El teléfono móvil de Mariano Rajoy vibró a primera hora de la mañana del domingo 22 de enero. Era Josep Piqué: “Tenemos que hablar del acuerdo al que llegaron ayer Zapatero y Mas”. Rajoy también quería conocer la opinión de su ‘hombre’ en Cataluña. El día anterior, por la noche, y sin que nadie se lo esperara, el presidente Zapatero cerraba un acuerdo con el líder de CiU, Artur Mas, en el transcurso de un encentro secreto en La Moncloa. A esas horas de la mañana del domingo, ni Piqué, ni Rajoy, ni prácticamente nadie, podía adivinar de qué se había hablado entre cigarro y cigarro en el despacho de Zapatero.
“Nos conviene hacer un discurso alambicado, criticar la forma, no el fondo, hasta saber en que consiste el acuerdo”, le dijo Piqué al líder de los ‘populares’. “Me parece bien, habla con Soraya”, contestó el líder del PP. Ni corto ni perezoso, el ex ministro marcó el móvil de la secretaria de política autonómica del PP, Soraya Sáenz de Santamaría. A tres bandas, Piqué, Rajoy y Sáenz de Santamaría ‘arreglaron’ una rueda de prensa de esta última en la sede de Génova 13 en la que el PP atacó sin piedad el “oscurantismo” que dio lugar al acuerdo. Para una reflexión más profunda sobre lo acordado aquella noche en Moncloa, decidieron esperar a tener más información.
El día, sin embargo, se iba torciendo para los ‘populares’ a medida que crecía la sensación de que el pacto Zapatero-Mas podía tener una enorme repercusión mediática y gozar de carta de naturaleza, lo que puso nervioso a más de un miembro de la Dirección, entre ellos al portavoz parlamentario, Eduardo Zaplana. Este llamó a medio día a Rajoy para transmitirle su sensación de que había que tomar la iniciativa, y que eso sólo podía hacerse desde un discurso mucho más contundente. Rajoy aceptó la insinuación de Zaplana y se avino a que éste hiciera unas declaraciones más duras, después de que Mas desvelara parte del contenido del acuerdo que, a los ojos de los llamados halcones del PP, era más de lo mismo.
“Se pasó de frenada”, dicen en el entorno de Piqué. La realidad es que el discurso de Zaplana no difirió mucho –nada- del que dos días más tarde protagonizara el propio Rajoy, pero a los oídos de las palomas cualquier frase salida de los labios de Acebes y Zaplana suena peor que si la dice el líder ‘popular’. El caso es que la contundencia de Zaplana esa tarde del domingo sirvió para abrir la vía de agua, una vía que había quedado mal tapada tras las desafortunadas palabras de Piqué el pasado mes de julio, en las que afirmó que Acebes y Zaplana eran “el pasado”. Las declaraciones del portavoz parlamentario echaban por tierra el acuerdo de Piqué con Rajoy de que, para hablar, había que esperar a conocer mejor el contenido del acuerdo.
‘Maitines’ tormentosos
El domingo por la noche Piqué viajó a Madrid. Le esperaban los maitines del lunes por la mañana. Esa noche casi no habló con nadie, salvo con sus colaboradores y con el portavoz del PP en el Parlament, Francesc Vendrell, quien a primera hora de la mañana del lunes calentaba el ambiente con unas declaraciones a una emisora catalana en las que afirmaba que había puntos de aproximación entre el acuerdo de Zapatero y Mas y la propuesta del PP. Los maitines no podían empezar peor. Piqué llegó y los rostros de sus compañeros no eran, precisamente, como para dar saltos de alegría. Rajoy abrió la reunión y pidió a sus compañeros que se expresaran. Acebes, Zaplana, Mayor Oreja, Aragonés... Todos ellos fueron subiendo el tono de la crítica hacia el pacto nocturno. Hubo palabras duras, muy duras. Piqué callaba.
Alberto Ruiz-Gallardón intervino para pedir la opinión del líder del PP catalán. Piqué se limitó a recordar a Rajoy que “ya sabes lo que pienso, creo que debemos moderar el discurso”, y recordar que ya en la reunión de Toledo “dije que esto podía pasar, y que teníamos que tenerlo en cuenta”. En aquella reunión, Piqué también pidió margen, autonomía, para poder explicar algunas cosas en su ‘territorio’, y entonces no le pusieron objeciones. Pero nadie esperaba que Zapatero cambiara de partenaire en plena noche y poniéndole unos cuernos como montañas a Carod Rovira. Lo que tampoco esperaban es que lo que no dijo Piqué en los maitines, lo dijera después en unas declaraciones a los medios de comunicación, coincidiendo con las afirmaciones de Vendrell, aunque algo más matizadas.
A esas alturas de la mañana, el ánimo de Piqué ya flaqueaba: “Empezaba a madurar mi decisión de dimitir y cada vez se hacía más fuerte”. Una decisión que tomó cuerpo definitivamente después de la reunión del Comité de Dirección. El secretario general, Ángel Acebes, comparecía en rueda de prensa y, obviamente, la primera pregunta tenía como objetivo las declaraciones de Piqué y Vendrell. “El que difiera de la posición del partido, que es la que acabo de expresar, se equivoca”. Y la posición del partido que había expresado Acebes coincidía, al cien por cien, con la expresada el día anterior por Zaplana: el Estatuto es inconstitucional y ataca frontalmente al concepto de nación española, además de ser insolidario e intervencionista. No hay lugar a la negociación.
Piqué se viene abajo. “Era una desautorización en toda regla, y yo no estaba dispuesto a seguir haciendo daño al partido y a Mariano”. Toma su decisión y llama al líder del PP: “Mariano, tenemos que hablar”. Rajoy contesta: “Espérate a mañana, ya sé lo que me quieres decir, pero tómatelo con calma”, y quedaron para el martes por la tarde. Rajoy, sin embargo, le pidió un favor a Piqué: “Mañana ven al desayuno en el Hotel Ritz”. Una aparición en público muy costosa para el líder del PP catalán, que sabía que también acudirían al acto Acebes y Zaplana. Piqué desapareció esa tarde de la circulación y se retiró a reflexionar sobre su futuro.
Desayuno con ‘dos huevos’
Entre los periodistas que comenzaban a llenar el Salón Europa del Hotel Ritz corrían las apuestas sobre si Piqué haría o no acto de presencia. Llegó casi al mismo tiempo que Acebes, en medio de una nube de cámaras y flashes, como si de una diva del espectáculo se tratara. “Es que es un poco divo”, reconocía esa mañana un diputado del PP al que le parecía que el escándalo sobrepasaba los límites de la decencia informativa: “Si en el PSOE conviven Ibarra y Maragall, ¿por qué no pueden convivir en el PP Piqué y Acebes?”. Una pregunta muy reiterada estos días y de difícil respuesta. El caso es que la expectación era enorme, y Rajoy no defraudó ni a la galería ni al público en general. Delante de Piqué enarboló un discurso duro y de palabras firmes, anunció la petición de referéndum, y esperó a las preguntas para dar público respaldo al líder del PP catalán: “Tiene todo mi apoyo, es lo que el PP necesita para Cataluña”. Rajoy creía que sería suficiente, que no haría falta más. En el fondo, le había sacado los colores a Acebes delante de cientos de personas, y el secretario general agachaba la cabeza por el bien del partido. Sin embargo, había un factor que enturbiaba aún más la situación.
Piqué había acudido al acto de Rajoy después de ‘desayunarse’ una portada de La Vanguardia con un titular a cuatro columnas que decía: “Los ‘halcones’ del PP exigen que Piqué acate la disciplina o dimita”. Lo peor no era que el diario catalán publicara esa información, sino que a Piqué le llega la especie de que la fuente de la misma era Ángel Acebes. “Si hubiera sido Zaplana, habría tenido menos importancia”, dicen en el entorno del líder catalán. Pero Acebes... El secretario general no hace nada sin el consentimiento de Rajoy, o eso creía Piqué. De ahí que esa misma mañana el político catalán cometiera el que puede ser el mayor error de su vida política: filtrar su dimisión irrevocable.
Lo hizo en este mismo diario, que adelantó en exclusiva la noticia. Al mediodía, y después de una conversación en la que quedaba claro que la intención de Piqué era dimitir sin ninguna clase de posibilidad de marcha atrás, El Confidencial anunció el abandono de Piqué. En seguida se suman las emisoras de radio y las agencias, y el resto de medios digitales. Ya estaba. Piqué dimitía. Y a Rajoy le subía el calor a la cabeza como una olla a presión. “En aquel momento, estuvo a punto de mandarle a la mierda”, dice un colaborador muy cercano al líder del PP. “Pero Rajoy nunca actúa en caliente, y se limitó a pedir consejo”. Eso fue lo que hizo, reunirse con su gente más próxima, los mismos que le aconsejaron atemperar la situación y dar tiempo al tiempo. ¿Dónde reunirse? El móvil de Piqué recibía un mensaje: “En mi casa, a las seis”.
A esa hora, el chófer de Piqué preguntaba a uno de sus colaboradores: “¿Dónde está esta maldita urbanización”. Para quien está acostumbrado a moverse por las calles perfectamente diseñadas de Barcelona, Aravaca puede ser un laberinto. Piqué llegó como quince minutos tarde y Rajoy ya le esperaba en su domicilio particular. Se sentaron en el sofá del salón. Piqué estaba nervioso, porque no sabía si debía plantear su dimisión desde el primer momento. “Estaba decidido a dimitir, no quería hacer más daño al partido y a Mariano”, nos diría un día después. Pero en la soledad del domicilio de Rajoy, sin cámaras, sin periodistas, las cosas empezaban a verse de otra manera.
“¡A mí no me vuelvas a hacer esto!”
Piqué tenía claro que mejor no presentaba nada. Rajoy estaba enfadado, considerablemente enfadado. Lo que sí hizo fue volver a exponer su razón: “No quiero hacer más daño al partido, y si mi discurso no coincide con el oficial, estoy haciendo daño al partido”. Piqué recordó a Rajoy que Aznar le puso al frente del PP catalán con el objetivo de ‘centrarlo’, y que eso exige autonomía por su parte y margen de maniobra. Piqué hablaba, Rajoy escuchaba, hasta que el líder del PP rompió su silencio.
“¡A mí no me vuelvas a hacer esto!”, tronó. “Aquí dimite quien yo diga que dimite, y tu no dimites”. Aclarada la situación, la reunión siguió por derroteros bastante tensos. Piqué intentó justificar su postura, pero Rajoy dejó claro que la suya era oponerse al Estatuto porque tenía muy claro que el acuerdo de Zapatero y Mas no había cambiado prácticamente nada de lo que había llegado al Congreso desde el Parlamento Catalán. Con todo, y a partir de ese momento, conscientes ambos de que “la crisis se había cerrado en falso, que esto puede volver a pasar en cualquier momento”, Rajoy y Piqué se pusieron manos a la obra para hablar de estrategias, estrategias que pasaban por el discurso de Rajoy. “Mañana quiero que estés en la reunión con los barones regionales”.
En efecto, Piqué acudió a la cumbre y respaldó, esta vez sí, la postura oficial. Rajoy era –es- plenamente consciente de que la crisis había hecho un daño considerable a la imagen del partido, y a la suya propia. De ahí que necesitara una nueva comparecencia ante los medios, por dos razones. La primera, para reiterar los mensajes que había lanzado en el desayuno organizado por el Foro Nueva Economía, mensajes que habían quedado oscurecidos por el amago de cisma en su partido. La segunda, para zanjar el asunto en el escaparate mediático. Habían pasado las 48 horas más tensas de su reciente vida política como líder de la oposición. Cuarenta y ocho horas en las que habían temblado los cimientos de su partido. Había enderezado la situación, pero ¿la había resuelto?
“El sabe que no”, dicen fuentes próximas al líder ‘popular’. “Pero en ese momento no podía hacer otra cosa que no fuera mantener a cada uno en su puesto, y el primero a Piqué”, añaden. La crisis puede volver a saltar cuando menos se lo espere. Las relaciones entre Piqué, Acebes y Zaplana son, ahora más que nunca, un verdadero desastre. Y, sin embargo, Rajoy sabe que necesita del discurso moderado de Piqué para evitar que desde el PSOE se siga haciendo daño con el mensaje de que el PP está en la extrema derecha. El de Piqué o el de alguien como Piqué, y quizás esa pueda ser la solución a sus problemas.

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