Me cuentan que «fuentes de la Consejería de Medio Ambiente» han afirmado que un estudio realizado por mí, a petición del Ministerio de Medio Ambiente, en 1989, descartó la existencia de linces ibéricos en la Comunidad de Madrid. No es cierto. Más bien, es todo lo contrario. En el estudio que nos encargó el Ministerio y se publicó en 1990, Alejandro Rodríguez y yo mismo defendíamos la existencia de una pequeña población de linces, a la que denominamos Alto Alberche, entre Madrid y Avila. Incluso indicábamos que tal población no debía alcanzar los 20 ejemplares.
De todos modos, asociar la construcción de una carretera con el hecho de que aún sobreviva algún lince o ya no lo haga ninguno, es un planteamiento perverso. ¿Qué se quiere insinuar? ¿Qué si queda un solo lince, o una pareja, no debería construirse, pero el día en que desaparezcan se abre la veda a cualquier transformación? ¿Qué el lince es el único valor ambiental de la zona? ¿Se imaginan con qué entusiasmo se perseguirá a esos hipotéticos dos últimos linces para conseguir acabar con ese impedimento para nuevas obras y construcciones?
No es eso, no es eso. Desde hace años tanto el borrador de estrategia española para la conservación del lince, como la estrategia portuguesa, como las orientaciones de la UICN y los documentos del Consejo de Europa, tratan de terminar con esa perversidad.Todos ellos coinciden en que salvar al lince de la extinción requiere que vuelva a ocupar los territorios que ocupó no hace tanto, pues la situación actual (con poblaciones reproductoras estables y bien conocidas tan sólo en Andújar y Doñana) no garantiza su supervivencia. Si la cría en cautividad, como esperamos, tiene éxito, ayudará sin duda a la repoblación de las áreas abandonadas.Se pide a todas las comunidades, por tanto, que preserven los territorios de linces, independientemente de que existan ejemplares o no, y así lo están haciendo, o intentando hacer, varias de ellas (como Extremadura y Castilla-La Mancha, que han aprobado ya sus planes de recuperación de la especie).
El Consejo de Europa, por ejemplo, en el segundo punto de una recomendación de diciembre de 2002, dice más o menos textualmente: «Recomendamos que España y Portugal mantengan en buen estado de conservación todas las zonas ocupadas por el lince ibérico en 1980 (de aquí en adelante denominadas áreas de lince) para permitir la futura recolonización por la especie, por considerarlo vital para su conservación a largo plazo». Ciertamente, esta recomendación no es ajena a la Comunidad de Madrid.
¿Se imaginan que alguien dijera «vamos a tirar la casa de X porque está desocupada», cuando el pobre X está convaleciente en un hospital porque le han atropellado? Pues de eso hablamos, ni más ni menos.
Digamos que el lince es una especie animal en la UCI, atropellada, pero ninguno nos conformamos con esa situación, aspiramos a que se recupere y vuelva a casa. La Comunidad de Madrid también debería aspirar a ello, y si de verdad lo hace, tiene que mantener en orden esa casa del lince. Que hoy esté ocupada o desgraciadamente no lo esté, es secundario. Lo importante es que si queremos conservar al lince ibérico para siempre, esos montes le hacen falta.
Miguel Delibes de Castro es investigador de la Estación Biológica de Doñana, Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

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