El primer ministro de Israel es noticia en el caso que nos ocupa no por una intervención armada y selectiva, como nos tiene acostumbrados, sino porque sufrió un derrame cerebral el pasado 18 de diciembre, siendo ingresado posteriormente por el agravamiento, que lo tiene al borde de la muerte.
Hoy todos los medios de comunicación se hacen eco del futuro de Israel y Oriente Medio, pues no en vano con las políticas que llevaron a cabo diferentes ejecutivos nunca se llegó a una paz que estabilizara esta región del mundo que tan convulsionado tiene a Oriente Medio y directamente al pueblo palestino y a aquellos que creemos que la paz es el mejor elemento para combatir la sinrazón del terrorismo mundial.
Quisiera hacer una pequeña biografía de la trayectoria de Ariel Sharon, un soldado temerario e implacable, hijo de judíos rusos que emigraron a Palestina en 1922. A los 14 años de edad se alistó al Gadna, un batallón paramilitar de juventudes dependientes de las fuerzas de defensa judía, un ejército clandestino para la protección de la población sionista frente a los ataques de los árabes y que posteriormente se llamó Fuerzas de Defensa Israelitas. En 1949, tras terminar la denominada guerra de Independencia de Israel (con la anexión de los territorios de Palestina adjudicados por la ONU a un futuro Estado judío en detrimento del pueblo palestino).
En el 53 fue encargado por el primer ministro David Ben-Gurion de organizar una sección de las FDI que tenía como misión encubierta sabotajes, asesinatos selectivos y otras represarías típicas de la guerra sucia. Al frente de esta unidad Sharon comenzó a cimentar su fama de expeditivo y poco escrupuloso, sucediendo hechos trágicos de terrorismo que tenían como meta la exterminación de todos los palestinos, fueran civiles o militares.
Toda su larga carrera estuvo siempre cimentada sobre el horror y el holocausto del terrorismo más implacable como máquina de matar que le convirtió en la bestia negra del pueblo palestino y árabe.
Todo el mundo recordara el año 82 su entrada en el Líbano, con la denominada operación Paz en Galilea, con la participación de decenas de miles de soldados y más de un millar de tanques. Con Sharon de director de operaciones, con una obsesiva persecución, extendiendo su control sobre dos tercios del país. Yasser Arafat, su Estado Mayor y el grueso de los combatientes palestinos, cuya liquidación física se pretendía, quedaron cercados en la parte occidental de Beirut, esto le trajo consecuencias negativas cesándolo como ministro de Defensa, aunque permanecía en el gabinete como ministro sin cartera.
Nadie que piense en democracia y libertad y en los derechos humanos puede tener un sentimiento hacia este monstruo que convirtió el Estado de Israel en la intolerancia, conjuntamente con el apoyo de los Estados Unidos de América.
Desde su llegada al poder como primer ministro no se deslumbró ninguna situación de paz, recrudeciéndose aún más los asesinatos selectivos, la construcción del muro que separa los dos estados y una persecución obsesiva sobre el presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat, vulnerando cualquier acuerdo de la ONU y de organismos internacionales, que en todo momento dio la espalda con el apoyo explícito e implícito de su aliado Bush y las políticas imperialistas.
La muerte política o física de esta bestia traerá la paz a Oriente Medio y entre ambos pueblos dejará de existir porque preservar y defender los derechos humanos es fundamental para combatir el terrorismo internacional en sus diferentes facetas y versiones. Ése es el fin último de los que hemos luchado y seguiremos luchando para que exista un organismo internacional eficaz y eficiente y los estados que lo configuran no tengan derecho al veto, que es lo que ha sucedido con la ONU, que es un organismo que hay que renovar con profundidad y darle el protagonismo de autonomía e independencia que cualquier país o pueblo que no defienda los derechos de las personas.
Miguel Ángel Llana, ingeniero y diplomado en Empresariales.

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