La amenaza del centurión de Sevilla no es un hecho aislado. No ha mucho, en las tierras del norte, otro militar de alta graduación estaba dispuesto a autoinmolarse, «daré hasta la última gota de mi sangre» (como es lógico imaginar, después de derramar muchos litros de la del enemigo), caso de que sufra el texto constitucional cambios en los puntos y las comas en lo referente a las autonomías. Y la AUGC (Asociación Unificada de la Guardia Civil) alerta a Zapatero por carta, a la que tuvo acceso «Europa Press», de que la cúpula de la Guardia Civil se ha «insubordinado» por las reformas anunciadas en el Cuerpo en su programa electoral y, parece ser, que van con retraso.

Con todo y con eso, no hay por qué alarmarse. Ese telón de fondo con los jinetes del caballo blanco (conflicto civil) y del rojo (conflicto bélico) a galope tendido fueron en otro tiempo protagonistas de nuestra Historia. Sí, en otro tiempo. Este país alcanzó un proceso de maduración que no admite la vuelta a la caverna ni a sembrar los campos de muertos. Con sus más y su menos, querido españolito, vives de puta madre. De esa burra no nos apea ni la madre que nos parió. Y menos unos altaneros oportunistas que amenazan desde la trasnochada razón de las armas con hacernos la pascua. De acuerdo que el clima político es de crispación, de que los unos y los otros han convertido el Congreso en un corral de peleas de gallos, insufrible en ocasiones. Pero por encima de los espolones de nuestros políticos, está el espolón principal: el del ciudadano que quiere vivir en paz. Con Estatut o sin él, brindaremos por un país en paz, con cava o con vino manchego, que lo mismo da. A catalanes, gallegos, vascos, castellanos y demás familias les gusta más el chinchín de las copas que el trueno de las bombas. Hemos aprendido en democracia a ponernos a parir, también a darnos la mano.
He leído los editoriales de los principales periódicos de España. Con distintos matices, hay coincidencia. Y eso vale más que mil improperios pascuales. Así que no se empeñen, tranquilos, viviremos en paz.