La equiparación de derechos en la sucesión a la Corona no se va a producir en esta legislatura - Las pésimas relaciones de PP y PSOE hacen imposible que ese cambio no se aborde en solitario - El nuevo Estatuto de Cataluña podría provocar la desafección de la derecha hacia la Monarquía
Vaya esto por delante: no va a haber modificaciones constitucionales de ninguna clase. Por lo tanto, el mejor derecho de la Infanta Leonor sobre un hermano menor a suceder a su padre, no va a quedar establecido. Dos meses después de su nacimiento, ya podemos abandonar la esperanza de que antes de que acabe la legislatura se produzca un acercamiento entre los dos grandes partidos, de modo que sea posible el imprescindible acuerdo entre PP y PSOE para abordar la modificación de la Constitución e igualar los derechos de la mujer y el varón en la sucesión a la Corona.
Puesto que las cosas no están yendo a mejor sino a mucho peor y lo previsible es que la tensión se mantenga o se agrave, ya podemos anunciar que ni va a haber igualación de derechos, ni va a haber modificación del Senado, ni va a haber nada de nada.Además, y por lo que se refiere en concreto a la sucesión a la Corona, muchos opinan que, tal y como están las cosas, mejor ni abordar la cuestión, no vaya a ser que la Institución salga de ese trance trasquilada.
Es verdad que el presidente del Gobierno podría perfectamente ahora mismo, o dentro de unos meses, dar el paso y colocar a Mariano Rajoy ante la tesitura de aceptar o negarse a acompañar al PSOE a la hora de someter a referéndum nacional, una vez disueltas las Cortes, la modificación del artículo 57. Muy difícil lo tendría el líder de la oposición para explicar ante la opinión pública que se negaba a respaldar al Gobierno en ese asunto. Lo que sucede es que los monárquicos, muchos no monárquicos pero amantes de la estabilidad y, según cuentan, incluso la propia Casa del Rey, no quieren ni oír hablar de que ese cambio constitucional se plantee en solitario, sin que vaya acompañado de otras modificaciones propuestas.
Y tienen razón. Un referéndum únicamente sobre el artículo 57 se convertiría sin duda en un plebiscito sobre la Monarquía, cosa que, si antes era arriesgada, ahora mismo podría ser suicida.Y eso por varias razones, pero sobre todo por una, que es una especie de «efecto rebote» de la situación política.
Ya se sabe que la izquierda, es tradicionalmente republicana; que sus militantes son y se declaran republicanos, y que lo son también sus votantes, aunque parte de ellos se sientan muy conformes con la Monarquía encarnada por Don Juan Carlos y no la pongan en cuestión. Claro que otra cosa sería si se les forzara a pronunciarse de una manera indubitable, porque en ese caso, enfrentados a la posibilidad de decir «Monarquía sí» o «Monarquía no», se inclinarían inevitablemente por lo segundo.
También se sabe que los españoles que se sitúan en el centro del espectro político son monárquicos funcionales; que respaldan la Monarquía porque está en la Constitución y sobre todo porque ha demostrado durante todos estos años ser una garantía efectiva de la estabilidad de España. Pero es en el espectro político de la derecha donde hay mayor número de ciudadanos vocacional y tradicionalmente monárquicos pero que comparten con el votante de centro ese aprecio especial y singular por el valor, nada simbólico, por cierto, que la Monarquía tiene hoy en España: ser garante de su estabilidad y de su unidad.
En pleno fragor del debate sobre el Estatuto de Cataluña, y pendientes aún de conocer cómo se sustancia el contenido real del nuevo texto estatutario, hay pocas dudas de que en la derecha española se va a incrementar el profundo descontento que ya se está formulando desde posiciones políticamente más templadas ante lo que puede suponer para España entera, para la igualdad de los españoles y para el mantenimiento de su solidaridad, esa nueva «relación de Cataluña con el Estado». Y no digamos ya si ese nuevo «espíritu plurinacional» se extiende a otras comunidades y se aceptan sus reivindicaciones hasta generalizarlas.
En ese caso, la pregunta de si esa nueva realidad política afectaría a la Corona, se responde fácilmente: sí. No es una exageración decir que el descontento político de los sectores más conservadores del país con el nuevo diseño territorial y de poderes podría tener como consecuencia directa una desafección hacia la Monarquía, que correría así el riesgo de ser quien pagara de alguna manera los platos rotos del disenso político nacional.
Alcanzados los pactos que se alcancen entre el Gobierno y los partidos nacionalistas, la otra gran porción de la sociedad española, aquélla que ha votado al PP y que mayoritariamente, si no unánimemente, apoya y respalda a la Corona, puede acabar rematando de la siguiente manera el razonamiento que ya empieza a pergeñar, aunque de manera todavía muy difusa: «puesto que la Institución no ha servido para asegurar y mantener el diseño de la España que conocíamos y por la que apostábamos, que era la España del consenso constitucional, nuestro entusiasmo por la Monarquía puede reducirse muchos grados».
Dado que el escenario político que se dibuja es, precisamente, el de un acuerdo entre el Gobierno y los partidos nacionalistas catalanes, dejando fuera del campo al Partido Popular y a todos sus votantes, no es descabellado pensar que, además de quebrar el consenso de los últimos 30 años, el nuevo Estatuto pudiera traer consigo un debilitamiento del apoyo a la Monarquía por parte precisamente de quienes quedan fuera del acuerdo, por no haber podido evitar o suavizar este cambio inesperado.
Ese sería un panorama nefasto para abordar en solitario una reforma constitucional que afecta a la Corona y a los derechos de sucesión.Por eso, si se quiere tener la certeza de ganarla, la modificación del artículo 57 sólo debería someterse a referéndum al mismo tiempo que los demás cambios constitucionales propuestos. Así que ya podemos ir haciendo foco en el final de la legislatura siguiente, primavera del 2012, a ver si para entonces hay suerte y este encanallamiento de la vida política española se ha superado lo bastante como para hacer posible de nuevo el diálogo entre los dos partidos nacionales sobre las grandes cuestiones de Estado.Mientras no nazca un varón, la Infanta sólo tendrá que limitarse a esperar. Pero como venga un hermanito...
victoria.prego@elmundo.es

Escribe un comentario