Al juez Del Olmo le ha tocado, dentro del roscón de Reyes, la figurita de regalo: un chaval marroquí que salió escopetado del país un año atrás y que ha reaparecido ahora envuelto en la sangre de un crimen. Rachid Taichi, un prenda de 23 años con 17 antecedentes penales y 7 identidades falsas, fue expulsado de España y regresó como quien se toma unas vacaciones de verano, cruzando la aduana del aeropuerto con papeles falsos. El personal se indigna por esas pateras que vadean el Estrecho, atestadas de pobres desgraciados, sin sospechar que las auténticas alimañas no utilizan esta versión moderna de la Odisea: Taichi ha demostrado una vez más, como si hiciera falta, que Barajas es un coladero que funciona tan bien como una puerta giratoria.
Yo creía que el taichi era una especie de gimnasia china que hace mi madre para mejorar las cervicales y la riñonal, y resulta que también es el nombre de una de estas escorias humanas que Marruecos exporta de cuando en cuando. Del tráfico de drogas al asalto vikingo a hachazos, este angelito había hecho de todo, pero ha tenido que llegar la sangre al río para que volvamos a verlo entre rejas: ha tenido que asestar una puñalada mortal, en medio de una reyerta nocturna a botellazos en el centro de Madrid, para que lo retiren al fin de la libre circulación.
Taichi es algo así como un agujero negro puesto en pie, una cloaca de violencia que no se corta ni un pelo: los polis que intentaron detenerlo ya saben de qué estoy hablando. No sabemos si además fuma, pero resulta incomprensible que una joya criminal de tales características anduviera suelta por Madrid como Pedro por su casa. No va a quedarnos más remedio que irnos acostumbrando a unas leyes que usan redes para pescar ballenas en los delitos de sangre y raquetas de tenis en las declaraciones de Hacienda o en las multas de tráfico. Como demostró Farruquito, sale uno mucho peor parado si aparca en doble fila que si conduce sin carné, se salta un semáforo, mata a un peatón y luego se da a la fuga. No ha sido el único: recuerdo que un atracador que además conducía con coche robado e invadió la calzada, también salió libre y no le obligaron ni a pasar la fregona para limpiar de sangre la acera.
Algo huele a podrido no en Dinamarca, sino en unas leyes que permiten aberraciones de este calibre. Porque lo mejor de todo el lote es que, para que no falte de nada en su expediente, Rachid Taichi también estaba implicado en la trama criminal del 11-M.Con la celeridad de un pistolero malo, Del Olmo tardó 35 días en desenfundar el revólver. Cuando quiso reclamarlo como testigo, hacía tiempo que Taichi estaba tomando el sol en Marruecos. A lo mejor, cuando termine de digerir el roscón y vuelva a colocarse la toga, el juez nos sorprende llamándolo a declarar como testigo del peor atentado en la Historia de Europa. Pero no nos precipitemos: ya sabemos que no hay que pedir peras al Olmo.

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