La Coctelera

Caffè Reggio

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15 Enero 2006

La segunda decisión de Mas, de Marçal Sintes en El Mundo de Cataluña

Encaramos la semana llamada por Zapatero a convertirse en la del desenlace estatutario. Nada hay decidido, ya que, pese a los avances, hasta que no está todo acordado nada lo está, como sabiamente ha advertido Montilla. Los poderes del Estado, junto con el PP y su entorno, se han movilizado sin pararse en barras ni reparar en esfuerzos. En el PSOE y aledaños abundan también los reticentes o los que intentan impedir cualquier concesión, por razonable que sea. En el caso concreto de la financiación, la madre del cordero, las cosas resultan especialmente complicadas. Solbes sigue testarudo y sin facilitar los datos sobre balanzas fiscales entre las autonomías y el Estado, pese a disponer, se comenta, de ellos.
Aparentemente el Gobierno español incumple su promesa de dar a conocer las balanzas para no dar ases a Cataluña. A nadie se le escapa, por otra parte, que las comunidades más subvencionadas, las que más solidaridad reciben, están controladas por gobiernos socialistas, los cuales, naturalmente, rechazan de plano cualquier modificación en el reparto de los dineros. Depende en gran medida de la capacidad de Zapatero para hacer entrar en vereda a sus barones territoriales -de forma muy destacada al influyente Chaves- el resultado final sobre el Estatut.

A la hora de calibrar su postura, cualquier negociador estatutario se mueve en un doble plano: en el tira y afloja sobre el articulado del texto y en la estrategia de su partido. Para Maragall y el PSC -que necesitan que haya luz verde más incluso que Zapatero- el segundo, la estrategia, es el verdaderamente importante. Y esa estrategia es diáfana: tener el Estatut como sea. El articulado, el contenido del texto, es secundario, pues están seguros de que en todo caso podrá ser mostrado como un avance. Es por ello que Maragall ha especulado con la posibilidad de pactar al margen de CiU, rebajando el apoyo parlamentario del Estatut en Cataluña del 90% a menos del 55%. Aprobar el nuevo Estatut sin CiU supondría, además, agravar los quebraderos de cabeza de Zapatero, quien, por consiguiente, lo descarta.

Todo parece indicar, por tanto, que de nuevo le tocará decidir a Artur Mas. El líder de CiU se inclina por facilitar el acuerdo.Sin embargo, la federación no puede permitirse un sí que no vaya acompañado de sólidas contrapartidas. Tanto de contenidos como de protagonismo en un eventual final feliz. Lo que CiU se juega no es poco, como advierten voces desde dentro y fuera de la formación.Con el nuevo Estatut en la mano, el PSC tendrá muchas opciones de ganar la batalla por la hegemonía en Cataluña. Los argumentos nacionalistas de CiU perderían fuerza y Mas se vería abocado a batirse principalmente en el eje izquierda-derecha. Como explica Albert Sáez en el muy recomendable El futur del nacionalisme (Columna): «Si el debate del Estatut y de la financiación se resuelve satisfactoriamente, el peso de la confrontación ideológica será mayor y entonces CiU tendrá que ser el pal de paller del centro-derecha si quiere mantenerse como alternativa».

Por el contrario, sin Estatut, será prácticamente inevitable que se produzcan elecciones en Cataluña y que el soberanismo de CiU y ERC gane posiciones. Con el Pacto del Tinell hecho trizas, las posibilidades de Mas de convertirse en presidente de la Generalitat serían razonablemente altas.

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