'ARCHISTARS' BAJO LUPA / 'Financial Times' le acusa de «vender marca» y de ser una víctima del «síndrome del icono» / Daniel Libeskind y Bernard Tschumi entran también en la lista de los estudios bajo sospecha del diario.

La crítica cuestiona los caprichos del artista valenciano, mientras inmobiliarias y clientes de alto 'standing' enloquecen por sus casas

La arquitectura firmada es la última frontera del lujo.Casas bellas, en las que no necesariamente es cómodo vivir. Hace unos días, el diario británico Financial Times arremetía contra Santiago Calatrava, «escultor de arquitectura». Según FT, «el arquitecto fue el protagonista de una excepcional transformación de la ingeniería de las obras públicas. Pero no parece probable que esa misma técnica triunfe en las casas de lujo».
A Calatrava, eso sí, le reconoce el diario como un autor de glamour que, al menos en el terreno de los proyectos residenciales, tiende a la «incoherencia» o, como poco, a la extravagancia. Mucho mejor así para el mercado, por mucho que también haya quien disienta ante este tipo de arquitectura.

De hecho, contar con la firma de un archistar, un estudio de alta costura, puede encarecer entre un 2% y un 10% el coste del proyecto, pero que compensan sobradamente la inversión. Una vivienda con firma se vende por un montante muy superior al de cualquier otra casa.

Es el caso de los apartamentos proyectados por el estudio Richard Meier en Nueva York, vendidos a 22.000 dólares (más de 18.000 euros) por metro cuadrados. No lo suficientemente caro como para que el diseñador de moda Calvin Klein y la actriz Nicole Kidman renunciaran a la tentación de comprar un pisito. Lo que, a su vez, ha provocado una nueva subida de los precios, por aquello de que encontrarse a Nicole en el ascensor tiene su morbo y su precio.

Mientras tanto, el actor Brad Pitt -con el consentimiento de Angelina Jolie- se ha apuntado a la Escuela de Arquitectura que dirige o, al menos, apadrina Frank O. Gehry, que decidió involucrarlo en el proyecto de un edificio en la ciudad británica de Brighton.Juntos construirán allí 700 apartamentos de lujo. ¿Cuánto costará vivir en ellos?

¿Y cuánto hay de embuste? Hace unos días, Financial Times invitó a varios expertos a valorar con prudencia las intervenciones firmadas en los edificios residenciales de los archistar. Y dividió su trabajo en dos categorías: «edifican con criterio» o son, simplemente, «escultores de arquitectura».

Y daba incluso nombres. Entre los primeros, los rigurosos, figuran Norman Foster, Richard Meier (autor del Perry West Tower, tres palacios cuadrados en la West Street neoyorquina, con un coste mínimo de 1,15 millones de dólares -900.000 euros- por apartamento) y Richard Rogers, con la Columbus Tower, que, con sus 237 metros, será el edificio más alto de Reino Unido.

En cambio, el periódico alberga serias dudas respecto a otros proyectos. Y señala con el índice, por ejemplo, los apartamentos anexos a la residencia Beauvallon de Denver, de Daniel Libeskind, así como el palacio de Bernard Tschumi en el Lower East Side de Nueva York o la sede de Louis Vuitton, de Christian de Portzamparc, en la Avenida Madison. Pero el que se lleva la palma de las críticas es el Leonardo de la ingeniería contemporánea, Santiago Calatrava.Culpable del «síndrome del icono».

«Calatrava», escribe el crítico Edwin Heathcote, «se ha convertido en una marca internacional, buscada por ambiciosos promotores que tratan de diferenciar su oferta, convenciendo a los compradores de que no adquieren sólo un apartamento, sino una obra de arte.Pero, ¿serán realmente imperecederos estos edificios?».

El propio crítico se da la respuesta: «Calatrava ha comenzado a realizar enormes construcciones arquitectónicas, que, en vez de estructuras, son expresiones de su ego». Ha caído, según él, en el típico caso del «síndrome del icono», es decir, «el síndrome de construir edificios de marca para atraer al turismo».

¿Es justo culpar al artista valenciano de un problema que, en realidad, procede de las demandas que la sociedad hace a los arquitectos? ¿De un mal hábito que afecta al 90% de sus colegas? Los cargos contra Calatrava están en el Turning Torso de Malmoe (Suecia), la torre residencial de 190 metros de altura que, según el crítico, es «una escultura vendida como algo exótico, que se da de bofetadas con el purismo arquitectónico sueco».

A Calatrava también se le ha confiado la construcción del rascacielos más alto de América, la Fordham Spire de Chicago. Claro que, por ahora, no hay fondos para levantarlo.

Mientras, gobernantes, empresas y el común de los críticos saludan este superávit de arquitectura simbólica. Todos a una proclaman solemnemente que nunca antes desde los años 60 -la época en la que Mies van der Rohe y Marcel Breuer se habían instalado en EE UU- se había producido tanta arquitectura de riesgo y de interés en Manhattan, y aseguran que la ciudad está recuperando la autoestima herida el 11-S con su nuevo boom inmobiliario.