“La Muerte Roja había, durante mucho tiempo, despoblado la región. Nunca la peste fue tan fatal, tan horrible. Su avatar era la sangre, la roja y repugnante fealdad de la sangre. Unas mancha púrpuras sobre el cuerpo, y especialmente en la cara de la víctima, la proscribían del resto de la humanidad privándola de todo socorro y de toda simpatía. La invasión, el progreso, el resultado de la enfermedad, todo era cosa de una media hora.” De esta manera tan peculiarmente desgarradora narra Edgar Allan Poe en “La máscara de la Muerte Roja” los estragos de la epidemia en la Europa medieval.

Por muchos y notables que sean los progresos de la humanidad, no estamos nunca libres de las amenazas más diversas. A comienzos de los años 90, Inglaterra vivió la tragedia de la enfermedad de las vacas locas, que obligó a sacrificar millones de cabezas de ganado. Ahora, el desafío de la gripe común ha hecho saltar la alarma porque puede complicarse con otros virus y dar lugar a una pandemia, según explica el doctor Jordi Cervós en un artículo que aparece en el último número de “Newsuic”, publicación de la Universitat Internacional de Catalunya. Con su envidiable claridad conceptual, el científico comenta que la mayoría de expertos están de acuerdo en que habrá una pandemia de gripe si el virus de la gripe aviar que pertenece al grupo A se combina con el virus del grupo B (que encontramos generalmente en la gripe común) dando lugar a una mutación.

Para que se produzca una pandemia –aclara el doctor Cervós- es preciso que haya un extenso foco de contagio y que se transmita entre los seres humanos. La transmisión del virus a través de las aves tiene lugar no sólo a través del aparato respiratorio sino también por vía intestinal. En cada gramo de heces –precisa- puede haber 10 millones de dosis efectiva de este virus. Si las heces caen en el agua de un bebedero es muy fácil que se extienda la infección. Recientemente, he tenido la grata oportunidad de conocer y departir durante unas horas con el neuropatólogo barcelonés Cervós-Navarro, una eminencia que fue primer rector de la Universitat Internacional de Catalunya y vicepresidente de la Universidad Libre de Berlín. Los relatos de sus experiencias como hombre y científico permiten evocar la famosa versión cinematográfica protagonizada por Paul Newman “Cortina rasgada”, toda la odisea de un profesor al otro lado del telón de acero en los tiempos de la guerra fría. Pionero en las nuevas tecnologías que aplicó a las investigaciones neuropatólogicas, Cervós mantuvo una estrecha relación con colegas de la Europa Oriental, donde participó en numerosos congresos e incluso tuvo la ocasión de examinar el cerebro de Lenin.

Escuchando al profesor y maestro en una reconfortante ducha de ciencia y cultura, uno piensa que, por desgracia, no pasan de moda las palabras del clásico -“Mala tempora currunt”- para hombres como él y todo lo que representan. Existen vacunas, precisa, que en España llegan al 20-25 por ciento de la población y reducen las posibilidades de una mezcla explosiva con la gripe del pollo, pero si se produce una pandemia la capacidad de producción de estas vacunas es limitada para abastecer a grandes masas de la población y, además, los países pobres carecen de recursos para conseguir los medicamentos antivirales. El caso es que la gripe aviar ha causado hasta ahora la muerte o sacrificio de más de 120 millones de aves en Asia y Europa, han muertos ya seres humanos y hay más de un centenar de casos diagnosticados. “Si los países ricos no protegen y se olvidan de los pobres, la situación puede dar lugar a que nos facturen la tan temida pandemia”. Es el aviso de un sabio.

No hay ningún país donde los menos sabios no hayan gobernado a los más sabios. Lo vemos en las páginas de la historia y en la vida corriente, y es un verdadero problema porque los ciudadanos tienen derecho a escuchar a los mejores. Pero parece que ahora es el turno de los tecnólogos.