La Coctelera

Caffè Reggio

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30 Enero 2006

A dos años vista de las generales, la renovación del PP sigue empantanada ¿Quo vadis, Mariano?, de Jesús Cacho en El Confidencial

Aunque los mentores del proceso que lidera Rodríguez Zapatero y apadrina en la sombra el todopoderoso Grupo Prisa se limiten, de momento, a hablar de una inofensiva “España plural”, término con el que una amplia mayoría de españoles podría estar de acuerdo, la cruda realidad es que nos encontramos ante una grave crisis de la Monarquía restaurada en 1975 a la muerte de Franco, una crisis que los más pesimistas califican de terminal.

La fórmula de Estado Libre Asociado planteada en su día por el Gobierno Ibarratxe fue rechazada de forma abrumadora por el Congreso de los Diputados; la propuesta de nuevo Estatuto catalán realizada por el cuatripartito ha tenido, en cambio, mejor suerte, ya que ha contado con la sorprendente aquiescencia del Gobierno del PSOE, convertido Zapatero en jefe del equipo que lidera la operación derribo de la Constitución del 78. Los acuerdos de la transición han quedado rotos, y resulta difícil aventurar cómo terminará el proceso, aunque es difícil imaginar que vaya a hacerlo bien.

Salvando todas las distancias, el ataque al Estado propiciado por una clase política alejada de los intereses de los ciudadanos ha puesto a España en el umbral de una crisis parecida a la que sufrió Francia a finales de los años 50 del siglo pasado, con el hundimiento de la IV República a cuenta de la independencia de Argelia. Aquí son los nacionalistas, el sector más mimado por el Régimen surgido a la muerte de Franco, los dinamiteros del sistema, si bien con la inestimable ayuda del partido socialista, prueba evidente de que la mayoría de los regímenes políticos, como los viejos imperios, suelen quebrar más por querellas, traiciones o descomposición interna que por la acción de fuerzas exteriores a los mismos.

Y, en frente, el Partido Popular, teórico representante del 40% de la población, si no más, víctima aparente de sus propias dudas y cavilaciones. Yo no voy a decirle a Rajoy lo que tiene que hacer en momentos tan importantes para la paz y el bienestar colectivo como el presente. Eso se lo dejo al amigo Pedrojota, todo un maestro en las artes del consejo político. Lo que sí quiero es dejar constancia de que, haga el PP lo que estime oportuno con sus denuncias, su referéndum o sus enmiendas al Estatuto, la iniciativa capital, a mi modesto entender, de cara a unas elecciones generales para las que seguramente queda ya menos de dos años, cual es la renovación del partido, sigue empantanada y, lo que es peor, con síntomas claros de retroceso.

Porque, al final, no hay mejor referéndum que el de las urnas; no conozco mejor forma de arreglar el estropicio que el compañero Rodríguez (“lo peor”, me cuenta un amigo socialista, “es que está convencido de lo que hace”) parece decidido a perpetrar, que enviarlo democráticamente a su casa. Pero para que un amplio espectro de españoles que acabó horrorizado con la segunda legislatura de Aznar se muestre de nuevo dispuesto a votar PP, Rajoy debería hacer lo que hasta ahora no ha hecho, no se sabe bien si por pereza, por miedo o porque no puede, razón por la cual el PP no termina de despegar en las encuestas, a pesar de los desastres del zapatero prodigioso.

No es posible que esa buena persona que a todas luces es Ángel Acebes siga siendo la cara que diariamente aparece en las televisiones representando al PP, porque esa es la cara de la derrota, el rostro del 11-M, la efigie gastada de un experimento que el señor Aznar arruinó con su soberbia. No es posible que se ande diciendo que ahora es Mayor Oreja el que está a punto de saltar, para afearle a Rajoy su blandura en el caso Piqué. No es posible, en fin, que el propio Rajoy haya encargado a José María Aznar la redacción del discurso inaugural de la próxima Convención Nacional del partido, porque eso es meter al zorro de la derecha dura en el gallinero de un partido obligado a cambiar mensajes y personas si quiere regresar al poder.

El PP necesita encontrar cuanto antes a sus David Cameron y George Osborne. “Cada vez que se celebran elecciones hay un partido que representa el pasado y pierde, y otro que encarna el futuro y gana”. La frase es de Osborne, 34 años, responsable de Economía del Partido Conservador británico. Con todos mis respetos, ya está bien de Acebes y Orejas. Ya está bien de Aragoneses y otras especies que pertenecieron al entorno más cercano a Aznar. Casi toda la plana mayor del PP en la oposición han sido ministros o altos cargos. Fue bello mientras duró, pero ha llegado la hora de que la mayoría se vaya a su casa, se busque otro empleo y deje paso a nuevas generaciones, nuevas ideas y nuevas formas de hacer política. Porque, en caso contrario, el PP y Rajoy seguirán en la oposición per omnia saecula saeculorum. Y ello por muchas y muy grandes que sean las fechorías que cometa el señor Zapatero.

jcacho@elconfidencial.com

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