Pedro J. Ramírez exige «vidilla» para desterrar al muermo en 59 segundos. Sospecho que se siente muy solo, nada motivado si no tiene enfrente a la mandíbula enfebrecida y temible de Carlos Carnicero. Mamen Mendizábal, tan joven y tan profesional, le recuerda al pausado y maquiavélico león que provoca tanta audiencia su alergia a la «vidilla» si es otro invitado el que interfiere o le usurpa su tiempo. Hablan de la incontestable solidaridad que debe establecerse entre todos los grupos políticos ante la futura Ley de Dependencia, algo muy progresista y humanitario en la que va a pagar más el que mas tenga (los banqueros se van a morir de risa ante chiste tan sarcástico) para que los disminuidos, los desamparados, los solitos sin posibles, los que no hicieron responsables planes de futuro, los ancianos de clase baja o media, descubran que al filantrópico y justo Estado lo que más le preocupa es el bienestar de los que reúnen todas las papeletas ambientales y económicas para pasarlas putas.
Voy corriendo a aumentar mi fondo de pensiones por si debido a alguna contradicción científica llego a viejo, para no exponerme a que me abrasen vivo cachorros nazis y de buena familia si dentro de un tiempo los naufragios de mi existencia me obligan a buscar refugio nocturno al lado de un cajero automático. ¿Son esos asesinos excesivamente abyectos de la misma raza que los patriotas del Frente Atlético (nada grave en su currículum, sólo algunas palizas y que frieron a puñaladas a un inconsciente fan de la separatista Real Sociedad), esos que comprenden y se solidarizan con la heroica sinceridad de ya legendario Mena, engalonado aunque prescindible guardián de la Patria, característico de algo tan fatigoso como sangriento de «al pan, pan, y al vino, vino»? Malos tiempos para la lírica, buenos tiempos para la guerra incivil, para el siniestro aunque aparentemente civilizado «hay que comprender las condenables pero profundas y motivadas razones de Caín», del facherío puro y duro, del desprecio a la democracia cuando dama tan vulnerable se ha casado gustosamente con el rival.
Y hay datos horripilantes de que el nunca extinguido hombre de Cromagnon le mete 14 tiros a un conductor que estuvo a punto de atropellar a su vástago, y de un segurata enloquecido de agravios, o desesperación, o envidias, o injusticias, o celos , o animadversión visceral o razonada, o vaya usted a saber que tipo de pavorosas miserias humanas, que se carga a dos compañeros y después se vuela su inútil sesera. La psiquiatría tal vez explique el comportamiento de los asesinos, aunque a los muertos y a la gente que les quería se la sude la explicación científica. Sin embargo, jamás he podido entender eso tan publicitado de morir y matar por la Patria.¿Qué coño es eso de la Patria? Ni Franco ni ETA han conseguido explicarme los sagrados cimientos de su compartida devoción.

Escribe un comentario