Oviedo y Llanera ya tienen en común algo más que un gobierno municipal del PP, un alcalde amigo de lo público, un disparatado campo hípico en el límite entre los dos concejos, unos impuestos leoninos, una mala gestión municipal, una contabilidad distraída, unos pésimos servicios ciudadanos, miles de vecinos cabreados --muchos miles en el caso de Oviedo-- y un río tremendamente contaminado. No sé que pasa en algunos sectores de la derecha asturiana que entre las facturas siempre acaba por aparecer alguna fartura . Supongo que en algunos municipios de izquierda también, pero a mi sólo me toca padecer, y mucho, las de los primeros. En el Oviedo de los años 90, en los primeros mandatos de Gabino de Lorenzo, las había memorables y siempre acompañadas de Ribera del Duero, habanos y malta, mucha malta. Ahora, aquel aluvión de facturas, aquella oleada de jugos gástricos contenida ahora en una montaña de archivadores, apenas se prodiga. No sé si porque la ciudad está en economía de guerra y ahora toca leche en polvo, o, simplemente porque las cuentas ya ni se miran. En Llanera parece que algo sí y el concejal del PSOE Belisario Camblor ha descubierto una factura en la que se revela el pago de 2.419 euros en una comida para 16 comensales con cargo al presupuesto del concurso de ganado. El cubierto sale a 150 euros por comensal o, como va de reses, por cabeza no astada. El concejal de Hacienda se niega a dar explicaciones y se reserva para hacerlo en el pleno. Más vale que la aclaración esté a la altura de la comanda. Yo, y no soy el único, espero voraz la explicación.