“Aquí hemos venido a debatir, no a tomar decisiones. Esto sirve para el acopio de ideas, de background”. Mariano Rajoy se refería así el viernes, poco antes de irse a comer con el sanedrín de su partido -los líderes políticos sobre los que recae el peso de la estrategia-, a su encuentro en el Parador de Toledo: una especie de ‘retiro’ a la usanza de los que hacía Manuel Fraga con sus consejeros autonómicos.

Alberto Ruiz-Gallardón, Javier Arenas, Josep Piqué, Eduardo Zaplana, Pío García Escudero, Jaime Mayor Oreja, Ángel Acebes y el propio Rajoy han ocupado dos días de su agenda, jueves y viernes, en una especie de brain storming que, bromas aparte como la de con quién dormía cada uno –estaban en habitaciones individuales-, tiene un difícil análisis y dudosa efectividad. Estos miembros del PP son los mismos que conforman los llamados ‘maitines’ de los lunes por la mañana, a los que se incorporaron dos asesores de Rajoy, Carlos Aragonés y Pedro Arriola.

Ambos han participado también del retiro toledano, aunque, al contrario que en otras ocasiones, han pasado prudentemente desapercibidos y alejados de las cámaras. La presencia de Arriola, de hecho, se ha limitado a presentar un informe electoral que vaticina un empate técnico PSOE-PP, e incluso una ligera ventaja ‘popular’. Pero eso fue todo. Rajoy quiere que el protagonismo lo tengan los que ocupan cargos orgánicos en el partido y en las instituciones, no sus colaboradores.

No había ocurrido así anteriormente. Uno de los asistentes afirmó que “este ha sido, sin duda, el ‘retiro’ en el que hemos dado muestras de mayor consenso y unidad entre nosotros, quizás porque ya se han cerrado algunas heridas que estaban abiertas y porque los temas que el Gobierno ha puesto sobre la mesa son de tal gravedad que cualquier personalismo debe quedar sometido al interés general”. ¿Se corresponden estas palabras con la realidad? Ciertamente, esta reunión ha permitido visualizar una mayor unanimidad de criterios entre los dirigentes que, en principio, tienen que transmitir las ideas y los mensajes a los ciudadanos y a los militantes.

Críticas a la forma de hacer oposición

El debate sobre el modo de hacer oposición ha sido una constante en el PP desde que perdiera las elecciones el 14 de marzo de 2004. Los que predicaban la contundencia frente al Gobierno –Acebes, Zaplana, Mayor Oreja, Aragonés...- chocaban, muchas veces frontalmente, con los partidarios del pacto y del acercamiento a los socialistas para intentar rebajar algunas de las pretensiones de Zapatero y no aislar al PP de los debates parlamentarios –Piqué, Ruiz-Gallardón, Arenas, Arriola, García Escudero-. Hace un año, estos últimos lograron convencer a todos de la conveniencia de que Rajoy ofreciera a Zapatero un Pacto de Estado en su reunión del 14 de enero.

Casi un año después, la oferta de pacto sigue en pie, pero todos son plenamente conscientes de que nunca será posible, no por falta de ganas del PP, sino por el rechazo frontal del PSOE y sus socios. Lo decía el propio Rajoy: “Nosotros estamos dispuestos a pactar con ellos, son ellos los que no están dispuestos a pactar con nosotros”. Por eso, en estos dos días, con algunas excepciones respecto a la actitud que debe tomar el PP sobre el debate de la ‘lengua catalana’, en el que Piqué solicitó que le dejaran a él llevar ese asunto por las muchas sensibilidades que hiere en Cataluña, hubo pocas dudas sobre la estrategia a seguir. Ahora bien, ¿son estos siete magníficos los que tienen que llevar a la práctica la estrategia pergeñada en Génova y adornada en Toledo?

Una duda razonable que tienen muchos militantes e, incluso, dirigentes del PP. Cuando Aznar ideó los ‘maitines’ de los lunes por la mañana, que siguió convocando en Moncloa tras alcanzar el Gobierno en 1996, la primera línea del PP estaba formada por hombres como Rato, Rajoy, Mayor Oreja, Álvarez Cascos, Arenas, Trillo, Loyola de Palacio... Políticos con un peso específico en el partido que nadie ponía en duda, y con un ascendente sobre la militancia como pocas veces se ha visto en un partido político. Ahora, sin embargo, la mitad de los que concurren a este sanedrín tienen otras ocupaciones –Alcaldía de Madrid, Parlamento Europeo, Parlamento Catalán, PP andaluz-, lo que deja el escaparate del PP a la vista de Acebes, Zaplana, García Escudero y el propio Rajoy, que asume prácticamente todo el protagonismo público.

Un PP sin propuestas

“Llevamos dos años dedicados sólo a hacer oposición, y todavía no hemos presentado ninguna propuesta a la sociedad, nada que pueda servir para que los ciudadanos vean que hay una modernización en los mensajes con los que poder ganarnos a ese electorado de centro que tanto necesitamos”, afirmaba un antiguo dirigente del partido. A pesar de la satisfacción con que ayer terminó el ‘retiro’ de Toledo, la realidad es que al PP le siguen faltando ingredientes que permitan afirmar que hoy puede ser una alternativa seria al Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, ya que sigue sin ganarse a ese electorado que tanta falta le hace, entre otras cosas, para lograr una mayoría suficiente que le permita prescindir de pactos incómodos.

¿Cómo se consigue esa cuadratura del círculo? “Es muy difícil compatibilizar la necesaria dureza por la situación que vivimos, con un mensaje moderador en las propuestas. Para eso hacen falta ideas nuevas y ofertas arriesgadas”, señalaba este mismo dirigente. Fue lo que hizo Aznar en 1990 con la refundación, pero entonces no se había perdido el poder. De ahí la importancia que Rajoy le da a la Convención del próximo mes de marzo, un evento que servirá para comenzar a elaborar el programa que, en una primera fase, servirá de fundamento a los distintos programas regionales para las municipales y autonómicas de 2007 y, después, para elaborar el definitivo programa electoral de las elecciones generales.

Encrucijada de caminos

La Convención ocupó, también, una parte importante de los debates en este ‘retiro’. Pero, sin duda, la estrella de los dos días ha sido el Estatuto catalán. La estrategia política del PP está necesariamente condicionada a lo que ocurra con el texto final. Ayer, uno de los presentes señalaba que se habían barajado tres posibles escenarios: la retirada del proyecto, su aprobación en términos no constitucionales y la posibilidad de que se apruebe un texto muy rebajado. Esta última es, sin duda, la más complicada para el PP. ¿Qué camino seguir? Ni siquiera los llamados ‘palomas’ ponen en duda que el PP no puede bajar la guardia y que tiene que continuar en la línea de firmeza mantenida hasta ahora. ¿Una victoria de los ‘halcones’?

Tampoco. Lo único que piden los más moderados es que se “combine con gestos amables” en otros órdenes. De ahí, por ejemplo, que el PP vaya a hacer menos ruido con la Ley de Dependencia -a pesar de que considera que es una ley inútil- y que se busquen motivos para dar satisfacción a distintos colectivos sociales de muy diversa procedencia. “La recuperación del centro es una obligación si queremos ganar las elecciones, porque el electorado de la derecha ya lo tenemos, pero el del centro todavía es reticente”, afirmaba el dirigente antes mencionado. Mientras tanto, el PP va a mantener su línea de acción y no descarta movilizaciones sociales si los planes de Zapatero siguen adelante.

Estatuto catalán y ETA

Uno de los aspectos en los que se ha coincidido estos dos días, por ejemplo, es en el análisis que venía haciendo, casi en solitario, Jaime Mayor Oreja, en el sentido de vincular el Estatuto catalán con el proceso vasco. Hasta ahora, los más moderados opinaban que esa lectura era un exceso, pero las últimas declaraciones de Zapatero y la actitud del Ejecutivo y del PSOE respecto a Batasuna –“en lugar de criticar a la ilegalizada formación por su Congreso, el Gobierno y el PSOE critican al PP”, se lamentaba ayer Rajoy- han despejado cualquier duda de los dirigentes ‘populares’ respecto a la voluntad del presidente del Gobierno, incluso líderes antaño críticos con la Dirección como Ruiz-Gallardón y Piqué, hoy cierran filas sin contemplaciones.

Rajoy tiene una encrucijada de caminos y sólo puede elegir uno para su partido. Con un equipo plagado de ‘facturas políticas’ como la de Aragonés, con herencias como la de Arriola que, sin embargo, goza de su confianza, y una primera línea lejos de parecerse a aquel acorazado Potemkin que disfrutó Aznar, Rajoy es consciente de que sólo él puede seguir manejando el timón sin riesgo de fracturas –prueba de ello es como ha conseguido dirigir la sucesión en Galicia, donde se va a producir una verdadera renovación del partido-, y de que, incluso en el caso de que pierda las elecciones, le tocará seguir al frente, como ya le han empezado a transmitir a la mayoría de los líderes de su partido, haciéndole abandonar la idea de dimitir si Zapatero gana de nuevo. Ya no hay lugar a regresos inesperados.