TRASFONDO DE LA NEGOCIACION DEL ESTATUTO. El interés en toda España por lo que hoy mueve a la opinión pública catalana se ha reavivado al socaire de la polémica negociación del Estatuto, que prosigue en Barcelona y Madrid.
Pero, ¿qué quieren los catalanes de verdad? ¿Es la disyuntiva o privilegios o independencia? Mientras Rubalcaba dirige la negociación del Estatuto, de la que el valiente Zapatero se ha borrado, se nota más interés por esas cuestiones en el resto de España. Y los periódicos y las radios lo reflejan ahora a diario.
Patxo Unzueta, en un lúcido trabajo en El País titulado ¿Odian los españoles a los catalanes?, entra en la raíz del mentiroso mensaje nacionalista de allí (y vasco, como Unzueta nunca olvida): «El objetivo de los nacionalistas radicales no es tanto que los suyos odien a los españoles, como inculcarles la convicción de que son odiados por ellos». Propugna derrotar ese propósito luchando contra «los prejuicios anticatalanes», lo cual tal vez «favorezca que los políticos catalanistas abandonen por su parte el persistente mito, puro tópico, del expolio fiscal de Cataluña». Algo angelical, y tal vez vano, el propósito de Unzueta...
Las entrevistas de EL MUNDO con catalanes destacados en varios campos están ilustrando lo que parece ser incomprensión, no de Cataluña en el resto del país, sino de España en la mente de muchos catalanes. Dice el director de teatro Ricard Salvat: «No veo que se hayan ganado cotas de respeto hacia nuestra realidad catalana o como lo quieras llamar. Al revés, había mucho más interés en los 60 por lo que hacíamos en Cataluña que el que encuentras hoy». No ofrece una hipótesis convincente sobre ese cambio de actitud: «Prefieren que todo siga igual», se contenta con decir. Algo le podemos explicar: hace 40 años los catalanes venían, no a reclamar un trato de favor o la secesión, sino a enseñarnos modernidad, europeidad, democracia y tolerancia, y eran admirados y bienvenidos. Desde entonces prefieren mirarse el ombligo y declararse superiores. Claro... interesan menos.
Félix de Azúa, en una parte de su entrevista que sólo aparecía en la edición catalana de EL MUNDO, daba un ejemplo ilustrativo: «Cataluña ha sido tan franquista como el País Vasco. Eran sus bastiones económicos. Ayer, yo tenía puesta Catalunya Ràdio.Hablaban de la gente a la que le había tocado la Lotería. Y de repente oías los aullidos histéricos de una señora a la que le preguntaban: 'Senyora, què l'hi ha tocat molt?'. 'No', contestó ella. 'Però això és una putada per als de Madrid!!!'. Lo primero que pensé fue: bueno, ésta es una enferma. Pero también me pregunté: ¿por qué en Catalunya Ràdio lo que sacan como ejemplo de alegría de la Lotería es esta voz? La que nos está cayendo encima». Pero ¡hasta Azúa incurre en sus propios pecados!: «El PP, que elimine a su extrema derecha». Y eso lo son... Acebes y Zaplana. Un poco de honradez intelectual, señor Azúa. ¿Un Zaplana es el epígono español de Jörg Haider, de Jean-Marie Le Pen? ¿Hay una sola propuesta de extrema derecha en el PP? ¿Pretenden una tiranía fascista? Por favor... Le pierde a usted su nueva condición de rival político del PP en el albero electoral catalán. Pero no se puede jugar con conceptos como extrema derecha para describir al partido de la oposición. Ni es cierto, ni es justo. Demasiados años leyendo la prensa barcelonesa...
Finalmente, la cocinera Carme Ruscalleda: «Me imagino que la gente de fuera de Cataluña debe de pensar que se les va a cerrar un grifo, o que se les va a quitar una teta, y los catalanes estamos hartos de ser esa teta». ¡Grandísima! Habla así quien cobra 200 euros por comer a sus muchos clientes no catalanes...

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