Aquel granero de vanguardias en que se convirtió la transición política española ha desaparecido. Son muchos los que hoy ya no ven la transición política como un modelo eficiente y democrático y del cual la gente de la calle pueda sentirse orgullosa. El franquismo se conectó con una derecha anterior y posterior mediante esta transición ­poco modélica­ que se ha perfilado cada vez más como una victoria de la derecha vigilada por uniformes seculares.
De hecho en los pueblos se conocen muchos ex represaliados pero pocos ex fascistas. Se pudrió el granero y aquella vanguardia está en una encrucijada después de admitir la bandera de los militares facciosos contra un gobierno legítimamente constituido y con la que se asesinó a miles de ciudadanos. Treinta años después, para seguir siendo beneficiaria, se aplica el gesto de la avestruz ante un Monarca que no tiene que rendir cuentas a nadie de los 8,5 millones de euros anuales que recibe del erario público, independientemente de las cruces que se pongan en las casillas de la declaración de la renta. Viçent Navarro, catedrático de Políticas Públicas, ha recordado recientemente que «en ningún país democrático habría pasado inadvertido ­como ha ocurrido en el nuestro­ el hecho de que la gran mayoría de asesores económicos del Monarca ­Prado y Colón de Carvajal, Mario Conde, Javier de la Rosa, Alberto Alcocer y otros­ han terminado en la cárcel o están a punto de ir». En la República de Chile estos días la ley ha conseguido sentar en vida al dictador Augusto Pinochet en el banquillo de los acusados en el marco de una pacífica transición política con la participación ciudadana en la que amnesia no es amnistía para los golpistas y adlátares. Por contra, al dictador Francisco Franco, que no fue capturado vivo, le deberíamos la sal, el agua y por supuesto por extensión casi hasta la democracia. En la operación «Príncipe Juan Carlos I» que cuajó en 1969, ha sido el franquismo moribundo y después el añorado quien ha ido marcando las notas de su discurso, sin miedo a reflejar los orígenes y las esencias de un régimen antidemocrático.

Al respecto los documentos del Departamento de Estado de EEUU, más recientes que los papeles de Salamanca, han señalado que «el Rey fue variando su posición en respuesta a la percepción de que si no permitía cambios, podría perder el poder». Con esta herencia de la ideología franquista, auténtica despensa en la actualidad de formas de hacer, no hay posibilidad de aceptación del hecho diferencial porque lo diferente es su secular adversario y enemigo.

Incluso han generalizado, carentes de sabiduría interna, este pensamiento más allá de sus fronteras al considerar que los croatas sean sólo croatas, es casi un acto criminal a pesar de una guerra... Sin embargo no les interesa recordar, carentes de sabiduría interna, que con las campanadas de medianoche de 1993 Chequia y Eslovaquia (que bonitas que son las copas de cristal de Bohemia) decidieron no compartir soberanía. Un romántico ejemplo de vanguardia popular en la comunidad europea.

Podría parecer una contradicción pero la vanguardia es también popular aquí. La acción de progreso, el intento de ir por delante, el avanzarse un poco al tiempo de los demás, coincide y es compartido en Euskal Herria por miles de ciudadanos. No es por tanto una cosa de minorías coincidir con los «delanteros». El año termina y empieza con estas coincidencias.

Concluyó con las concentraciones del último viernes del año y en la próxima manifestación del día siete en Bilbo en solidaridad con los presos políticos vascos aparece de nuevo una vanguardia popular para que el repetido deseo deseado del consejero Balza siga sin cumplirse.

Bajo los parámetros de la transición ­poco modélica­ no ajenos a la historia de la España franquista, resurge con esperanza una nueva manera de ir rescribiendo el pasado y el futuro. La esperanza permite resistir.