Que la opinión que tiene la ‘vieja guardia’ felipista y algunos de los ‘clásicos’ en el PSOE sobre el actual presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, no es precisamente buena, se sabía, más o menos. Que no se andan con chiquitas a la hora de emplear adjetivos calificativos para con el actual líder del PSOE, también. Pero si esto lo hacen delante de terceros e incluso de adversarios políticos del Partido Popular, la cosa cambia. Y si, para ahondar más en la llaga del desacuerdo, Rajoy utiliza esos adjetivos más o menos afortunados hasta situarlos en las portadas de los periódicos, entonces el tema se agrava.
Eso fue lo que ocurrió con aquel “bobo solemne” que Rajoy hizo famoso en toda España y parte del extranjero un lunes después de que el domingo anterior Zapatero echara mano de las hemerotecas y de una expresión ya utilizada antaño por Felipe González, la de “patriotas de hojalata”, para referirse al PP y a su actitud ante el Estatuto Catalán. Pues bien, esa mañana de lunes, en los corrillos de los ‘maitines’ que el líder del PP convoca antes de las reuniones orgánicas de su partido, ya se sabía que Rajoy iba a utilizar ese “bobo solemne” para responder a Zapatero –aunque no lo nombró-, pero también que los derechos de autor no le correspondían al líder del PP.
Unos días antes y en el transcurso de una conversación entre ambos, Alfonso Guerra utilizó la expresión “bobo solemne” para referirse a ZP a los oídos, agradecidos, del portavoz parlamentario del PP, Eduardo Zaplana, que no dudó en trasladar a su ‘jefe’ lo que el presidente de la Comisión Constitucional del Congreso y ex vicepresidente del Gobierno opinaba del actual jefe del Ejecutivo. Y es que el debate del Estatuto Catalán tiene muy enfebrecida a la ‘vieja guardia’, hasta el punto de que el mismísimo Felipe González ya no oculta sus opiniones.
En el transcurso de una visita a Sevilla para reunirse con viejos compañeros del PSOE y de la UGT antes de las fiestas navideñas, el ex presidente del Gobierno recordó ante sus colegas cómo Ernest Lluch, quien fuera asesinado por ETA, calificó a Rodríguez Zapatero de “la nada más absoluta”, algo con lo que él estaba de acuerdo. Fue en agosto de 2000 cuando Ernest dijo lo mismo a un grupo de amigos en el Palacio Narros de los Azlor de Aragón, en Zarautz: “He apoyado a ZP para la secretaría general del PSOE porque me parece la nada más absoluta y estoy harto de sabelotodos y soberbios”. Claro que la intención de Felipe era otra.

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