Con las hormigas, las lagartijas y los conejos no han podido acabar ni la mixomatoxis, ni la industrialización, ni los incendios.España deriva de una palabra fenicia que significa tierra de conejos. Cátulo denomina a este secarral «cuniculosa celtiberia», también se conoció como lugar de hormigas y de lagartijas, porque las hay de todos los tamaños y colores. España ha aportado a la civilización, además de las hormigas, los conejos, las lagartijas, Atapuerca, la Dama de Elche, El poema del Mío Cid, la picaresca, El Quijote, Las Meninas, Carmen y Guernica, tres vocablos que suenan como un disparo: «liberal», «guerrillero» y «pronunciamiento»; estas palabras han pasado sin cambio fonético al idioma político de los otros países. El pronunciamiento ha sido una fiesta nacional como el Arte de Cúchares; se hicieron pronunciamientos para echar a los Borbones y para que volvieran; unas veces tomó forma de asalto a palacio y otras de vicalvarada o de gloriosa; los hubo liberales y fascistas, de generales bonitos y de hijos de puta; a caballo o a pie, con gorro frigio o con tricornio.
Con las hormigas, las lagartijas, los conejos no han podido acabar ni los constructores, ni la fumigación, ni siquiera los ecologistas, pero España, que según Ortega, más que enferma es enfermedad, está a punto de extinguirse. No pasará nada, ya dijo Marx que el Estado no está colgado del cielo. Aquí nadie llega tarde a cenar para defender a la patria, excepto en las nacionalidades, ultimo refugio de los revientacajas. No pasará nada, dejarán al Rey sin dinero para pagar los bautizos de los infantes y lo harán señor de 17 territorios; y el Estado, que ya administraba una mínima parte de los recursos, se quedará tiritando, y más pobres los ciudadanos del éxodo y del paro.

En el pasado una Constitución fue sepultada por otras, en guerras civiles y carlistas hasta que llegó la del 78. Es la que ha invocado José Mena Aguado, general de un ejército Occidental según Félix Sanz, constituido por hombres y mujeres fundamentalmente libres y comprometidos, por su propia voluntad, con la defensa de la sociedad y sus valores. Ha sido el último pronunciamiento constitucional, pero incorrecto en las formas porque rasga la disciplina y la obediencia al poder civil de unas Fuerzas Armadas que no rechistaron cuando Aznar les envió a la guerra ni cuando Zapatero les ordenó que se retiraran.

Las palabras del general son imprudentes, pero lo diga el general o el corneta, lo que parece inminente e inevitable es que España está a punto de dejar de ser lo que había sido en los dos últimos siglos, desde que los diputados de Cádiz proclamaron la igualdad y la libertad de todos los españoles, abolieron la Inquisición y liquidaron los fueros predemocráticos concedidos a los territorios por los reyes de la Edad Media.

Excepto las hormigas, las lagartijas y los conejos nada será igual después del Estatuto de Cataluña.