Yo pensaba que este país nuestro era un crisol de peculiaridades pero cada día que pasa más me convenzo de que de lo que realmente se trata es de una auténtica paella de desaguisados. La lista es tan pingüe como desoladora. A saber: somos los que más horas trabajamos, de los que menos cobramos, de los que menos vacaciones tienen, el segundo país que junto al Reino Unido consume más cocaína, no sé si el segundo o tercero que más alcohol ingiere, uno de los primeritos en lo que se refiere a acoso escolar, idem en liquidarse a la parienta por un quítame allá determinados matices de una antigua separación. Y sin duda, vamos a la cabeza en lo concerniente a jueces tan lerdos como facinerosos que ponen en libertad a energúmenos que les propinaron tropecientas puñaladas a sus ex, con mil y una inverosímiles excusas jurídicas. Asimismo, España es de los países en que se empieza a fumar a las edades más tempranas, incluyendo drogas. Vamos, que a este paso la cosa se hubiese instaurado ya en las guarderías y parvularios. Pero no por ello, dejamos de ser los que, cuando emprenden una puñetera Cruzada como la actual del tabaco (o el Movimiento Nacional -Glorioso- del 18 de julio de 1936), si se pone a la labor inquisitorial, se pone de verdad. Y digo yo: ¿Por qué no les dará por impedir la televisión-basura, que licúa los cerebros lentamente, o el alcohol, que mata cosa fina y sin que te enteres, o poner freno racional al imparable crecimiento del parque automovilístico, que nos envenena tanto o más que el humo del tabaco? Pues no, teníamos que ponernos en plan Santa Inquisición justo en aquello de lo que más parecían depender millones y millones de españoles: el tabaco. No tenemos remedio, somos chulillos, y cuando nos ponemos en faena, nos ponemos. A qué recordar también que somos de los que menos hacen el amor, a un promedio de escasas veces al año. A lo dicho, un verdadero cuadro psicosocial que invita a pensar lo a gustito que se viviría en Islandia o en Madagascar, como prefieran, según sus inclinaciones por el clima. Estamos en la cola de casi todo. Mas hete aquí que luego tenemos otras estadísticas que nos cambian 360º la percepción del asunto. Una de ellas, es que estamos al frente en lo de la adopción de niños del Tercer Mundo. Es en tal ámbito donde empezamos a ser quijotes hasta el espasmo. Y lo que más me inquieta; somos el país con mayor índice de donantes de órganos. También a eso, a chulis no nos gana nadie... ¡Vive Dios, que en buena hora nos ceñimos la espada como Mío Cid, hasta después de muertos! Ya puestos a ir, bien a la Nada, bien a la Otra Vida, que nos desguacen bien desguazaditos, así en plan forenses del CSI. Mi novia, que a veces peca de bienpensada, opina que se trata de puro altruismo.O sea, otro rasgo quijotesco más. Yo creo, sin embargo, que pese a que algo de ello hay, también anida una cierta pulsión egotista.Me da que ante dudas como la de la reencarnación y tal, preferimos pensar que, desguazados, nuestros seres queridos, o nosotros mismos, nos repartiremos en varias personas. No sé. ¿Ustedes qué piensan?
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