El otro día situé la línea Maginot en la Primera Guerra Mundial, cuando sus blocaos fueron levantados y burlados en la Segunda. Resulta fácil cometer un desliz. Pero cometerlo un día y en un detalle, pues ¿podría yo escribir una y otra vez que la Maginot perteneció a la guerra del 14 y defenderlo con énfasis? Entonces tendría que recibir tratamiento psiquiátrico, nadie me haría caso y este diario no daría cabida a mi disparateo. Bien: este supuesto constituye lo contrario a mucho de lo que pasa en torno al Estatut, donde son jaleadas enormes falacias sin que nada permita evitarlo. A mi Maginot replicó Javier del Arco con el Maginot real. Pero quienes cometen las falacias no sienten la menor presión ciudadana, ética, cultural, ideológica, ¿es que no se produce o que, existiendo, la desechan? Y siguen en sus trece y hasta creen que ganan la opinión general.
Así, cuando se lamenta que el Estatut que saldrá de Madrid no es el que aprobó el Parlament de Catalunya, no se formula una novedad sino que se repite lo que los diputados catalanes que lo votaron sabían y repetían sin cesar. Y apelar a que Zapatero había prometido respetar el texto que saliera del Parlament, resulta absurdo: cuando lo dijo estaba en la oposición, nadie en su sano juicio prometerá en serio algo parecido, ni un jefe de Gobierno puede cambiar a su antojo una Constitución. Luego, ¿cómo es posible que todos apretaran a CiU, en especial ERC, para que se sumara al Estatut que se pactaba en Madrid, para convertir ahora en una canallada el que Mas no sólo se haya agregado, sino que adquiera el mayor protagonismo?
Máxime sabiendo, como ya se difunde, que el entendimiento Zapatero-Mas se venía produciendo desde hace medio año y que no se trata de una improvisación... etcétera.
Hace meses que repito con otros que otro Estatut sólo podía ser promovido por Catalunya si se deseaba jugar limpio con los catalanes y en España, pues, si no, más valía retirarlo, ya que sólo abundaría en esta suma de frustraciones en que parece consistir la congelada naturaleza del catalanismo, como en efecto está ocurriendo. Además, este Estatut mejora el anterior como se preveía, siendo esto lo que en todo caso desea la mayoría de catalanes. ¿Medio catalanismo, pues, va contra Catalunya? Porque la gente está tan harta del PP en su peligroso absurdo y de bracete con los Tejero, como de quienes en casa en lugar de donar llum, donen fum.
¿O esas falacias no responden a un catalanismo, sino que blindan un localismo? Pero ojo: profesionalizado y que remunera bolsillos y vanidades. No convirtamos los chiringuitos en patrias, sólo son blocaos de otra Maginot.

Escribe un comentario