La Coctelera

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28 Enero 2006

La coherencia de las mentes pequeñas, de Lourdes Martín Salgado en El Mundo

...«La posición del PP es la que yo acabo de decir de manera absolutamente inequívoca y no es otra. Si alguien ha hecho declaraciones que se contradigan con éstas se ha equivocado»... - Angel Acebes sale al paso de las declaraciones de Piqué (23/01/2006).

Nuestra pretensión de ser coherentes nos persigue. Todos queremos percibir que nuestras opiniones y nuestras actitudes encajan entre sí. Tanto, que estamos dispuestos a modificar unas y otras levemente a fin de acomodar lo que percibimos como incongruente, a exponernos selectivamente a los medios que nos dan la razón o a interpretar el mundo según nuestros esquemas previos. Somos, en suma, y casi sin advertirlo, constantes víctimas de la disonancia cognitiva. Este concepto fue formulado por el psicólogo Leon Festinger en 1957, pero lo llevamos en los genes desde el comienzo de la Humanidad. Ya en el siglo VII a. C., Esopo lo describe en una de sus fábulas, aquélla en la que una zorra, viendo unos hermosos racimos de uvas maduras por encima de su cabeza, salta y salta para conseguirlos, y sólo cuando ve que no puede alcanzarlos, se consuela pensando que la fruta seguramente estaría amarga.La zorra interpreta selectivamente. Sin este sistema de defensa para asimilar contradicciones y fracasos nos volveríamos locos, o peor, estúpidos.
Pues bien, si las personas tenemos ese impulso hacia la coherencia, los partidos no son menos. Funcionan como pequeñas mentes humanas y tienen pavor a la divergencia. Todos ellos tienen sus disonancias cognitivas: en el PSOE se suelen llamar Rodríguez Ibarra o Bono; en el PP, Gallardón o Piqué. La diferencia estriba en la habilidad de esas formaciones para lidiar con sus aparentes desarmonías.

La última disonancia ha sido la reacción de Piqué tras conocerse el acuerdo PSOE-CiU sobre el Estatuto. El presidente del PP catalán afirmó que «al final de alguna manera se nos va dando la razón en muchas cosas», entre las cuales incluyó algún aspecto de la financiación y la definición de Cataluña como nacionalidad en el articulado. Con todo, Piqué terminó su valoración diciendo que «de momento nosotros continuamos siendo profundamente críticos respecto a un texto profundamente intervencionista, que define un modelo económico y de sociedad y unos valores que no son los de la mayoría de la sociedad catalana».

El discurso de Piqué puede que no siguiese al pie de la letra el argumentario de la dirección del PP; quizá no fuera oportuno o suficientemente matizado. Pero tampoco había en él nada que no fuera asumible dentro de las tesis de Rajoy; ninguna discrepancia de fondo que no pudiera ser acomodada dentro del mensaje global de rechazo al texto. Bastaría con que en Génova se hubieran puesto a dilucidar cómo interpretar selectivamente su disonancia cognitiva.

Sin embargo, en lugar de eso, salió a responder en tromba su secretario general, Angel Acebes, cuya capacidad para el matiz es exigua. «Se equivoca», aseguró, todo dirigente popular que haya dicho cualquier cosa que no suponga un rechazo frontal al Estatuto. «Va a representar al PP quien defienda sus posiciones de manera inequívoca», añadió. Con sus palabras, Acebes no sólo no redujo la disonancia, sino que la resaltó, la maximizó y se la sirvió en bandeja a sus adversarios políticos como un argumento más para su mensaje favorito: fíjense ustedes si el PP está radicalizado que no permite hablar ni a los suyos, ya no escucha a nadie, se aleja del centro, etc., etc.

Aunque después se saldara la crisis con Rajoy expresando su «pleno apoyo» a Piqué, el daño ya estaba hecho. El líder del PP catalán ha sido puesto en evidencia por los suyos, y casi daba lástima cuando anteayer se limitaba a afirmar «yo haré aquello que mi partido vaya decidiendo, y por tanto no tengo nada más que añadir».No es ciertamente una frase de ésas que arrastran votos, ni en Cataluña ni en Tombuctú.

La coherencia es sin duda una virtud necesaria, tanto en las personas como en los partidos. Pero hay que tener cuidado de no confundir los principios con las consignas. Por eso, quien se encargue de administrar la disciplina interna y tenga que resolver una disonancia haría bien en contar antes hasta diez recordando las palabras de Emerson: «Una coherencia estúpida es el duende de las mentes pequeñas».

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