A la prensa francesa le llama la atención la proliferación del pandillismo adolescente y agresivo en Madrid, al parecer está demostrado que sus pirómanos de coches y guarderías tienen ya una mata de pelo considerable en los genitales. A la luz de recientes reportajes que leo en prestigiosos semanarios editados en París, grupos de imberbes baten impunemente nuestra ciudad, pero yo no dejo de sospechar que lo dicen porque a los niños ya no nos los trae la cigüeña de allí, que ahora vienen de Ecuador, Marruecos o Rumanía, y eso les da mucha rabia. Es sabido que una buena parte de la grandeur dependía de las domésticas españolas que tenían el suelo galo como una patena, pero que al final volvían a parir al lar, y así se alimentaba la fabulosa teoría sobre el origen de la vida, apenas desmentida con la masiva inmigración desde el Tercer Mundo hacia Europa de los tiempos recientes.También lo fueron sus más afamadas horizontales (sinónimo imaginativo de demi-mondaines que agradecemos al Alejandro Dumas tonto, es decir, hijo), como la Malibran o la Bella Otero, pero se ha demostrado que los grandes mitos sexuales son siempre frígidos y así lo aceptamos ufanos los que nunca los gozamos.
A pesar de que cada dos por tres algún catedrático se ve obligado a recordar que es la más antigua de Europa, España es nación que da culto a lo joven y nada de extraño tiene que en Euskadi o en la Comunidad Valenciana los colegiales se luzcan acosando hasta el suicidio a sus compañeros más timoratos o que en El Escorial se haya descubierto recientemente a una niña de quince años que actuaba como cabecilla de una banda de maleantes. A esa edad en Francia los más cualificados apenas son poetas geniales, como Rimbaud, aunque, con tres o cuatro años más, los geniales poetas como Rimbaud sean ya prestigiosos maleantes. Cada país tiene su idiosincrasia y no es de extrañar que tarde en cuajar esa supranación europea que Chirac está dispuesto a defender hasta con bombas nucleares y Maragall, Ibarretxe o Zapatero a cuestionar con más unidades de las previstas.
Con tan acrisolada personalidad como mostramos de siempre, no es extraño que los grandes viajeros franceses por España, caso Gautier, Hugo o Merimée, atravesaran los Pirineos a la búsqueda preconcebida de un exotismo que agrandaría su inmortalidad, y tampoco es extraño que vengan ahora a Madrid los reporteros de L'Express a alimentar un trabajo que han titulado Délinquance, delincuencia, reclamo llamativo sin duda para el afán periodístico, pero que se solía reservar para otras andanzas por Chicago o Tijuana. No es un dislate. Aquéllos encontraron la navaja en las ligas de Carmen y éstos han comprobado que ninguna niña hace aquí la primaria sin un cuchillo y un móvil en las braguitas, el primero para pinchar a la más empollona de la clase y el segundo para llamar a los amiguetes y enseñarles la lección, gracias al potencial audiovisual de las nuevas tecnologías. Por lo que respecta a los niños, los padres prefieren imaginarlos agobiados por la cantidad de libros que llevan en sus mochilas, cuando saben que esconden en ellas fusiles desmontables de mira telescópica.
¿Poetas?, ¿quemacoches?.. ¡Ni que fuéramos mariquitas!.. Mi pequeña sale con un latin king con vaqueros anchísimos y mi Antoñito con una iraní con chador negro que es una delicia. Su papá es investigador nuclear. Con sólo verlos, a mi se me cae la baba.

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