Hay que felicitar a Mariano Rajoy porque definitivamente ha logrado consolidarse al frente del Partido Popular. Atrás quedan las críticas vertidas desde dentro del partido y desde los medios afines cuestionando su carácter pusilánime y blando. Hoy, Rajoy domina un PP sin fisuras y se demuestra que José María Aznar no se equivocó al designarlo como sucesor. Los militantes del PP pueden sentirse satisfechos ante un dirigente al que no le tiembla la voz cuando tiene que llamar "bobo solemne" o "cobarde" al presidente del Gobierno o cuando da un paso al frente y justifica al teniente general Mena Aguado por sus declaraciones contrarias al Estatut de Catalunya. Lo que es una lástima para Rajoy es que esta misma energía que le confirma al frente del PP es directamente proporcional a la distancia que le aleja de poder gobernar algún día España.
Los militantes del PP estarán cada día más contentos con él, pero los que deciden unas elecciones no son ellos, sino la mayoría silenciosa de centro, que fue la que dio la mayoría absoluta a Aznar en el 2000. Como se ha escrito y dicho tantas veces, si Aznar no hubiera virado a la derecha en su segundo mandato, seguramente hoy Rajoy sería presidente del Gobierno.
Ante el desconcierto y división que vive el PSOE por culpa del Estatut, un Rajoy menos radicalizado le complicaría todavía más la vida a Zapatero. Lo único que ha logrado con su discurso actual es que los socialistas hayan convertido el Estatut en una verdadera obsesión y su aprobación sea una cuestión de Estado. Por eso, a pesar de todas las dificultades que todavía hay, no tengo dudas de que acabará aprobándose el Estatut.
Para el PSOE es fundamental desmontar los cimientos sobre los que Rajoy ha construido su oposición. Si fracasa el Estatut, el PP alzará aún más la voz para decir que su intervención ha sido decisiva en evitar la ruptura de España. En cambio, si se aprueba el texto y continúa la normalidad democrática de estos últimos 30 años, el PP se quedará sin discurso. Otra cosa muy diferente es si el PP hubiera hecho otro tipo de planteamiento que le hubiera permitido estar sentado hoy en las mesas de negociación. Como concepto, entiendo que una ley tan importante como el Estatut no debería discutirse sin el primer partido de la oposición.
Ante las dos semanas decisivas de negociación que tenemos por delante, vamos a oír muchas declaraciones y salidas de tono sorpresivas, pero no hagan mucho caso. Entra en el guión. Empezando por los dirigentes de CiU, que estuvieron no sé cuántas semanas amenazando con el no a la Constitución europea y acabaron votando que sí, y que después estuvieron no sé cuántos meses diciendo que no habría Estatut en Catalunya y acabaron votando que sí. Ahora llevan el mismo camino. Respecto a Esquerra e Iniciativa, más de lo mismo. Tienen tantas ganas de aprobar el Estatut que no pondrán en juego su privilegiada situación actual si CiU también acepta algunos recortes. El PSC, ya se lo pueden imaginar.
Todos quieren pactar, pero son sinceros cuando dicen que no pactarán cualquier cosa. El pragmatismo y su profesionalidad lograrán el milagro. Luego vendrán las fotos.
De poderes fácticos
Uno de los negociadores de la parte catalana planteó a la ministra Carmen Calvo que para el traslado de los papeles de Salamanca no hacía falta una ley. La ministra replicó que si se dejaba el tema en manos de la justicia ordinaria, podría pasar de todo. A la vista del discurso del presidente del Supremo, Francisco José Hernando, llevará razón este mismo político cuando dice que el problema judicial es más grave que el militar.
Citas discretas en hoteles
Algunas de las reuniones secretas entre negociadores del Estatut se han celebrado en la intimidad de algún hotel. Una de las más importantes entre Rubalcaba, Mas y Duran se celebró en la habitación de este último en el Palace. Encogiditos pero sin prensa. El Claris y el Havana en Barcelona han sido también testigos. La última reunión en Madrid entre el PSOE y CiU se tuvo que celebrar en la sede de Economía porque a Rubalcaba los periodistas le pillaron entrando en el Palace. "Duran, me han visto. No subo a tu habitación", oyeron decirle. Si no fuera por el Estatut, habría quien pensaría mal.
Touriño, el más agresivo
Mira por dónde el dirigente socialista que mostró mayor preocupación y fue más agresivo con el Estatut en la reciente cena de líderes autonómicos con Zapatero no fue el extremeño Ibarra, sino el gallego Pérez Touriño. Cuando se gobierna, las percepciones cambian y cuando el dinero está en juego no hay amigos que valgan.
jjuan@lavanguardia.es

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