El Consejo de Estado va a entregar el informe que le encargó el Gobierno en el que se mencionan de forma individualizada a las comunidades y se confirma la organización territorial en municipios, provincias, comunidades y ciudades autónomas. El Consejo intenta sistematizar la eclosión de los ombligos, el big-bang cantonal.El nacionalismo, esa manía de primates, habla un lenguaje no verbal, alrededor de múltiples egos. Nuestra estrella polar, nuestra piedra negra, nuestro Delfos, no se sitúa en el lugar donde se cruzan las águilas, sino al borde del precipicio, donde todo el pueblo, organizado en pandillas, baila. Bailad, bailad malditos, ondulad las caderas, retorced los torsos, dejad vuestros encajes al borde de las clavículas, en una danza de los 17 velos, en una vuelta al narcisismo tribal, con joyas colgadas al ombligo, a la sombra de dolorosas enjoyadas como reinas de Saba y santos retacos con varas y cerditos.
Volvemos al folclore, origen de todos los chauvinismos; con las sagas se hicieron Constituciones, con los trajes regionales banderas y con las seguidillas, trabucos. El nacionalismo surgió cuando el habitante de cualquier valle de España, en cualquier solsticio, se descubrió a sí mismo como un instrumento de música. En España la decadencia llegó cuando el auto sacramental degeneró en zarzuela, el fandango en himno y el txistu en nueve milímetros parabellum.

En esta Península, en sayal franciscano tendido al sol, como un camello en mitad del desierto, hay más de mil maneras de bailar.Se mueve el cuerpo al son del tamboril y la gaita, las castañuelas y el pandero y la dulzaina, siempre alrededor del ombligo. Ahora, el ombligo es el becerro del Estatuto, el ternero de metal batido, hecho no con los aros de las orejas de las mujeres, sino con el sudor de todo el pueblo de emigrantes, viejos esclavos de sol a sol. Se han burlado del tabernáculo y bailan sobre la Constitución.

Esperanza ya se prepara para marcar el chotis; Quintana, la muñeira; Mas, la sardana del Penadés; Chaves, el fandango; Imaz, el zortziko y el mozorro. Somos unas tribus bailonas, nos hicieron en una romería. El poeta Marcial cita a las bailarinas gaditanas que incendiaban las fiestas del palatino con sus repiques de castañuelas.Hasta que llegue el zortziko de los autrogones, la que mola es la sardana, el sirtaki catalán. Es un baile de corro, con cornetines y tamborcillos. Toda España es un certamen de jotas y deudas, pericones presupuestarios y muñeiras de deudas históricas. Los que no bailamos, meditemos en la ternura, donde los paraguas serán las cúpulas de nuestros pensamientos. En el fin de semana cantarán los bühos y podaremos los árboles. Caerá nieve sobre las mariposas. Ya pensó Emerson que la nieve contiene mucha educación; la familia, nació al lado de la lumbre.

Saludemos a la nieve deslumbrante, el tesoro de los años. Mientras Zorba, el del sirtaki, grita al final del baile, qué catástrofe más esplendorosa.