La crisis no ha hecho más que empezar: al respaldar a Piqué, Rajoy desautoriza a Acebes, de Jesús Cacho en El Confidencial
Mariano Rajoy trató ayer de minimizar en los salones del Ritz la crisis que ha provocado en el PP, y no digamos ya en ERC, el hábil juego de manos pergeñado el pasado fin de semana por el presidente Rodríguez con Artur Mas a propósito del Estatuto de Cataluña. El líder popular respaldó a Josep Piqué, desautorizado 24 horas antes por el secretario general popular, Ángel Acebes, y se mostró tajante al afirmar que el catalán es el “líder” del partido en Cataluña y “lo seguirá siendo mientras lo quieran los ciudadanos” de esa comunidad.
Bastó con observar el desfile de líderes del PP -cada uno por su lado y con gesto serio- al finalizar el acto, camino del noble portón de hierro forjado del Ritz, para entender que allí había mar de fondo. Tanto maretón había que la defensa no pareció suficiente a Piqué, quien apenas unas horas después anunció su intención de dimitir de su cargo, en exclusiva adelantada ayer por este diario. El argumento produce cuando menos sorpresa, puesto que las palabras de Rajoy parecieron suficientes como para dejar satisfecho a cualquiera, excepto a Piqué.
El sainete consiguiente se resolvió en torno a las 9 de la noche de ayer, con el anuncio de que el catalán seguía en carrera. ¿A cambio de qué? Esa es la pregunta que a la hora de escribir estas líneas seguía sin resolver. ¿Ha comprado Piqué su fortaleza a cambio de la debilidad de alguno de sus más queridos enemigos en la dirección del partido? Lo que parece claro es que la crisis abierta por el Estatuto en el PP está lejos de haberse resuelto.
Porque, en mi modesta opinión, el PP tiene ahora otro problema, que tampoco se puede decir que sea nuevo: el de la azarosa vida del PPC, la rama catalana del partido que no acaba de encontrar su ubicación exacta en el dificilísimo entorno que representa una Comunidad donde no crece otra hierba que no exude nacionalismo por los cuatro costados.
Durante los últimos años, y de la mano de un Piqué directamente promocionado para la tarea por José María Aznar, la derecha ha tratado con afán de encontrar una vía propia, o una tercera vía de hacer política basada en la equidistancia entre el nacionalismo de tribu imperante y el españolismo a palo seco representado por otras opciones presentes en el PPC, en el sano intento de sumar a los convencidos otras voluntades de gentes, incluso de izquierdas, para quienes la libertad está por encima de la adoración al becerro de oro nacionalista.
El resultado en términos electorales no ha sido muy alentador, no se sabe bien si por demérito de Piqué o por la fuerza de la marea que allí todo lo arrasa. Enfrentado a la durísima prueba política que representa el Estatuto, la realidad indica que el PP corre el riesgo en Cataluña de dejarse por el camino a buena parte de sus votantes tradicionales, sin lograr añadir ninguno nuevo procedente de los caladeros en los que Piqué intenta pescar.
Algunos piensan que el pecado de Piqué no es tanto suyo como de las malas compañías de las que se ha rodeado en Barcelona, en concreto algún compañero de viaje como el señor Vendrell, un tipo que seguramente se sentiría más cómodo en un partido nacionalista que en el PP. Fue el portavoz parlamentario del PPC, el citado Vendrell, quien el lunes se pasó varios pueblos manifestando su entusiasmo por el nuevo Estatuto, lo que dejó a Piqué a los pies de los caballos. Cuentan que el ex ministro estaba el lunes “destrozado”, y que a lo largo de la tarde, vivida en Gónova con aires de tragedia, parlamentó varias veces con el propio Rajoy.
Dicho lo cual, parece claro que al respaldar al ex ministro catalán, Mariano Rajoy ha hecho una apuesta muy fuerte, ha asumido un compromiso que podría pasarle factura en el futuro. Porque al hacerlo no ha tenido más remedio que hurgar en la herida, ahondar en la brecha que separa a duros y blandos en la dirección del partido. Ángel Acebes ha quedado desacreditado, lo cual no es una mala noticia para quienes desean un PP con caras e ideas nuevas.
De modo que ahí tenemos a la derecha en su laberinto, tratando de encontrar la senda de su regreso al poder, un camino que será muy difícil hallar sin antes abordar un proceso de renovación y regeneración, de cambio de caras e ideas, sin antes romper de una vez con el fantasma de Aznar –el gran responsable de muchos de los problemas que hoy nos afligen- y su nefasta segunda legislatura. Ya sé que esto enfada mucho a sus hooligans, pero a la gente capaz de pensar por su cuenta le importa un bledo que el PP gobierne si no es para hacer posible esa España más abierta, más rica, más solidaria, más democrática y menos corrupta que todo liberal ansía. Lo cual no rebaja un ápice la condena que merece el loco, gratuito, y antidemocrático proceso de cambio de Régimen en que se ha embarcado el señor Zapatero con el fin de mantenerse en el poder.
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