Si algo caracteriza a Tony Blair como dirigente político, es un fino olfato para captar las siempre variables demandas de la sociedad, unido, claro está, a una indiscutible capacidad de liderazgo que ha dado el periodo de gobierno más largo al Partido Laborista. Ayer, el premier británico presentó un plan contundente para combatir el incivismo y la delincuencia que deja pequeño al adoptado, por ejemplo, en Barcelona y convierte en irracionales algunos estériles debates que se han producido en Catalunya. Alguna de las medidas que Blair propone han despertado la irritación de sectores que ven demasiada ley y orden en sus posiciones, aunque no hay que olvidar que, al frente del labour, el lema para su segunda reelección fue convertir la lucha contra el incivismo en la piedra angular de su tercer y último mandato. Llama la atención, por ejemplo, la posibilidad de expulsar a propietarios e inquilinos de sus casas por un periodo de tres meses si tienen comportamientos antisociales, sanciones incluso de prisión para los padres de niños que no vayan a la escuela o toque de queda en el centro de las ciudades para menores de 16 años. Son sólo tres ejemplos de una lista de medidas que sin duda darán que hablar. Pero Blair ha decidido capitanear un nuevo orden con la vuelta de valores más tradicionales. ¿Es eso derecha o izquierda?, ¿pasado o también futuro?
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