Mientras el desastre de Irak confirma el fracaso de la vía unilateralista que George Bush y sus amigos adoptaron en las Azores, dos crisis actualmente en marcha demuestran que tampoco la solución multilateralista funciona del todo bien en los asuntos mundiales. Lo que ha dicho LE MONDE es buena muestra de la alarma y la sensación de impotencia que la decisión iraní de reanudar sus investigaciones nucleares ha provocado en las páginas de opinión de buena parte de los grandes diarios: "Irán se ha aprovechado de las vacilaciones, debidas en parte a la voluntad europea de obtener el apoyo, al menos tácito, de Rusia y de China. Decidido a evitar una escalada con un país que sigue siendo uno de sus socios más próximos, Moscú ha propuesto la salida de enriquecer uranio para Irán. Los dirigentes iranís no han aceptado ni rechazado la oferta y la siguen debatiendo con los rusos, pensando, acertadamente, que mientras sigan haciéndolo estarán al abrigo de sanciones internacionales. Enfangados en Irak, deseosos de no enfrentarse a otro país shií, los norteamericanos siguen apostando por una negociación trufada de sanciones. Los iranís parecen indiferentes a tales amenazas. Puede que aún confíen en el apoyo de rusos y chinos tras haberse aprovechado de la pusilanimidad de los europeos".

Pero no sólo el conflicto iraní indica el gran protagonismo que Rusia ejerce en estos momentos en la escena internacional, de la que, hasta hace poco, algunos creían que Moscú se había apartado definitivamente. THE WALL STREET JOURNAL abría el jueves su edición europea con las siguientes consideraciones: "El corte del suministro de gas natural ruso a Ucrania ha consolidado las dudas crecientes de las capitales occidentales de que Vladimir Putin comparta sus valores económicos y democráticos. La confianza en Putin se ha quebrado. Pero esa crisis también ha confirmado que Occidente carece de instrumentos para influir sobre el Kremlin. La importancia que Rusia tiene en asuntos internacionales como el programa nuclear iraní o en el de Corea del Norte es la razón por la que los gobiernos occidentales no quieren enfrentarse con el Kremlin por el tema de Ucrania". Y, sin embargo, ese asunto tiende a empeorar. La reciente destitución del Gobierno ucraniano ordenada por su Parlamento, justamente por el acuerdo firmado por Moscú para restablecer el suministro de gas, ha sido valorada así por Anders Aslund en THE MOSCOW TIMES: "Un grupo de partidos ucranianos ha visto el acuerdo como una excusa para debilitar al Gobierno a tres meses de las elecciones. En Ucrania parece estarse gestando un cambio de alianzas políticas". El FINANCIAL TIMES ha coincidido con ese análisis, para añadir: "Ello podría provocar nueva incertidumbre sobre el suministro de gas ruso a Europa Occidental, el 80% del cual llega a través de Ucrania. La actual crisis ha mostrado la debilidad de Víctor Yushenko. Puede esperar poco de Moscú, que se opone a sus políticas prooccidentales, y sus perspectivas electorales no son buenas". Por su parte, Aslund subrayaba que en la alianza que se perfila para batir a Yuschenko figura nada menos que Victor Yanukovich, el candidato presidencial de Moscú que la revolución naranja alejó del poder hace un año. Ello querría decir que entonces el Kremlin no tiró la toalla. Sea como fuera, a Occidente no le queda otra más que mirar y callar.