Lo ha dicho el Tribunal de Defensa de la Competencia: que estamos ante una OPA dañina, que causaría daños irreversibles. Pero, quién cree a estas alturas a dicho Tribunal y , del mismo modo, quién confía en el dictamen al respecto de la Comisión Nacional de la Energía, con sus condiciones y su canesú.
¿Cómo es posible que dos órganos reguladores, formados por profesionales de lo suyo, conocedores del mercado y de la “competencia” versión española puedan tener opiniones tan radicalmente opuestas? Sólo resulta explicable si introducimos el ingrediente político, la salsa de todos los asuntos en este país. Incluso de los empresariales o por decirlo de otro modo, por supuesto de los empresariales.
¿Entonces, quién cree a los reguladores? Los distintos dictámenes sobre la oferta, el primero de la CNE de Maite Costa, con condiciones; el segundo del TDC, de Luis Berenguer- voto en contra-, y los vocales díscolos nombrados por el PP muestran a las claras que el papel lo aguanta todo dependiendo del escriba de turno y si no fuera por que en la calle hace demasiado frío, cabria pensar que los organismos deberían simplemente desaparecer por que su coste no sólo es alto en personal, por su ineficiencia.
Su dependencia es tal que seria mejor que formaran parte del ministerio de turno o que simplemente desaparecieran. Si no hay narices para construir organismos independientes, lo mejor es que no existan.
A más de uno en este Gobierno, como en los anteriores, se le debería caer la cara de vergüenza cuando habla de la independencia de los organismos reguladores. Es un debate perdido que se reproduce cada legislatura, con cualquier ejecutivo sea del color que sea, cada vez que se produce una OPA o una gran operación en la que hay grupos empresariales y financieros poderosos.
No digamos cajas de ahorro, cuyo modelo ha salido escaldado de esta OPA sobre todo por las críticas de un PP que todo hay que decirlo se mantuvo en silencio cuando La Caixa y otras tantas construyeron sus divisiones industriales, a medida que los bancos se retiraban del campo de batalla.
Hemos visto en esta OPA enfrentados también a Aldama y a Olivencia, cada uno de una parte y se enfrentan los bufetes y bancos de inversión más importantes, así como algunos de los gabinetes de comunicación y de influencias de mas copete del país.
Sin olvidarnos de la erosión sufrida por La Caixa, especialmente Fornesa, y Fainé e incluso Brufau, que se juega tanto como los otros en el envite. Por cierto que el dictamen del TDC habla del control que ejerce Repsol sobre Gas, un asunto controvertido porque puede coincidir con las denuncias de Endesa. Cuitas que al parecer siguen en la alargada mesa de estudio de la CNMV.
Amén de la implosión de UNESA, y del órdago de Pizarro y Miranda, sin marcha atrás o la delicada posición de Iberdrola, competidora, tercera invitada en discordia, pendiente y en exceso dependiente de la OPA con Galán ojo avizor.
Todos juntos, bancos, abogados y asesores de comunicación, provocan cada día tanta polvareda respecto a la OPA que es difícil seguir en qué momento procesal se encuentra tal o cual denuncia, a quién le toca pronunciarse sobre este o aquel litigio abierto y sobre todo si alguno de los informes conocidos sobre la OPA es o puede resultar independiente.
El caso es que nada es lo que parece en esta oferta por su empalagoso tufo político. Y por si faltaba algo ahora han entrado los hedge funds, que se supone que no vienen de parte de nadie, pero que veremos si atacan con cierta simetría o se basculan peligrosamente. Está bien que pidan cuentas a los gestores por los enormes gastos de la OPA y por sus previsiones, pero se habla de casi todo menos del precio que es lo importante y en Bolsa las endesas siguen muy por encima de lo que paga Gas Natural.
Queda el veredicto del Gobierno sobre la OPA, del que se puede esperar casi todo, aunque la prueba de fuego real estará en los mercados donde se juegan las auténticas batallas y donde los accionistas deciden.
Mas de un millón y medio de accionistas de una y otra compañías están deseando decidir sobre la famosa OPA, aunque son muchos los expertos que esperan al momento final para ver en qué quedan las famosas condiciones dinerarias.
Qué paradoja, además, el futuro de los representantes de Endesa y Gas Natural, y Repsol y La Caixa, más quemados que la pipa de un indio por esta OPA. Su futuro depende en gran parte de la moneda echada al aire que cayó en el patio de los Leones, de las Cortes, y está siendo devorada, a placer, por unos y otros. Lo dicho, una OPA que está haciendo mucho daño, casi todo lo que toca lo desacredita.
jesusgarcia@elconfidencial.com

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