Hay que darse prisa. En un momento mundial de perspectivas impredecibles, Europa no puede permanecer en estado paralítico. Hay que dar tiempo al tiempo, sostienen los responsables de la Comisión. En Francia, aún no repuestos del fracasado referéndum, aducen hallarse en año de introspección. El ex premier belga pide nada menos que un plazo quinquenal para ver las cosas más claras. Pero Angela Merkel, de acuerdo con sus nuevos aliados socialdemócratas, no pierde ripio y enarbola la bandera de la UE en sus viajes al exterior.
Mientras, Joschka Fischer, ex ministro alemán, aprovecha en Barcelona la tribuna del Cidob para dar un toque de alerta y reclamar, a la vera de Javier Solana, una inmediata aceleración del proyecto europeo. No habla en el desierto, pues encuentra eco en Narcís Serra y en Joan Clos. El alcalde de Barcelona está de acuerdo en que, hoy, el primer paso a dar es imprimir velocidad a los planes previstos.
"Speedy", según reiteró Clos en debate con la vicepresidenta de la Comisión Europea. Pues bien, ese ritmo rápido es el que debe adoptarse en Catalunya, principal cabeza de puente española hacia la unión continental. Aquí, desde uno de los países más europeístas, más preparados mentalmente y equipados en recursos humanos dispuestos a impulsar la Europa democrática.
No se olvide que los catalanes han estado presentes desde la fundación de la LECE y del movimiento europeo. Y que, una vez integrados en el Mercado Común, han dado continuas pruebas de cooperación, en Bruselas, Estrasburgo y Luxemburgo, tanto bajo la presidencia de la Generalitat como de la alcaldía de Barcelona. Con Pujol, iniciador de los Cuatro Motores de Europa, y Maragall, que preside el comité de poderes locales y regionales, y ambos en la puesta en marcha, con sus respectivos equipos, en la política transfronteriza.
Éste es el gran momento de movilizarse y apretar el acelerador. Barcelona y su complejo económico, industrial y social, es el polo principal en el sur de Europa. Cuenta con una serie de instituciones, unas esferas universitarias y empresariales, una red de profesionales con excelentes especialistas y valores individuales de categoría, políglotas conectados a escala mundial.
Reconocida la sobresaliente personalidad de este viejo e histórico territorio en el mapa autonómico español, hacia un horizonte federativo, a la alemana o a lo helvético, el reloj catalán está marcando la hora de Europa. Una Europa democrática y unida, de ciudadanos libres, opuestos a las dictaduras. Lleva las garantías de una abrumadora mayoría parlamentaria, con Maragall al frente de una coalición gubernamental mayoritaria, y con Mas de líder de la oposición; de una hacienda y unas estratégicas obras públicas gestionadas con rigor por Toni Castells y Quim Nadal. Y con el apoyo del Gobierno de Zapatero, firme defensor del proyecto catalán hasta los límites que permite la Constitución. Ésta es la hora.

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