QUIZÁS como elemento residual del Spain is different algunos abrigaron la esperanza de que España se vería libre de los problemas que hace un par de semanas sufrieron Alemania y otros países del Norte y Este de Europa, provocados a consecuencia del drástico recorte del suministro de gas natural ruso. Con tópica visión aldeana, algunos políticos nacionales se apresuraron a transmitir mensajes tranquilizadores: como España no importa gas ruso sino argelino, estamos resguardados de cualquier emergencia inducida por nuevas disputas entre Rusia y Ucrania. El mensaje consiguió el efecto contrario al deseado y provocó intranquilidad al advertir que las autoridades energéticas no parecían ser conscientes del problema.
Desde esta perspectiva, el anuncio de que la nueva política boliviana había reducido las reservas de gas natural de Repsol, sin perder su carácter esencialmente negativo, también alimenta la esperanza de que, al fin, todos seamos conscientes de que el energético es sector de procesos globales y ningún país podría considerarse a salvo si llegara a alterarse el presente y precario equilibrio mundial. De momento, cuatro amenazas resultan evidentes hasta para el más iletrado: 1) la utilización, por parte de Rusia, del petróleo y gas como elemento de presión para que las antiguas repúblicas soviéticas no se distancien de Moscú; 2) el hipernacionalismo emergente en países sudamericanos -Bolivia, Venezuela y Argentina- que provocará restricciones de sus respectivas producciones; 3) el manejo de su petróleo es la mejor baza de Irán frente a eventuales sanciones económicas articuladas como respuesta a su programa nuclear; y 4) la consolidación de China e India como grandes consumidores capaces de, por sí solos, alterar el mercado mundial.
Dado este escenario, como cualquier pronóstico es posible, ninguno resulta fiable. Quizás la única seguridad estriba en que el petróleo no bajará de precio, aunque nadie sabe hasta cuánto puede subir. El cálculo resulta de vital importancia para todas las economías, pero singularmente para aquellas que no cuentan con suficiente producción energética propia, como es el caso del Reino de España o el de Alemania. En este punto los dos países resultan iguales en sus carencias, pero diferentes en sus respuestas a las mismas: el miércoles pasado, la canciller alemana, Angela Merkel, en su intervención en el la reunión del World Economic Forum de Davos emplazó a la Unión Europea a abrir un debate sobre las alternativas al petróleo y al gas. No mencionó la nefanda palabra, pero todo el mundo entendió que se refería a la energía nuclear. El melón está en la mesa y Merkel parece dispuesta a abrirlo.

Escribe un comentario