Sin duda es sorprendente que la chompa de Evo Morales haya generado tanto impacto durante su reciente visita a España, desplazando incluso otras reflexiones sobre su victoria electoral. Aun desconociendo la intencionalidad del presidente Morales, los rendimientos están a la vista. La humanidad de la chompa no sólo constituye una fórmula para promocionar la alpaca andina, sino que sirve para marcar una distinción, frente a políticos tradicionales y militares populistas, en una América Latina con muchas contradicciones aún por resolver, y contribuye a definir un nuevo perfil de los gobernantes latinoamericanos.
Sin embargo, esperemos que estas contradicciones no se resuelvan a la manera mesiánica, con la aparición de un salvador que algunas tradiciones andinas vinculaban con el mito del Inkarri. Asu modo, Morales ha tranquilizado a las grandes empresas inversoras, definiendo unas reglas algo distintas, pero posiblemente aceptables para la comunidad económica internacional. No obstante, sus declaraciones iniciales no han sido tan claras por lo que respecta a los grandes principios políticos. La defensa de las instituciones democráticas, y la aspiración a su mejora, ha sido menos clara, y las referencias a Cuba, poco alentadoras. Si, además, tenemos en cuenta las tensiones institucionales en Bolivia durante este último año, que facilitaron la llegada al poder de Morales, la preocupación aumenta.
Debemos recordar la fragilidad del Estado boliviano. Su construcción fue un proceso lento, y sólo en las últimas décadas, con la continuidad del régimen democrático, éste ha tenido una presencia efectiva en todo el territorio. La democracia ha ido asentándose, incluso en la vida política local, como un principio básico para dilucidar los dilemas del país, que nadie podía saltarse. Así, la victoria de Morales constituye también un resultado de esta dinámica. Habrá que ver, de todos modos, cómo se gestiona el juego democrático, y en particular cómo se articula una comunidad política de carácter multicultural en el país. Sin duda, se trata de un reto importante de la izquierda latinoamericana, para huir de las tentaciones a forjar populismos identitarios.
OTRA CUESTIÓN CENTRAL DE esta izquierda latinoamericana que representa Morales es su intenso antiamericanismo. La gran influencia, a lo largo del siglo XX, del modelo de vida norteamericano sobre las elites de su país - como en otros países de la región- incide en los imaginarios sociales e impacta sobre las profundas desigualdades existentes. Las relaciones comerciales, culturales, educativas, etcétera, de estas elites con EE. UU. son muy elevadas, y vehiculan todo tipo de influencias. En este sentido, es significativo que la gira mundial de Evo Morales, antes de asumir la presidencia, haya dejado de lado claramente a EE. UU. y otros países anglosajones. Sin duda, una política antiimperialista al viejo estilo puede contribuir a consolidar coaliciones que aún son bastante frágiles, pero habrá que esperar algún tiempo para ver cómo se configura realmente la política exterior de Bolivia en esta nueva etapa. No está nada claro hasta qué punto Bolivia puede hacer una política exterior al margen de EE. UU.
El tema de la energía va a centrar la política exterior de Bolivia en los próximos años. La estrategia anunciada parece bastante plausible como punto de partida. Se trata de vender la mayor parte de su producción de gas a los países vecinos, Brasil, Argentina, y muy especialmente a Chile, con el objeto de ajustar costes para ambas partes, reducir la incertidumbre sobre el aprovisionamiento energético, y facilitar la resolución de los conflictos históricos en la zona, aumentando la confianza entre la vecindad. Para ello, el nuevo Gobierno necesitará disponer de una cierta capacidad de dirección de su política energética, lo que está planteando claramente ya desde el primer momento. Sin embargo, la tentación de configurar un Estado rentista, que distribuya de forma populista los beneficios de sus recursos naturales, puede limitar esta capacidad estratégica, y consolidar una dinámica social que estimule aspectos - como la corrupción- menos atractivos de la sociedad boliviana.
Uno de los temas más complejos que resolver será la salida al mar de Bolivia. Hasta finales del siglo XIX Bolivia disponía de costa y el país perdió parte de su territorio en una guerra con Chile, originada por disputas sobre el control de recursos naturales muy apreciados entonces en los mercados internacionales (guano, salitre). Una alianza secreta con Perú no fue suficiente para proteger su integridad territorial en aquellos momentos. Actualmente, el tema vuelve a resurgir con fuerza. Desde Bolivia se plantea tierra por gas,como componente clave de un posible acuerdo que traiga estabilidad a largo plazo a ambos vecinos. Si bien es verdad que la antigua costa de Bolivia ya no tiene el interés, en términos de recursos naturales, que tenía en el siglo XIX, cuando fue ocupada por Chile, también es cierto que las identidades territoriales fraguadas a lo largo del tiempo hacen muy difícil para cualquier gobernante realizar cesiones de soberanía territorial. Sin duda va a ser un proceso de negociación largo y difícil, en el que distintas visiones de la izquierda latinoamericana deberán encontrar elementos de convergencia.
EVO MORALES ES UN REFERENTE de una nueva izquierda latinoamericana. Una nueva izquierda que atrae a los desesperados, una nueva izquierda fruto de la desaparición de las clases medias y de la profundización de las desigualdades sociales en la región. Una nueva izquierda que adquiere poder con la democracia pero que no confía mucho en ésta, y plantea la alternativa de la participación popular, como un nuevo mantra que encubre lo mejor y lo peor de la vida colectiva. En fin, una nueva izquierda con esperanza, pero con mucho aún que madurar y aprender. Su evolución futura es todavía una incógnita, pero en cualquier caso, sus estrategias van a dejar una clara marca en la región latinoamericana en los próximos años.
JACINT JORDANA, profesor de Ciencia Política en la Universitat Pompeu Fabra y director del Institut Barcelona d´Estudis Internacionals.

Escribe un comentario