CON LO QUE hemos tenido que oír y leer en cierta prensa de Madrid, ahora un exceso terminológico puede llevar a su autor a la justicia. ¿Qué es más justo? ¿Un mal insulto o un buen golpe de Estado?
Los escoceses son unos tacaños. Los chinos no son de fiar. Los argentinos son unos cuentistas. Los mexicanos están en una siesta permanente. Los franceses, mucho bidet y poca ducha. Los alemanes son unos cabezas cuadradas. Los japoneses son unos adictos al trabajo. Se trata de frases que no se corresponden a la verdad, sino a una determinada imagen que alguien propició algún día. En todas las nacionalidades hay tacaños, vagos, sucios, melancólicos y tozudos. Pero, curiosamente, cuando en vez de una nacionalidad se toca a un colectivo profesional, todo el colectivo se levanta airado y --nunca mejor dicho-- la acaba armando.
¿Cómo se le llama a un golpista? ¿Qué apelativo merece alguien que desde una posición de fuerza basada en las armas --es decir: en la violencia del armado contra el desarmado-- coacciona a un sistema democrático con el fin de que renuncie a representar los deseos de sus representados? Ustedes, los mayores, sabrán qué dijeron de un tal Tejero la larga noche en la que mantuvo secuestrados a los diputados a golpe de pistola en 1981. Yo sí me acuerdo de lo que pensé y de lo que sigo pensando. La torpe metáfora de mentar a la supuesta profesión de las madres de los golpistas no nos exime de la indignación y de la libertad de expresarla. Así, con torpeza terminológica, pero con el fondo preclaro de quien se siente amenazado, escribió un artículo mi colega Iu Forn en el diario Avui. La fiscalía ahora le persigue y algunos queridos hermanos obnubilados por el ruido anticatalán han caído en la trampa y califican a Forn de mal periodista. Forn es tan mal periodista como yo, como usted que nos lee o como cualquiera de esos columnistas de ciertos diarios de Madrid. La diferencia está en que Forn es una buena persona que se ha sentido agredida y en cambio muchos de esos columnistas de Madrid, supuestamente buenos periodistas, cultivan la mentira, la hacen germinar y la difunden sabiendo que no sirven a la verdad, sino a la agitación. Y esos, ya ven, nunca han ido a la fiscalía. No soy ni paranoico ni nacionalista, ya lo saben. Pero quiero recordarles que la última prensa que ha ido a la justicia estaba escrita en euskera y hoy se amenaza a un periodista que escribe en catalán.
¿A quién se debe el periodista, bueno o malo? ¿Se debe a la sensibilidad de sus lectores o al poder judicial o militar? Conozco a bastantes militares ejemplares que viven su profesión con un respeto democrático intachable. Militares que viven la contradicción de estar armados para garantizar la paz. Pero, por desgracia, también conozco a algunos periodistas que abusan de la libertad de expresión para mentir sobre una lengua, una sociedad y una manera de vivir y que nunca han de pedir perdón por nada. Iu Forn ha pedido excusas por exigencias del guión del poder. Yo no lo hubiera hecho. El golpismo de baja intensidad no merece que nos arrodillemos ante él. Entre el supuesto insulto de Forn a los golpistas y la voluntad explícita que hay detrás de un golpe de Estado, yo no puedo dudar. Si empiezan por Forn, que me pongan en la misma lista. Al menos, los "malos periodistas" estaremos separados de los periodistas mentirosos.

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