El efecto Mas, de Alex Salmon en El Mundo de Cataluña
Mucho ha pasado y llovido desde la llegada de Artur Mas a la máxima responsabilidad en Convergència. El tiempo hace que, como siempre, los comentarios sean más naturales y certeros. Naturales, porque los que pretendían que fuera una estrella del negocio político, ya saben si puede ser, y los que temían que el fracaso fuera absoluto, conocen si sus elucubraciones eran ciertos. Así, la opinión que suscita Artur Mas entre sus compañeros de partido se acerca más a la realidad del momento. En definitiva, pocas apariencias. Y debo decir, que la reflexión que se realiza sobre su personalidad privada y política es mejor que hace dos años.
Existe un error generalizado en política. Y éste se produce cuando el analista en cuestión afirma que el personaje gana en la intimidad, en el contacto directo. Mal vamos. Poco importa como sean los políticos en la intimidad. Lo primordial es lo que transmiten.Y si eso no lo saben hacer, mejor que se retiren. Otra cosa es que, como en todo, a las personas hay que darles tiempo. No nos engañemos: todos somos platos de cocina que nos vamos haciendo a nuestro gusto (algunos al de los demás) y esa cocción no acaba nunca, aunque podamos ser ingeridos en cualquier momento.
Mas llegó preparado al cargo. Muchos de su partido no se lo tomaron en serio. Otros en la sociedad civil, tampoco. Ahora reconocen su error. Puede que su aspecto físico, de hombre bien puesto, educado, distante en el gesto, no ayudara a los que lo relacionaban con Pujol. Pero Artur Mas llegaba preparado, después de hacer mucha política municipal, de enfrentarse en ocasiones al entonces alcalde Maragall (ya conocía el estilo) y de ejercitarse como mecánico de un partido político, con coalición inclusive, hasta las entrañas de su engranaje.
Los hijos (o delfines) deben aprender del padre y después matarlo.Sólo así la relación entre uno y otro sigue creciendo. El líder de CiU mató al padre Pujol en la crisis del 3%. Así lo escribí.Los grandes políticos se mueven a golpes de intuición y visión de futuro. No e s fácil armonizar dos ritmos tan distintos.La intuición es algo que está relacionado con el instante. El futuro es una cuestión de trago largo. Aquel famoso día en que Maragall recriminó a Mas quedarse con el 3% de todo lo que el Govern pudo mover en sus 23 años de historia para las arcas del partido nacionalista actúo con instinto y a largo plazo. No tuvo muchos segundos para analizar la situación. Sin embargo su salida fue dura y concluyente. Como un auténtico líder, aunque después le recriminaran utilizar el Estatut como moneda de cambio.
En la cuenta de resultados de Artur Mas, los ingresos superar a los gastos. O lo que es lo mismo: tiene beneficios. Su estrategia, evaluada y azarosa, le ha reportado su buena posición. La buena posición con la que se enfrenta a la recta final del Estatut.
Una vez más la pregunta vuelve a ser la misma: ¿habrá Estatut? Este fin de semana las cosas se han tensionado y los medias tintas van desapareciendo. Si nuestro análisis se inclinara hacía el no, los beneficiados de esta situación sería, sin lugar a dudas, el PP y CiU. Si el resultado fuera que sí, los beneficiarios sería el tripartito, Zapatero y CiU. Por la tanto, apostar por CiU en esta quiniela, es apostar por cabello ganador. Resumiendo: hizo los deberes.
La verdad es que CiU ha preparado a su clientela para las dos probabilidades. Y las dos son creíbles. Hay que reconocer, por lo tanto, que aquel líder, por el que muchos no dieron ni un duro, Josep Vilarasau por ejemplo, hoy se ha convertido en el responsable del único partido que tiene argumentos para desgastarse lo mínimo, prescindiendo de la aprobación del Estatut en Madrid y esperar a las próximas elecciones. Mas sólo debe contar con un inconveniente. Todo apunta a que no habrá adelanto de elecciones.Las cabezas pensantes del gobierno de Maragall han concluido, y con buen criterio, que al tripartito lo que le hace falta es gobernar un tiempo con tranquilidad. Probablemente, la torpeza de alguna de sus acciones no esté relacionada con lo azaroso de su legislatura. Porque han tenido de todo desde aquel emocionante acto (lo he dicho varias veces) de Tinell. El pacto era malo, porque fue contra una fuerza política, pero nadie podrá negar que fue emocionante. La Assamblea de Catalunya.
Volviendo a Mas. El respeto se lo ha ganado en su partido. Y, excepto algunas excentricidades con sus colegas de federación y su compañero de viaje, Duran Lleida, que nunca le perdonará que le salgan bien las cosas, Mas es el jefe indiscutible de CiU. Y lo que es más importante: cada vez hay más personan de la calle que lo ven como futuro presidente de la Generalitat.
Visualizar a un político como ganador es tener la mitad del recorrido hecho. Y eso el PSC lo sabe. Sabe que el Estatut si es primordial para su continuidad en el gobierno. En solitario o en coalición.Con ERC o con CiU. Y ésta segunda posibilidad es con la que sueñan mucho de los votantes de los dos partidos más votados de Cataluña.El política la suerte sólo funciona cada cien años. Y Zapatero ya utilizó una carta. Una suerte no buscada. Naturalmente.
alex.salmon@elmundo.es
