Frank Rijkaard va camino de convertirse en un referente. Su actitud supera incluso sus aptitudes. El mayor logro de Rijkaard como entrenador ha sido moldear un equipo muy compacto, y eso puede extrapolarse a otras actividades extradeportivas. No es extraño que ahora Rijkaard apadrine con discreción una iniciativa en pro de las microdonaciones solidarias. El invento se llama Teaming (de team,equipo) y su profeta es otro holandés catalanizado llamado Jil van Eyle. Quien visite www. teaming. info verá que bajo este gerundio afortunado no se esconde ninguna empresa ni fundación ni ONG ni cuenta bancaria alguna. Sólo una idea. La idea de reunir microdonaciones que una por una no serían viables. Por ejemplo, si los empleados de una empresa deciden aportar 1 euro de su nómina y la dirección se apunta a canalizarlo, o incluso aumenta la donación al poder acogerse a desgravación fiscal. El proyecto Teaming ofrece los documentos necesarios e información fiable sobre organizaciones de todo tipo dedicadas a las causas más diversas, de modo que a través de un simple correo interno los trabajadores pueden decidir el destino de su microdonación, desde Anesvad hasta la Fundación Cruyff, pasando por Intermón Oxfam, Fundació Nexe o cualquier entidad sinfronterista: médicos, payasos, veterinarios... El ejemplo dado es muy ilustrativo: una plantilla de 900 trabajadores induce a la empresa a doblar las microaportaciones de 1 euro de cada empleado, de modo que el proyecto Teaming en esta empresa genera 1.800 euros mensuales, lo que implica 21.600 euros al año.
Rijkaard apoya la iniciativa de modo inequívoco: "En el fútbol, el trabajo en equipo es clave para ganar partidos y títulos. Pero el trabajo en equipo entre empresas, sus empleados y fundaciones puede hacer algo mucho más importante que ganar un partido de fútbol. Haciendo Teaming se pueden ganar vidas, ayudar a la gente que más lo necesita, resolver mucho más de lo que imaginas". Eso sí que es un aval. Hace años Jil van Eyle publicó un libro sobre el mundo empresarial de título muy explícito - 20 horas en 90 minutos (o cómo triunfar en la empresa gracias a las claves del mejor fútbol) (Deusto, 1999)-, cuyo único punto negro estaba en el prólogo. Lo firmaba Van Gaal. Ahora ha elegido un padrino mucho mejor. Jil, que había sido deportista de elite, entró en el confuso mundo de la solidaridad por la vía más dolorosa: su hija Mónica nació en 1998 con hidrocefalia y a consecuencia padece discapacidades diversas. Ahora, con este invento microeconómico pretende generar ayudas permanentes. Cierto que el Teaming requiere de una cierta difusión para que el dinero fluya, pero apuesta por la simplicidad al dar vidilla a organizaciones ya existentes. También da forma jurídica a ese ripio culé del "Oleguer, solidario, reparte tu salario". El Teaming tuvo un sarcástico precursor en el concierto que Pau Riba organizó hace décadas para ayudar a sufragar la famosa deuda fiscal de Lola Flores, que mantenía a la Faraona en perpetuo litigio con el Ministerio de Hacienda. Al final no fui, pero recuerdo perfectamente que las entradas costaban 999 pesetas más 1 para ayudar a la Lola. En realidad, hacía más evidente su timo al fisco. Dediquémonos mejor al Teaming que no al Timing.
MariusSerra@verbalia.com

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