Ha vuelto a ganar, y aunque sale muy herido de esta última batalla, sale también mucho más fuerte. No era éste de ayer el primer incidente que Josep Piqué tenía con la estructura directiva de su partido, ni seguramente será el último, pero es verdad que ha sido el episodio de sus declaraciones a Catalunya Radio y la fulminante e implacable desautorización pública por parte de Angel Acebes, lo que le había sumido en la desolación y en algo más hondo que el puro desánimo. Piqué estaba finalmente dispuesto a marcharse, después de muchos meses de haber estado batiéndose el cobre dialéctico con los ortodoxos de su partido, intentado hacerles comprender que, sin traicionar los planteamientos básicos compartidos, era imprescindible dibujar para la acción política en Cataluña un escenario especial capaz, al menos, de asegurar un crecimiento en votos que pudiera proporcionar al PP los escaños imprescindible para poder aspirar a la victoria en unas elecciones generales.
Ha sido el final de una batalla de desgaste punteada de conflictos y de choques de diferente tenor. No son fáciles de olvidar las discrepancias en público que el líder catalán mantuvo el pasado mes de enero cuando salió a cara descubierta a criticar a Jaime Mayor Oreja, su antiguo compañero de Gobierno. Jaime Mayor, en ese momento diputado del Parlamento Europeo, había vinculado la reforma del Estatuto catalán, aún en pañales, con la intervención de ETA en el asunto a través de ERC y de su líder Carod- Rovira.Esta vez no fue Piqué el enmendado, sino el enmendador: dijo que las declaraciones de Mayor Oreja eran «un error político» mientras el portavoz del PP en el Parlamento catalán, Francesc Vendrell, remataba la estocada recomendando al ex ministro del Interior que «antes de hablar haga un esfuerzo por entender».
Las aguas volvieron a su cauce pero nadie, ni dentro ni fuera del partido, podía ignorar que ese «espacio catalán» que Piqué se empeñaba en proteger de las incursiones de sus compañeros estaba escociendo cada vez más en la calle de Génova. Y que la cosa iba a peor. En marzo, Piqué se entrevistó nada más y nada menos que con Carod- Rovira, dentro de lo que era la ronda de contactos con otros líderes políticos tras la llamada «crisis del 3%» en Cataluña. Y como donde las dan las toman, Mayor Oreja se apresuró a criticar su decisión con el respaldo público de Acebes.
Muchas más cosas han venido pasando a lo largo del año pero el cenit de la historia, antes de la catarsis de hoy, se produjo en el mes de julio cuando, en una entrevista ¡también a Catalunya Radio, mira que el destino es malvado! Piqué dijo con total claridad que tanto la imagen de Zaplana como la de Acebes, ambos dirigentes de su partido, «se vinculan al pasado». Y remató la faena añadiendo que él creía «en un PP de centro derecha y no sólo de derechas».
Ahí ya fue imposible seguir disimulando. Las excusas de Piqué, su conversación posterior con Rajoy, realmente molesto con el catalán, y los esfuerzos de todos por dar el asunto por cerrado, se han demostrado inútiles.
Todo se perdona pero casi nada se olvida. Y ésta de ayer fue la revancha. Zarandeado sin piedad por sus víctimas de julio, el presidente del PP de Cataluña supo que estaba desautorizado de raíz y decidió que, en vista de eso, hasta aquí habíamos llegado.Ya ha dicho en alguna ocasión que «precisamente cuando el barco zozobra y hay vías de agua por todas partes, es cuando más se despierta mi instinto de lucha». Y ahora lo ha demostrado.
Bien es verdad que de zozobras sabe ya mucho este hombre al que la gimnasia diaria ha vuelto enjuto después de haber paseado en los comienzos de su vida política una figura tirando a redonda y más bien rosada. Y sabe mucho porque ha toreado en plazas tan peligrosas como la que estuvo a punto de llevarle ante los tribunales por el caso Ertoil un año después de que el PP repitiera victoria electoral. Lo que entonces se dirimió ante los jueces fue si Josep Piqué, antiguo consejero de aquella empresa, había tenido o no responsabilidad en las irregularidades cometidas en la venta de Ertoil y en las comisiones que supuestamente se pagaron. Salió indemne de esta prueba porque el asunto se cerró sin que él resultara imputado. En aquellos momentos tan difíciles contó siempre con el apoyo incondicional del presidente del Gobierno, que le había conocido años antes en una cena en la casa que Joan Rosell, presidente de la patronal catalana Fomento del Trabajo, tiene en la localidad barcelonesa de Llavaneres.
Para entonces, este catalán de Vilanova i la Geltrú que dentro de un mes va a cumplir 51 años, ya había ocupado la cartera de Industria y Energía desde 1996, año en que el PP ganó por primera vez las elecciones, hasta el año 2000, en que las volvió a ganar, pero con mayoría absoluta, y Piqué cambió esa cartera por la de Asuntos Exteriores. Pero fue durante su etapa como ministro de Industria cuando recibió en 1998 el encargo de José María Aznar de desempeñar también la portavocía del Gobierno. De entonces procede aquella famosa muletilla que manejaban los periodistas para diferenciar el pausado estilo de comunicación que exhibía el ministro con la tensión y apasionamiento verbales de que había hecho gala su predecesor en el cargo, Miguel Angel Rodríguez: el efecto Piqué, se llamó a su técnica de amansar las noticias a base de serenidad y de datos.
Hombre de apariencia fría pero de interior vehemente, tanto que ejerce un férreo control sobre sí mismo para evitar que se abra de pronto ese «saco de pasiones» que, según él, le acompaña siempre, Josep Piqué fue un joven rojo que militó en la izquierda radical y que no se privó en su etapa universitaria de paladear una vida laxa y disfrutadora. Pero, llegado el momento de rendir cuentas ante el tribunal examinador, lograba sacar las mejores notas.Es decir, que es hombre capaz de pasar de grandes tolerancias a grandes exigencias.
Ayer se plantó ante Rajoy con la renuncia en la mano y ha conseguido que el afecto que el líder del PP le tiene se traduzca en respaldo y protección públicas para una tarea política especialmente ingrata en un territorio claramente hostil a los populares. Ahora ya se sabe que Rajoy le apoya y que va a avalar su estrategia. Este ha sido su éxito. Sale del lance mucho más fuerte, pero es seguro que va herido.

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