Crisis nacional y de la clase política, de Pablo Sebastián en Estrella Digital
La ausencia de un centro político, en el PSOE y el PP, y de dirigentes dotados de las más elementales convicciones democráticas está facilitando la crisis nacional —en la que se incluye un soterrado cambio de régimen y de Constitución y la violación constante del Estado de Derecho— en la que nos ha embarcado el irresponsable presidente Zapatero, que tiene desconcertado al líder del PP y de la oposición, Rajoy. Y ante la que parece indefensa, muda y en la mayor orfandad la sociedad civil, ahora abandonada de todos e incluso de los intelectuales, hoy ubicados en las respectivas escuderías mediáticas de los partidos e incapaces de dar un do de pecho por encima del ruido general.
El Estatuto que Zapatero les ha regalado, sin venir a cuento, a los nacionalistas catalanes y en contra del interés general de España sigue causando destrozos irreparables en la crisis nacional abierta, donde la clase política del PSOE y del PP y su entorno mediático y financiero están dando la talla de su incapacidad para abordar con rigor la gravedad de la situación y promover iniciativas que permitan encontrar una salida al conflicto, si es que queda alguna que no sea la de frenar en seco el Estatuto, por mucho que se enfaden los nacionalistas o estalle el Gobierno catalán antes de que lo haga el Gobierno español y se produzca en toda España un terremoto de mayor cuantía.
Porque a medida que se va conociendo el texto secreto del Estatuto catalán progresa la indignación nacional, mientras los eufóricos nacionalistas festejan su éxito con mayores desafíos y disparates. Pujol afirmando que esto es un primer paso hacia una conquista superior, la independencia; Ibarretxe convencido de tener expedito el camino —con la ayuda de ETA— para conseguir el Estado asociado, y Mas y Carod emulando a los payasos de las bofetadas en la pista central del gran circo catalán, por donde deambula denostado por todos, incluso por Zapatero y su partido, Maragall.
El ruido de sables, que debe ser mayor del que dice el pintoresco ministro de Defensa, José Bono, traidor a la España que pregonaba y que ahora afirma que los militares no deberán aprender catalán, ¿y el resto de los españoles sí? (otra inconstitucionalidad), y el galopante deterioro en los sondeos electorales de Zapatero, su Gobierno y del PSOE —el último de El País suspende al presidente, da un empate al PSOE y al PP y exhibe la protesta nacional contra el Estatuto— son las amenazas exhibidas dentro del PSOE para callar a los barones disidentes del partido. Los que se están tragando todo un documento inconstitucional e insolidario, de derechas e involucionista en las libertades y derechos democráticos, por miedo a que de alguna manera estalle la situación, o caigan en picado en las próximas elecciones.
Algo que, por el momento, es difícil de imaginar ante la escasez de liderazgo, firmeza y claridad de las posiciones de un PP en el desconcierto que, en vez de defender el interés general y no sólo la ideología de su partido, gira hacia la derecha más conservadora con errores de bulto y contradicciones de gran calado, como los que han protagonizado los dirigentes Elorriaga —por “amparar” la declaración del teniente general Mena— o la de Piqué elogiando el Estatuto al margen de la dirección de su partido y del sentido común. Sin olvidar el protagonismo desmedido de las estrellas del 11M y de la guerra de Iraq, Zaplana y Acebes, amparando el regreso de los fantasmas Aznar y Fraga, que son los que abrirán la convención del PP del mes de marzo, para que Rajoy quede eclipsado y la batalla del Estatuto se reduzca a una pelea entre posiciones extremas del PP y del PSOE más los nacionalistas.
Dejando, unos y otros, en el mayor desamparo al conjunto de la sociedad y en silencio a las posiciones más democráticas del PSOE y del PP ante la ausencia de un partido de centro y la incapacidad de rebelión de dirigentes más razonables de ambas formaciones, que permanecen mudos ante los disparates de sus respectivos jefes. Aunque a sabiendas todo el mundo de que la mayor y determinante responsabilidad cae del lado del presidente Zapatero, autor de todo el desbarajuste nacional. El que avanza como puede y sin saber a dónde va y el que en una reciente entrevista hizo gala de su propio desconcierto y de una colección de mentiras impropia de cualquier dirigente democrático, que no recibió respuesta alguna por parte de la oposición.
Y quien habla de la clase política lo mismo puede hacer de los medios de comunicación afines a uno y otro partido —El Mundo creando toda clase de intrigas en el PP, El País ocultando la gravedad y el alcance del desafío estatutario y ABC acercándose con sigilo al nacionalismo catalán—, así como las grandes empresas y sectores financieros cuyos primeros gestores se escandalizan en privado de la crisis pero sin perder la oportunidad de sacar provecho de la misma ofreciendo su apoyo al mismo Gobierno que denostan en privado.
Hacia dónde va España? Nadie lo sabe, ni el presidente Zapatero, ni el líder del PP, ni los más influyentes sectores de la sociedad. Y eso que ya tenemos un cosa muy clara: el Estado de Derecho ha dejado de funcionar, en Cataluña y en el País Vasco, por decisión del Gobierno del PSOE, digan lo que digan ciertos jueces, tribunales de la competencia, el Consejo General del Poder Judicial o el Consejo de Estado, en espera de la última palabra del Tribunal Constitucional, muy lento y convertido en campo de batalla de las intrigas y las influencias de los partidos, mientras la Corona, ausente del debate, mira al cielo a ver si deja de nevar.

Galego dijo
http://www.generacionxxi.com/dark_rub.htm
31 Enero 2006 | 02:20 PM