Les vimos los semblantes, les pudimos mirar a los ojos, mientras el cono subía y bajaba, aparecía y desaparecía de la visual, finalmente todo quedó envuelto en llamas. La señora Rosario, la indigente, resultó muerta y las imágenes de los presuntos homicidas o asesinos señorearon todas las televisiones. En ese preciso instante la duquesa de Alba hacía público su cabreo y su resolución de acudir a la justicia. Doña Cayetana sufre, por lo visto, el acoso de la prensa hasta el punto de que los actos de su vida cotidiana no pueden ser noticia "por su pretendido interés público". Éste es un ítem semánticamente relevante: la noticia. De ella por lo visto no carece la nuera de la noble cuando vende las exclusivas, en la finca de la duquesa, al papel couché. El señor Arnold Schwarzenegger, gobernador de California, es del mismo parecer y ha puesto en marcha una ley antipaparazzi para acabar con semejante lacra.

A los chicos del ataque en el cajero les tuvimos frente a frente. No tuvimos la misma oportunidad con el señor Ariel Sharon cuando acudió al hospital. Allí rápidamente las asistencias colocaron unas púdicas mamparas para que no pudiéramos ver en qué estado llegaba el primer ministro israelí. Obviamente las imágenes del cajero no son periodismo, no aportan ninguna información relevante a la noticia. Ésta es la excusa de la señora Pilar Majón -premio de periodismo de la Universitat Ramon Llull- para convertir el 11-M en un descarrilamiento de trenes. Hay muertos de primera y de segunda, como el prisionero asesinado por un marine norteamericano en Iraq y visto en TV3. Hay dignidades personales distintas, la de Sharon, y la de la agonía del Pontífice retransmitida por la televisión vaticana. Las imágenes del cajero son policiales, propaganda política. De hecho, la policía -los Mossos d´Esquadra- explicó que gracias a su divulgación se han podido conocer otros ataques perpetrados por los detenidos. Una excusa peligrosísima, que puede llegar a convertir los telediarios en interminables ruedas de reconocimiento.

No hay en ellas nada noticiable, nada que no supiésemos previamente, pero tienen una enorme utilidad, tanta como la de unos detenidos por la policía catalana, tras una manifestación estudiantil, esposados y de rodillas ante los furgones. De los cuarenta detenidos, todos menos uno fueron puestos en libertad por el juez sin cargo alguno. El bien de la información, sin embargo, ya estaba hecho y la humillación, también. Cuando la familia está reunida, en el momento que la sensibilidad está encendida como el televisor, vemos de carne y hueso a los presuntos atacantes de Rosario. Ahí se crea en la opinión pública esa alarma social

Y, ¡oh casualidades de la vida!, precisamente el buen Govern de la Generalitat de Catalunya, mire lo que son las cosas, está ultimando una ley para crear una agencia para tutelar a adultos desamparados. Se trataría, según las informaciones periodísticas, de "ejercer de padre o de tutor de aquellas personas mayores de edad que no tienen familia y que viven en condiciones de extrema marginalidad". Se trataría de hacer con ellos exactamente lo mismo que con los menores, es decir, apartarles de ahí en medio, encerrarles: qué mejor para protegerles que confinarles.

A ello debería referirse el presidente de la Generalitat, el señor Pasqual Maragall, cuando en la concesión de los premios de periodismo en memoria de Manuel Vázquez Montalbán reclamaba un "periodismo responsable y veraz". Aunque una imagen, en ciertas ocasiones, sí vale más que mil palabras.

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