a la visita de la secretaria de estado norteamericana Condoleezza Rice, el pasado diciembre. Rice venía a desmentir cualquier actuación fuera de la ley y a convencer a sus queridos aliados de las bondades de la lucha antiterrorista.
Y al parecer les convenció. ¿Recuerdan que alguno de los líderes europeos pusiera en entredicho los argumentos de Rice? Quizás la única que se hubiera atrevido a levantar la voz hubiera sido la democristiana Angela Merkel. Pero entonces, todavía no era la canciller de Alemania.
Europa calla y seguirá callando porque así se pactó. Así de claro lo dejó el ministro de AAEE británico Jack Straw a su homólogo belga Karel de Gutcht, cuando éste, al parecer, mostró su incomodidad con ese silencio pactado y Straw le contestó: «¿No dijiste que habías quedado satisfecho con las explicaciones después de la cena con Rice?».

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