Los ministros de Exteriores de Francia, Alemania y Gran Bretaña, y Javier Solana con ellos, hicieron el jueves en Berlín lo mínimo que podían hacer para decir al mundo que no les había gustado que Irán reanudara sus experimentos nucleares, echando por tierra los dos años y medios de esfuerzos diplomáticos que esos mismos ministros habían hecho para evitarlo. Pero la decisión de llevar el asunto a la mesa de Agencia Nuclear de la Energía, y desde allí, si Rusia y China no lo impiden, al Consejo de Seguridad de la ONU, ha sido recibida con escepticismo generalizado por parte de los diarios. "Muchos expertos y diplomáticos dicen que ese proceso de presiones sobre Irán llevará mucho tiempo y tal vez no funcione nunca", han escrito los analistas de THE NEW YORK TIMES. "Irán tiene la mano de la partida", ha dicho LIBÉRATION.
Dariush Zahedi, politólogo de Berkeley, y Omid Memarian, periodista iraní, han realizado un análisis más profundo en el HERALD TRIBUNE: "Sin duda, Ahmadineyad actúa movido por ideología y por el deseo de consolidar su posición dentro de la elite iraní. Pero también parece que se mueve porque ha percibido que Estados Unidos se encuentra en una posición de gran debilidad. Las Fuerzas Armadas norteamericanas están concentradas en Irak y en Afganistán, y Washington está más centrado en programa nuclear de Corea del Norte que en el de Irán. ... Aun más, es muy probable que Ahmadineyad crea que el mejor modo de protegerse de un cambio de régimen consista en emular a Corea del Norte dando importantes pasos adelante en su capacidad nuclear. El nuevo presidente seguramente también sabe que aunque el programa nuclear iraní sea denunciado en el Consejo de Seguridad de la ONU, cualquier sanción multilateral significativa será vetada por Rusia o por China. Irán se ha convertido en el mayor adquirente de tecnología rusa y China se ha convertido rápidamente en uno de los principales socios comerciales de Irán. A la vista de un cuadro tan favorable, Ahmadineyad podría incluso acoger positivamente un ataque norteamericano o israelí sobre sus instalaciones nucleares. Teherán podría responder movilizando contra los norteamericanos y los israelís a sus aliados shiís de Irak, los países del Golfo y del Líbano. Al tiempo, los partidarios de Ahmadineyad utilizarían ese clima de guerra para marginar a sus rivales políticos internos".
¿Quién habría dicho hace sólo tres años que la política exterior del entonces todopoderoso EEUU podría llegar a encontrarse tan constreñida? Pero ésa es la impresión cada vez más generalizada. Y para rematarla, reseñemos un editorial de The New York Times: "El más poderoso político shií de Irak acaba de propinar un duro golpe a los esfuerzos norteamericanos de evitar una guerra civil. Abdul Aazim Al Hakim se ha echado atrás en el compromiso que adquirió en octubre de que el nuevo Parlamento modificaría sustancialmente la Constitución y acaba de decir que no habrá cambios, particularmente en lo que respecta a la previsión de una gran autonomía para el sureste del país, shií y rico en petróleo. Las citadas promesas de modificación llevaron a los sunís a votar en masa tanto en el referendo constitucional como en las recientes elecciones. La actual posición de Al Hakim es una incitación a la ruptura nacional y a la guerra civil, así como una provocación a Washington".

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