Antes de que el Estatuto de Cataluña acabe por romper España, a punto estuvo ayer de fracturar a su principal enemigo político, el PP.
La intención del líder del partido en Cataluña, Josep Piqué, de presentar su dimisión -comunicada al presidente de la formación el lunes por la tarde- quedó reducida a un mero amago tras más de tres horas de reunión privada con Mariano Rajoy. Según fuentes próximas a la dirección nacional del partido, ni siquiera llegó a presentarse la anunciada renuncia. No fue, dicen, necesario.Según fuentes cercanas al dirigente catalán, que hoy ofrecerá una rueda de prensa, éste salió reforzado ya que Rajoy se comprometió a respetar y a apoyar su política en Cataluña.

La reunión, que tuvo lugar en el domicilio del presidente del PP, causó tal expectación que eclipsó la iniciativa presentada por el líder del PP para recoger millones firmas en favor de un referéndum, y su discurso en contra del pacto alcanzado por el Gobierno y CiU sobre la reforma estatutaria de Cataluña.

Las alabanzas públicas recibidas de Rajoy en el Foro Nueva Economía no contentaron a un Piqué enfadado, muy enfadado, según él mismo trasladaba ayer, por la desautorización recibida la víspera por boca del secretario general del PP, Angel Acebes.

A la vez, la presencia de Piqué en el foro no aplacó las suspicacias en la dirección del partido, con cuyos máximos representantes, Angel Acebes y Eduardo Zaplana, el dirigente catalán compartió ayer mesa y mantel. El reproche era doble y consistía, por un lado, en afearle sus declaraciones a una emisora de radio con las que había robado el foco de la polémica sobre los negociadores del Estatut para trasladarlo al PP. Además, y sobre todo, le reprochaban contradecir lo acordado en los órganos internos del partido; no sólo lo hablado en el retiro de Toledo, los pasados días 17 y 18, sino aún más, en la reunión de maitines de esa misma mañana.

Una vez más, como ocurrió en la crisis desatada el mes de julio, su locuacidad le jugó a Piqué una mala pasada. En aquella primera ocasión, el dirigente catalán asoció a Acebes y a Zaplana con el «pasado» del partido y apostó por ampliar la portavocía del PP a nuevas caras. Rajoy abortó desde Singapur estas afirmaciones con un duro comunicado tras el que Piqué hizo un acto de contrición.

Pero la crisis interna entre el PP y su hombre en Cataluña, ahora, apuntaba a algo más grave porque la discrepancia plasmada por Piqué no se dirigía a las personas, sino a la propia estrategia del partido. El primero en provocar la alarma en el PP nacional fue su mano derecha y portavoz del partido en el Parlament, Francesc Vendrell, quien tras el acuerdo alcanzado la noche del sábado entre Zapatero y Mas sobre el Estatut, declaró que «entre todos haremos un esfuerzo» para pactar, ya que «ahora hay unos parámetros en los que se pueden acercar posiciones» y el texto «comienza a entrar en el camino de la racionalidad».

Por su parte, Piqué llegaba a admitir, a primera hora del lunes, que «de alguna manera se nos va dando la razón en muchas cosas, como es el tema de la financiación» y que la definición de Cataluña queda en el articulado como «nacionalidad», que «es exactamente nuestra propuesta desde el primer día».

Pero ninguna de estas declaraciones llegaron a conocerse en la cúpula del PP hasta pasada la reunión de maitines. Algunas de las fuentes consultadas ni siquiera admiten que Piqué las comentara o que dijera una sola palabra en el encuentro acerca de las mejoras que el acuerdo entre Zapatero y Mas aportaba al texto remitido por el Parlament al Congreso.

Otros asistentes dicen, por su parte, que Piqué aludió a las coincidencias que dicho acuerdo guarda con su propia propuesta de hace un año -y que nunca fue revalidada oficialmente por el PP nacional-, según la cual, el Estado debe garantizar a Cataluña una serie de inversiones a medio plazo, y ampliar la cesión de impuestos.

Las mismas fuentes aseguran que no llegó a plantearse un debate formal sobre estas cuestiones expuestas «de pasada» por Piqué y que en todo caso, quedaron completamente tamizadas por su taxativo apoyo a la estrategia global de oposición al Estatuto. Una estrategia que no sólo incluía la recogida de millones de firmas, sino también una campaña de movilización por toda España. Hay una tercera versión, más próxima al dirigente catalán y es que, simplemente, éste quedó en minoría en su intento de replantear el discurso del PP.

No faltaron entre los asistentes a los maitines del lunes, quienes vieron a Piqué algo «triste», y «bajo de tono», por la que, según interpretaron, se presenta como una difícil papeleta de futuro al frente del PP en Cataluña como único defensor del no en el referéndum del Estatuto. Y es que los esfuerzos del dirigente catalán por centrar el mensaje político del PP se han topado, según todos reconocen en el partido, con la dura realidad del aislamiento al que Zapatero ha sometido al PP, y con la decidida estrategia política de oposición adoptada por la dirección nacional, y por Mariano Rajoy en particular.

El caso es que a la tormenta de ideas de la reunión de maitines le siguió el lunes en la cúpula del PP el vendaval de las contradeclaraciones.Con los teletipos en la mano, y tras consultar con Rajoy, Acebes salió en rueda de prensa a decir que el PP se opondrá «con todos los medios a su alcance» al proyecto de Estatuto y al acuerdo alcanzado por Zapatero con CiU, no sin advertir implícitamente a Piqué que «ésta es la posición del PP y, si alguien ha hecho una declaración que no es ésta, se ha equivocado».

Piqué no esperó tras escuchar estas declaraciones para telefonear a Rajoy y anunciarle su intención de dimitir. Una decisión que, dijo desde el principio, sólo dependía de su conversación privada con el presidente del PP. Como era de prever, Rajoy recondujo la tempestad, pero sólo a partir de hoy se sabrá cómo conciliará en el futuro los dos mensajes del partido, el de la dura oposición a nivel nacional y, en Cataluña, el del acercamiento de posiciones al acuerdo.