Lo que pasa cuando un militar dice lo hablan en sus casas millones de españoles, de Jesús Cacho en El Confidencial
La Pascua militar ha dejado un sabor amargo en la tropa, la tropa en general, la que está en los cuarteles y la que deambula por lo civil en las calles y plazas de España. Las palabras del teniente general jefe de la Fuerza Terrestre del Ejército, José Mena, en su discurso del pasado día 6 de enero, han contribuido a revolver aún más las fangosas aguas que bajan por la riera del Estatuto catalán.
Nadie, que se sepa, había pedido opinión a este jefe militar, porque la función de los mandos de las Fuerzas Armadas no es pronunciarse sobre proyectos sometidos a debate político en el Parlamento, pero sus afirmaciones en ocasión tan señalada no han servido sino para desenterrar viejos fantasmas, tan presentes en la Historia española más digna de ser olvidada para siempre.
Conviene, sin embargo, si no queremos participar en el baile de máscaras al que tan aficionada es una parte de la izquierda española, reconocer que el militar no ha dicho nada que no se haya hablado, de una u otra forma, en comidas, charlas y reuniones familiares durante estas fiestas de Navidad en millones de casas españolas.
¿Y de qué hablan los españoles en sus casas? Pues del aparente sin sentido en que ha entrado la política española de la mano de un presidente del Gobierno que, por culpa de su debilidad parlamentaria y su disposición a mantenerse en el poder como sea, sigue dispuesto a pactar con grupos que abiertamente manifiestan su disposición a romper España, y por lo tanto a poner en peligro el más largo y fructífero periodo de paz y libertad que hemos conocido los españoles en nuestra Historia.
Coincido en este punto con Gabriel Elorriaga a la hora de responsabilizar al Presidente del Gobierno de la división que se está produciendo en la sociedad española y del clima de inquietud en el que vive, desconocido hace apenas un par de años. No se puede gobernar en asuntos de importancia tan capital como el que nos ocupa para media España y en contra la otra media, sobre todo cuando esa otra media le ha ofrecido de forma reiterada un pacto capaz de permitirle escapar la dogal que le han tendido los nacionalismos.
Por si la equivocación del militar Mena no hubiera sido suficiente, no ha faltado la presencia en escena el responsable de la cosa. El ministro Bono ha tenido en el desafuero del teniente general Mena la oportunidad de ejercer mando en plaza y, sobre, de sobreactuar como una prima donna, dentro de la tradición que le distingue: Arresto domiciliario y retirada de la carrera a un profesional al que faltaban tres meses para jubilarse.
Pero, o muy corto es este militar, cosa que no creo en absoluto, o debería saber de antemano que sus palabras no podían acabar de forma distinta a como han acabado. Con su pase a la reserva, y con una sanción. Porque, en democracia, el militar está para obedecer al poder civil.
De paso le ha dado a la máquina propagandística de la izquierda una oportunidad de oro para ponerse en marcha con algunos de sus tópicos más queridos, ya saben, ruido de sables, la derechona, el 36 y todo lo demás. En fin, flaco favor le ha hecho este militar a la causa de mandar a su casa, cuando antes, al señor Zapatero, mediante el magnífico, eficaz y democrático mecanismo de depositar un voto en una urna.
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