Confieso que los “reality shows” me interesan porque permiten analizar la salud ciudadana del país mejor que las encuestas del CIS. Que sea “Gran Hermano” o “La Casa de tu Vida” los dos programas permiten estudios comparativos, aunque rara vez parecidos, sobre la feroz pugna entre los concursantes y las reacciones del público a la hora de votar expulsiones.
Por ejemplo, después de contemplar la saña en los ataques para conseguir la victoria a cualquier precio, vemos como un público, superior en número al de cualquier encuesta, reacciona premiando o castigando a los concursantes de forma contraria a lo que estos esperan.
Cuando una clase social se considera única propietaria de las virtudes cívicas y se lanza a la calle para “defender a la familia” que considera amenazada porque gays y lesbianas quieran legalizar sus uniones como los demás, millones de mensajes SMS brindan la casa de sus sueños a una pareja de homosexuales gaditanos. Cuando en Gran Hermano ven que se comete una injusticia contra alguno de sus participantes, la reacción ciudadana es tajante. A la calle el infractor. En esta edición 2005-2006 de GH se está acosando a un joven cubano que solo lleva dos años en España y cuyo pecado es ser demasiado enamoradizo. El chico es acusado de querer estrangular a Saray, una joven de salud delicada. Todo el mundo vió en pantalla que no hubo tal intento y la mentirosa fue expulsada. Los de la casa lo nominan constantemente, sin haberle ahorrado insultos a todas horas, para ser expulsado y, reiteradamente, el público lo salva. A él y al compañero español que lo defiende incansablemente.
Una jovencita de 20 años, niña “pija” si las hay, cuyo padre la anima transmitiéndola el mensaje de que “los amigos de Madrid y Marbella te apoyan”, y que besa con unción su moto Honda de gran cilindrada, ha insultado, hasta acabar con el vocabulario de la mala educación, al inmigrante. El público, por un 72,8% la ha expulsado.
Creo que se podrán hacer muchas encuestas sobre el racismo en España pero se demuestra que los españoles no están por cebarse contra gentes que –al igual que nosotros antaño—dejan atrás su patria por buscar un mejor futuro. Muchos extranjeros nos ayudaron y hoy nos toca a nosotros dar una oportunidad a los demás.
¿Qué tienen que ver unos concursos televisivos, que muchos consideran “televisión basura”, con la exterminación? Creo que bastante. Para empezar, las dos formas de contemplar el fin del mayor problema terrorista que hemos padecido durante 35 años: el de ETA. El PP parte de la base, compartida con George W.Bush, de que los pueblos quieren gobernantes enérgicos, duros con el delincuente más que con el delito. La crispación es imprescindible para justificar la vuelta al poder de un partido que atrajo sobre nuestro país las iras de un islamismo extremista como reacción al alineamiento del gobierno de Aznar con Bush. Acusar a Rodríguez Zapatero de haber alcanzado el poder mediante las malas artes de Rubalcaba y de los socialistas que salieron a la calle a pedir explicaciones al gobierno sobre la autoría de la matanza, mereció la expulsión de la Moncloa, como le ha sucedido el jueves pasado a Sara de Lucas, que no dejó un instante de insultar a Dayrton y a Pepe en las últimas semanas, con gran regocijo de sus partidarios, seguros de que el cubano se iba a la calle, y creyendo que los espectadores iban a aplaudir las provocaciones, la grosera verborrea y el mal disimulado clasismo de la muchacha.
Que sea en la política española o en los mencionados “reality shows” la reacción de la gente es muy parecida. La mala fe se castiga, el juego sucio se condena y, quien no es capaz de juzgar el grado de tolerancia del pueblo español, suele ser eliminado. Mariano Rajoy está desbordado por su ala derecha en la que un vociferante Ángel Acebes, siendo demócrata, da la sensación de ser un aprendiz de Hitler por su excitación a la hora de atacar al cuello de Rodríguez Zapatero. Mariano Rajoy tiene dos opciones: ver que su lugar-teniente le está haciendo la cama para desplazarlo y optar por serenar los ánimos de su partido, o calentarse él mismo la boca y elevar el tono aún más para situarse por encima del coro de su “Panzer Divisionen”.
Decir que el PSOE, autor de la proposición del Pacto Antiterrorista que, tras dudarlo, aceptó José María Aznar, ha roto el mismo Rodríguez Zapatero es faltar a la verdad. Cuando se produce el atentado del 11-M 2004, el gobierno del PP no convoca al Partido Socialista como era preceptivo sino a un grupo de expertos en comunicación y al propio Acebes, ministro del Interior entonces, para ver qué se le decía al país. La unidad de los dos grandes partidos de nuestro espectro político debía haberse escenificado alrededor de una Mesa de Crisis del Pacto Antiterrorista y no de un núcleo de personas encargadas de estudiar el orden y el ritmo con el que se iba a informar al pueblo. El libro publicado recientemente por Heraldo Muñoz, ex embajador chileno en la ONU en el momento del atentado del 11-M, revela las presiones ejercidas por España para que el documento del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas declarase que el ataque fue “cometido por ETA”. Alemania y Rusia se resistieron ya que jamás en estas condenas oficiales se mencionaba la autoría, pero acabaron aceptando la apremiante sugerencia de Ana Palacio con una fórmula de compromiso que añadía la palabra “presuntamente cometido por ETA”. Aquel mismo día 11 de marzo ya hubo indicios de que el atentado era de los islamistas. Que la SER anunciase atolondradamente que había un suicida no añade ni quita nada al hecho de que, desde nuestro compromiso de las Azores, muchos alertamos de las consecuencias de un acto que nos iba a acarrear muchos problemas además de romper drásticamente con una política internacional que ni Franco se atrevió a corregir durante 40 años: 1º) amistad incondicional con el mundo árabe hasta el punto de retrasar al límite el reconocimiento del Estado de Israel por parte de España, 2º) estrechamiento de los lazos tradicionales con los países hispanoamericanos, incluido el régimen de Fidel Castro (Fraga ha mantenido sus lazos con Cuba hasta hoy). 3º) Máximo acercamiento a la Comunidad Europea aunque no se consiguiese la adhesión. Finalmente, acuerdo con EE.UU. para ceder bases militares al Presidente americano Dwight Eisenhower que prolongó con ello, de 1953 a 1975, la dictadura en nuestro país. Todo eso, José María Aznar lo desmontó con la “Carta de los Ocho” (R.U.,España y 6 países de Europa del Este... ¡la crema del europeismo!) por la que se daba vida al concepto de “Nueva Europa” frente a la Unión Europea que pasaba a ser la “Vieja Europa”. Todo un acto de fe por parte de un núcleo de votantes del PP que creía realmente que salíamos del “rincón oscuro de la Historia” para situarnos a la derecha de Dios.
Fin Primera Parte

buenos dias.a mi particularmente no me interesan los reality shows ni la tv en general, pero desde la guerra montada desde la cúpula de poder de aznar, confieso que sí me empezó a interesar (que no a gustar) la política.
debo decir que aunque tu articulo tenga un marcado tinte izquierdista, con el que comulgo no obstante, me parece francamente interesante dicha comparacion, sobre todo porque el share de las diferentes cadenas nos demuestran a diario que al españolito de a pie le sigue pirrando la tele basura, pero hace sacar lo mejor y lo peor de cada uno de ellos.
pero como tu dices, a ese mismo españolito no le gusta que le tomen el pelo, por lo menos a la mayoria, y cuando ve una injusticia salta y si puede lo palia.me alegra, la verdad.yo tambien me senti timada, estafada e ignorada, aunque no me esperaba menos de una derecha que gobernaba españa como un cacicado y aun en estas islas dejadas a veces de la mano de dios siguen empeñados en perpetuarlo.
luego hay gente que desgraciadamente ve salir fuel del prestige por la plaza de su pueblo y el pp sale de nuevo mayoria absoluta, pero ante eso ya no se que decir.
sigo empeñada en creer en la gente, en la bondad intrinseca del ser humano, en que lo que sale de las personas ante las injusticias sea lo mejor de cada uno y que algun dia podamos ver un mundo mejor.
me disculpo por ser una romantica empedernida.
un saludo