No tengo mucha idea de arquitectura yo, pero sé que la nieve pesa. Hasta ahí llego. Si ustedes se dan una vuelta por los Tatras, al sur de Polonia, verán el curioso espectáculo de casas de madera pintadas de colores y rematadas en altos tejados puntiagudos. No es por imitar a las pagodas, sino porque los arquitectos de la zona, siguiendo una tradición ancestral, saben que la nieve resbala hacia abajo. Si haces un techo plano y empieza a nevar y a nevar, lo lógico es que el hielo se acumule y el techo se derrumbe. No hace falta estudiar muchas matemáticas para anticipar el colapso.
Yo no sé dónde estudiaría el genio que diseñó un pabellón de techo plano en Katowice, al pie de los Tatras, pero apuesto cien euros a que el tío admira a Lloyd Wright. No es casualidad que la mitad de las casas de Lloyd Wright, por bonitas que sean, se estén cayendo a pedazos.
No tengo mucha idea de ingeniería yo, pero sé que el agua moja. Los holandeses le arrebataron al Atlántico un buen cacho de tierra, pero el sistema de diques de los Países Bajos no tiene que hacer frente a los huracanes y temporales del Caribe. Por algo el barrio que mejor aguantó el embate del Katrina, es el más antiguo de Nueva Orleans, el que está construido por encima del nivel del mar. En esto los arquitectos estadounidenses deberían sentir la misma vergüenza que aquejó a sus colegas del país vecino, cuando el terremoto de México deshizo de un manotazo todas las estructuras de cemento y cristal del centro de la capital. Los edificios españoles, construidos en los tiempos de la Conquista, sufrieron grietas y daños considerables, pero aguantaron mejor.Los que no se movieron un pelo fueron los palacios aztecas, amasados en pura piedra.
Una de los secretos de los antiguos maestros estaba en dar con la mezcla de los pigmentos para que la pintura perdurase el mayor tiempo posible: décadas, siglos, milenios. Hoy se pintan cuadros con sustancias orgánicas, con huevos fritos, con mocos. Serán bonitos o feos, pero se pudren. Ahora, en vez de durar, la pintura huele.
No sé mucho de política yo, pero creo que la cosa, el edificio, el estado, la nación, lo que sea, debería estar hecha para durar y que no se nos vengan encima la nieve, el huracán, las intemperies de la Historia. Hasta ahí llego. Un techo autonómico puede soportar la presión hasta cierto punto. Demasiada nieve acumulada, demasiados derechos históricos encima y el edificio puede irse al carajo.Me da igual lo que sean España o Europa, pero me gustaría que perduraran. Más que nada, porque ahí fuera hace frío. Aunque para qué queremos que algo dure cuando lo que mola, lo moderno, es que los techos se derrumben, las ciudades se inunden y los pactos de estado no duren más de un mes. Y si a alguien le pilla dentro, que se joda. Por antiguo.

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