LA vicepresidenta del Gobierno, Fernández de la Vega, ha repetido la tesis esbozada por Rubalcaba en la víspera: el tiempo de la negociación del 'Estatut' se agota, es momento de tomar decisiones. En el largo, opaco y extraño proceso negociador, el Gobierno no ha osado nunca inquietar a los partidos catalanistas, mientras que por parte de estos ha recibido todo tipo de desaires. Desde un Maragall que a cada paso le recuerda a Zapatero que le debe el liderazgo dentro del partido, hasta la amenaza de Carod-Rovira de desestabilizar al Ejecutivo en el Parlamento, pasando por los desprecios de CiU o los comentarios de Herrera: «El Gobierno no meterá la nariz en las competencias compartidas». A la larga retahíla de gestos inamistosos el Gobierno ha respondido con el silencio. Ahora, tras interminables diálogos, el Ejecutivo trata de meter presión por la vía de mirar el reloj, como si se tratase de un partido de fútbol y gozara de ventaja.

El Gobierno no dispone de un plan B, así que por mucho que mire al reloj, al final tendrá que llegar a una fórmula de entendimiento con los partidos catalanistas. No tendría sentido pactar la mayor parte del articulado para acabar encallando con los arrecifes de la definición de Cataluña y del modelo de financiación. Devolver ahora el "Estatut" significaría un terrible fiasco para el Gobierno y quedaría en evidencia en el Parlamento y ante la opinión pública. La cuestión del dinero tiene arreglo, porque la Administración del Estado cerró el último ejercicio presupuestario con superávit, y como los políticos absolutizan el presente, parte de ese superávit puede ir hacia Cataluña de muy diversas formas, tanto sea por la vía de los impuestos como del gasto del Estado.

En la definición de Cataluña el Gobierno ya ha cedido un trecho y la semana que viene hará el resto. En la última propuesta gubernamental, el texto del preámbulo del 'Estatut' recoge que la España plural «le debe mucho a Cataluña». ¿Le debe más que a Asturias o a Galicia? En dicho texto se dice que los catalanes sienten a Cataluña como nación, lo que «es plenamente compatible con un Estado...». Ya está hecho el traje para que quepan varias naciones dentro de nuestro mapa, por el método de silenciar la nación española.