Sobre el camarada Ricardo (I), (II), (III) y (IV) de Giaime Pala en La Insignia
Publicado originalmente en el nº 96 de Mientras tanto.
A mio padre Salvatore.
Los autores que recientemente se han ocupado de la figura intelectual de Manuel Sacristán han señalado el bienio 1968-1969 como uno de los periodos críticos de su actividad política, marcado por dos factores: su dimisión del Comité Ejecutivo del PSUC (*) y la evolución de los acontecimientos internacionales que dejaron en él una huella profunda (1). Así, Francisco Fernández Buey remarca que a raíz del mayo francés y de la invasión de Praga por las tropas del Pacto de Varsovia, se hizo evidente para Sacristán la necesidad de llevar a cabo una "autocrítica del leninismo" que recuperara la misma idea de socialismo, al margen de los extremismos parisienses y del burocratismo "rusiano". Más en concreto, el autor recuerda el impacto que tuvo en los jóvenes del PSUC una entrevista a Sacristán de 1969 publicada en Cuadernos para el diálogo, en la que éste advertía, en relación con los problemas del comunismo internacional, que la recuperación del marxismo por abajo era más urgente que nunca puesto que iban a suceder "cosas aún peores":"Eso nos impresionó mucho entonces a los más jóvenes y le dio fama de pesimista en los círculos dirigentes. Pero acertó" (2).
Juan-Ramón Capella, al tratar de la dimisión y divergencias de 1969, pone el acento en el temor de la dirección del PSUC de que Sacristán pudiera desplegar una batalla frontal en su contra: "Hay indicios claros, de todos modos, de que algunos miembros de la dirección del PSUC, al menos en el período que media entre la dimisión (enero de 1969) y la razonada carta en que la documenta para el comité ejecutivo, temieron que Sacristán se lanzara a tal batalla (3)"
Ambas afirmaciones hacen referencia, pues, a la repercusión que tuvieron en el seno del partido las opiniones de Sacristán y su decisión de dimitir. Pero, ¿cómo fue visto y abordado realmente el "caso Ricardo" (nombre de guerra de Sacristán) por la dirección del PSUC? Para responder a esta pregunta vamos a presentar en este trabajo una reconstrucción de los hechos que tenga en cuenta no sólo su punto de vista, sino también el del Comité Ejecutivo del PSUC, utilizando toda una serie de documentos todavía inéditos conservados en el Archivo Histórico del Partido Comunista de España y en el Arxiu Nacional de Catalunya (4). Este enfoque nos ayudará a recomponer todas las piezas del problema y saber más sobre la actividad de Sacristán en Nous Horitzons, para finalmente delinear lo que, en definitiva, fue un pequeño fragmento de la larga historia del Partido Socialista Unificado de Cataluña.
De la discusión de enero al verano de 1969
La edición de Salvador López Arnal de una nota autobiográfica de 1969-1970 en la que Sacristán reflexionaba sobre sus años de militancia (5), demuestra que la decisión de dimitir del Comité Ejecutivo no fue repentina, sino "molecular", eso es, fruto de una reflexión lenta pero cada vez más consciente en el que entraban de lleno cuestiones de carácter personal y político, como la situación del Movimiento Comunista Internacional y una creciente desconfianza hacia la calidad y los métodos de dirección del Comité Ejecutivo del PSUC (6). Las perplejidades y el malestar de Sacristán salieron finalmente a la superficie en una reunión del Comité Ejecutivo del 27 de enero de 1969, en la que se produjo una violenta discusión entre él y los compañeros de la dirección sobre el enjuiciamiento del Estado de Excepción decretado por el régimen franquista apenas unos días antes. Sacristán se marchó de la reunión no sin antes anunciar su decisión de dimitir como dirigente del partido, aunque López Raimundo era consciente de que ello no se debía a una momentánea reacción colérica: "Es seguro que no se trata de una explosión, sino de una decisión adoptada antes de venir a la reunión. Antes de empezar la reunión yo le propuse a Ricardo vernos el jueves o el viernes. Por otra parte, Bruch (Miguel Núñez) me había explicado una discusión tenida con Ricardo antes de mi llegada, en la que éste le expuso su desconfianza en la capacidad de nuestro núcleo de dirección. Otro antecedente puede ser su conflicto con Luis (Antoni Gutiérrez Díaz) en torno al documento de las 1.500 firmas, después del cual se negó a tener relaciones directas con él, por lo que ahora era Bruch quien le convocaba. Su deseo de dimitir es, sin embargo, más antiguo. La última vez que yo le vi antes de marchar (López Raimundo se refiere aquí a un encuentro precedente a la reunión del Ejecutivo) volvió a decirme que deberíamos quitarle del Comité Ejecutivo y del Comité Central. Pero al final de la conversación no sólo retiró su petición sino que pidió seguir de responsable de la célula de Nous Horitzons, de la cual yo había aceptado que se le relevase. Mañana veré a Bruch y le pediré que os haga un relato de la conversación con Ricardo a que me refiero anteriormente. A la vez, veré con él qué procedimiento seguir para insistir en que Ricardo discuta con nosotros aunque sólo sea para presentar su dimisión y resolver los problemas de ser relevado en la forma más conveniente" (7).
Josep "Román" Serradell, desde París, le contestó a López Raimundo proporcionándole algunos "consejos" acerca de la manera de reentablar la relación con el filósofo, entre ellos, el citarse personalmente y discutir con más tranquilidad sobre su descontento: "Querido Miró (Serradell) (…) Tomo nota de lo que me dices en tu carta respecto a como tratar el problema surgido con R. (Ricardo). La dificultad para aplicar tu consejo estriba en que el día del drama, antes de despedirse a la francesa, rechazó rotundamente mis propuestas para vernos y hablar mano a mano. Y lo peor del caso es que ésta era ya una decisión suya antes de empezar la reunión, puesto que entonces rechazó la invitación que le hice a fijar fecha para vernos. De momento creo que no podemos hacer otra cosa que esperar a conocer su reacción posterior y, cuando se presente la ocasión, enviarle un embajador para reiterarle la oferta de vernos. Dudo, sin embargo, que esto ocurra pronto" (8).
Sin embargo, y por vías indirectas, López Raimundo conectó con Sacristán pocos días después aunque le fue imposible concretar una cita por la situación de emergencia creada a raíz del Estado de Excepción. La detención de Jesús María Rodés y Ángel Abad permitió a la policía descubrir el organigrama de la Comisión de Educación y Estudio del PSUC (9) y obligó a todos sus miembros, incluido Sacristán, a pasar a la ilegalidad y a cambiar de alojamiento como medida de seguridad: "Hasta ahora no he podido seguir tus consejos respecto a R. (Ricardo). De manera fortuita supe el lugar en que se alojaba, circunstancia que aproveché para proponerle una entrevista. Contestó aceptando, pero al día siguiente me envió un aviso diciendo que se cambiaba de 'alojamiento' y que no podía venir a la entrevista. Ahora no sé donde para. Pero de cualquier modo le he enviado un nuevo recado para que me cite él mismo cuando lo crea oportuno. Hay que decir que en mi primer mensaje ya le decía que podía señalar la fecha que le conviniera. Pero su respuesta parece indicar que no desea por ahora tener relación directa conmigo. Por si le hace falta, le enviamos dinero, pero temo que lo devolverá" (10).
Las numerosas detenciones de febrero de 1969 (según la dirección más de cien) habían demostrado la poca preparación del partido para hacer frente a una represión que se había revelado más fuerte y sistemática de lo previsto. A través de intermediarios, López Raimundo conoció la opinión de Sacristán sobre la decisión de la dirección de seguir movilizando al partido a pesar del varapalo sufrido: "(Según Ricardo) es una locura pretender que los camaradas 'buscados' sigan trabajando; a su juicio éstos deben desaparecer de la circulación y la organización misma debe resguardarse al máximo hasta que amaine el temporal. Me dicen que Ricardo comentó nuestra actitud como una muestra de que tenemos tanto valor como poca inteligencia (…) En todo caso Ricardo contestó a mi demanda rechazando cualquier entrevista… por ahora. Un buen síntoma me parece, sin embargo, que haya aceptado el dinero que le envié y que seguramente le hacía falta. Estaremos alerta para hacerle llegar ayuda, aunque no sabemos cómo localizarle directamente" (11).
Para Sacristán no tenía sentido lanzar hacia la nada a la militancia, o, lo que es lo mismo, dar estériles pruebas de coraje en un momento en el que la organización era molida a palos por la policía. Desde luego, él no podía aceptar la cultura del martirologio propia de los veteranos del partido, según los cuales, como afirmaba un entusiasta Miguel Núñez "en estos días de prueba, el PSUC, los comunistas, aparecemos como los luchadores, los dirigentes que no se asustan ni doblegan, que sabemos hacer frente al enemigo y estimular y encabezar la reacción de todo el pueblo contra la dictadura" (12). Una dirección que, después de haber calificado el Estado de Excepción como último recurso para frenar "la extrema debilidad y avanzada descomposición del régimen dictatorial del general Franco" (13), achacaba la culpa de las caídas de febrero a los detenidos que no habían sabido resistir a las torturas (14): "sin las culpables debilidades de algunos camaradas detenidos que han originado la extensión de la redada, las cosas no habrían ido tan lejos y no habrían causado tanto daño al Partido" (15).
De todas maneras, la dirección del partido perdió todo tipo de contacto con Sacristán a partir de marzo de 1969, pese a los esfuerzos de López Raimundo por ofrecerle una nueva entrevista un mes después: "La carta que yo le envié en abril y que no pudo llegar a sus manos, de la que hicimos copia aquí antes de tu marcha y que tienes ahí en el archivo, era precisamente para proponerle una entrevista" (16). Será "Román" Serradell quien vuelva a hablar del tema en un informe de junio de 1969, cuando ya había menguado el temporal y el partido estaba en plena fase de reconstrucción después de las caídas de los meses anteriores: "Sobre el camarada Ricardo. Hasta ahora la única señal de existencia que ha dado es que sabemos que ha cotizado en la 'C' (célula) de la revista (Nous Horitzons). Esto es un buen síntoma. Pero en relación con los problemas pendientes (de su dimisión), esta es la hora que pida discutir, simplemente hablar o tener un contacto con camaradas del Núcleo (Comité Ejecutivo). En la pasada reunión se hizo algún comentario al conocer la noticia de que había enviado un artículo para su publicación, cosa que hemos considerado otro elemento positivo. Pero algunos de nuestros camaradas se inquietan y ponen sobre el tapete la necesidad de insistir para que se discuta con Ricardo. Esto es debido principalmente al hecho de lo que queda por ver con Ricardo y, además, porque en el frente de intelectuales hay bastantes interferencias políticas que bien se pueden caracterizar de muy negativas y que responden a las ideas políticas que el camarada Ricardo mantiene y a la influencia personal que vosotros sabéis que él ejerce entre muchos militantes de este frente de trabajo. Aproveché la oportunidad para explicar a los camaradas lo que ahí (en París) habíamos hablado sobre este asunto, precisando la opinión que Martín (López Raimundo) tiene sobre este asunto (o por lo menos la que entonces tenía) llegando a la conclusión que no debíamos hacer nada que marchara en contradicción con esta opinión, que debíamos esperar a que ahí vierais el asunto. Para ello encargamos al camarada Serós (Josep María Serós) que os hablara del asunto y cuando tuvierais oportunidad nos daríais vuestras decisiones. Yo le envío (a Ricardo) todas nuestras publicaciones" (17). ¿Cuáles eran estas "interferencias políticas" de las que hablaba Román? ¿Realmente, qué grado de influencia ejercía Sacristán en los ambientes intelectuales del partido y por qué inquietaban a algunos miembros de la dirección? Para responder a estas preguntas y, sobre todo, para entender mejor el posterior debate en el Ejecutivo de otoño de 1969, tenemos que detenernos en algunos asuntos poco conocidos que contribuyeron a alargar la distancia entre el Comité Ejecutivo y "Ricardo".
El verano de 1969
La bronca de enero en el Comité Ejecutivo no supuso para Sacristán una suspensión de la militancia ni de su actividad intelectual: en la primavera de 1969 reanudó los contactos con la célula de Nous Horitzons y con los estudiantes del partido en línea con su propósito de seguir con la actividad política, aunque fuera en la base del PSUC o en los sectores intelectuales. Por otra parte -y conviene señalarlo desde ahora-, Sacristán ni hizo pública la pelea de enero ni llevó a cabo ningún tipo de maniobra, por así llamarla, "descalificatoria" hacia los miembros del Ejecutivo, por mucho que, como veremos más adelante, ya había perdido la confianza en sus capacidades de dirección. Eso sí, lo que él no estaba dispuesto a hacer era renunciar a seguir manteniendo algunas ideas ya expuestas con anterioridad y que ahora le acarrearán más desencuentros con la dirección.
La primera polémica después del choque de principios de año tiene que ver con Nous Horitzons y con la publicación, en 1969, de una obra que dio mucho que hablar. Entre 1967 y 1968, un conocido intelectual barcelonés afincado en París, Sergio Vilar, entrevistó a 91 protagonistas de la oposición al régimen, dividiéndolos escrupulosamente por áreas geográficas y tendencias políticas (izquierda, centro y derecha). Resultado de su trabajo fue la publicación de un libro que se sigue citando hoy en día, Protagonistas de la España democrática. La oposición política a la dictadura. 1939-1969 (18). Es esta una obra ambigua, metodológicamente incorrecta en cuanto ofrece al lector la imagen de un país políticamente"normalizado", en el que todo el abanico de tendencias ideológicas estaba orgánicamente representado en una supuesta arena política antifranquista. En efecto, sería como mínimo dudoso aceptar dentro de la categoría de "opositores al franquismo" individualidades como José María Gil Robles, Joaquín Satrústegui o Santiago Nadal, cuyo pasado y ambigüedad a la hora de moverse en los ámbitos anti o afranquistas provocaba recelos en los ambientes de la izquierda.
Entre los comunistas catalanes entrevistados estaba Sacristán, quien aprovechó la ocasión para formularle a Vilar alguna críticas sobre su manera de concebir el relato del pasado y para explicarle su personal "teoría de la antibiografía": "A mí me parece que el interés biográfico y personal que se observa muy a menudo ahora en España en cuestiones de política o de ideología y teoría y que en parte se ve en el planteamiento del libro tuyo, es una manifestación más, triste como todas, de la pobreza cultural y política del país. El hecho de que se pongan en primer término las aventuras personales de la gente, es simplemente pobreza política y pobreza cultural (…) Tanto por lo que te he dicho antes cuanto por mis propias ideas, no me interesa ni me parece significativo nada centrado en mi persona. Me interesa estrictamente el valor histórico objetivo que pueda tener lo que yo haya vivido o lo que yo pueda pensar, o su falta de valor. Yo comprendo que otras personas entrevistadas puedan en cambio conceder mucho valor al elemento personal, pero eso marca precisamente mi diferencia de ideas con ellos" (19).
En efecto, las entrevistas de Vilar a los dirigentes del PSUC (20), lejos de prestar atención a la significación político-histórica de los acontecimientos más destacados de la última década, parecen más bien entrevistas de corte periodístico sobre la forja política de las cabezas visibles del partido, en un intento de explicación del proceso de formación "ejemplar" de éstas que, ante los ojos de los lectores, se proponía desempeñar un propósito de imitatio Christi basado en la demostración de que los comunistas eran intachables hombres de acero, héroes que no se doblegaban ante nada. De ahí podemos entender el gusto esteticista de Vilar en describir los detalles de la cárcel, como si nos encontráramos en una película de Frankenheimer o Jacques Becker. Así, mientras algunos entrevistados del "centro" y de la "derecha" aprovechaban la ocasión (puesto que carecían de un curriculum antifranquista reconocido) para desglosar su visión de la futura España democrática, las preguntas a los comunistas insistían, una y otra vez, en anécdotas relacionadas con la cárcel de Burgos o la comisaría de Vía Layetana, ya que para Vilar resultaba "aleccionador que un señor te cuente que ha estado uno, cinco o quince años en la cárcel por motivos políticos. O que un obrero cuente que ha estado varias veces detenido por ir a la huelga a defender su pan. Yo creo que eso es muy interesante, e incluso 'formativo', políticamente, o cuando menos moralizante para toda la gente que lo lea" (21).
De todos modos, el libro gustó poco dentro del partido y aún menos la petición de ingreso de Vilar en el PSUC en la primavera de 1969. Serradell daba constancia del malestar con el que se recibió esta noticia: "En general hay bastante reservas y los camaradas piensan que quizás lo mejor será esperar a que éste madure. Se le caracterizó de persona arribista; que seguramente no estará mucho en el Partido; hombre no muy claro. Además, tú sabes (escribe a López Raimundo) que hay bastantes de los personajes de su libro que sacan fuego por la boca contra él. Me parece, pues, que como dicen los camaradas, lo mejor será esperar a darle el ingreso y ver de conocer más a este hombre. De todas maneras, vosotros decidiréis" (22). Entre los intelectuales el descontento era incluso mayor: "Saltor (M. Núñez) ha explicado como Sergio Vilar ha ido pidiendo dinero para publicar el libro, dinero que dicen aquí no ha conseguido; como a gentes que entrevistó les pidió dinero y al no dárselo no ha publicado su interviú. Estas cosas han causado mucha irritación aquí en Barcelona, sobre todo en los círculos intelectuales" (23).
Sin embargo, pese a la desconfianza que provocaba el personaje en amplios sectores de la organización, la dirección de París decidió incluir en el proyecto del número 17 de Nous Horitzons, una reseña sobre el libro. La respuesta de la redacción de la revista, a la sazón coordinada por Sacristán, no se hizo esperar: "Prenem nota del projecte NH-17. Unes observacions concretes, preses per unanimitat: la nota o la ressenya sobre el llibre de SV (Sergio Vilar) -de 'libel repugnant' ha estat qualificat- no es pot encarregar de cap manera al seu autor. Si es fa ha de ser molt crítica -tothom está indignat, almenys aquí, i les notícies de Madrid encara són més tremendes- i en tot cas no pot anar dins la secció d'Història, sinò en la crítica de llibres" (24).
La admonición no fue óbice para que París publicara en el número 17 una reseña muy elogiosa del libro junto a un fragmento de la entrevista del libro a Miguel Núñez (25), a la que la célula de Barcelonesa replicó con una resolución de principios de agosto, redactada por Sacristán y aprobada por unanimidad, que contrarió a López Raimundo: "Te adjunto una carta de respuesta a la que nos envió Vernet (Francesc Vallverdú). Como veréis, se trata de una respuesta bastante polémica. Si consideráis que no es oportuna la guardáis y le decís de palabra lo más indispensable. Aunque no lo decimos en la carta -para evitar revuelo- pensamos publicar en el número 18 un capitulo titulado 'JUAN CORNUDELLA EN EL LIBRO DE SERGIO VILAR' y seguir presentando en números posteriores a otras personalidades catalanas que aparecen en dicho libro. En nuestra carta no decimos nada de la resolución de la célula de NH pues me parece que esta cuestión es necesario intentar discutirla primero con Ricardo, autor principal o exclusivo de la misma" (26).
Dado que era imposible prohibir la reseña, los redactores de Nous Horitzons enviaron a capital francesa un escrito de elaboración colectiva -con participación de Sacristán- a publicar en la sección de la revista "Lliures opinions", en la que se desmarcaban de los elogios del reseñador: "Els sotasignats no compartim aquest judici elegiós. No solament per una qüestió de gust, ni menys perquè considerem inútils les dades histórico-polítiques. Al contrari, creiem que les memories politiques dels homes que han lluitat durant decennis són peces molt importants per a la preparació política de tots nosaltres (...) Creiem, en canvi, que no té cap mena de interés, ni polític ni d'altra classe saber que tal dirigent comunista ha aprés a la presó a domesticar ocellets. (Es tracta de Miquel Núñez, víctima de la impudicia literaria de Sergio Vilar). El mal gust de l'efusivitat 'humana' del senyor Vilar és fruit d'una ínfima moral política que confón constantment -des de el mateix plantejament del llibre- la propaganda amb la publicitat. Potser caldrà admetre -i fins i tot presuposar-ne l'adhesió a una tal técnica- en polítics que representen les classes i les capes socials inventores i promotores de l'obscenitat anomenada publicitat comercial (...) Les quasi 750 pàgines del senyor Vilar són una ampliació mastodòntica de la secció de safarderies personals de 'L'Express' o de 'Der Spiegel': el seu reportatge implica que el final d'un feixisme sigui més o menys com la pantomima periódica entre socialdemòcrates i conservadors clericals a França, a Alemanya o a Italia. Per això el periodista deu haver cregut que amb aquest spot d'un parell de quilos explotava lícitament la seva possibilitat d'esdevenir el Servan-Schreiber celtibèric. Amb la seva operació contribueix a difondre una de les il·lusions més perjucidicials de les que poden efuscar els espanyols: la il·lusió de la 'normalitat' política. Encara bo que no la difondrà gaire: la seva mercaderia, a la manera de la resta d'articles venuts pels traficants de llibres pornogràfics, costa a casa nostra mil pessetes rodones" (27).
Esta nota contribuyó a tensar aún más las relaciones entre París y los intelectuales del interior: "Os adjunto copia de la nota que V. ("Vernet") ha enviado para publicar en NH. Esta tarde discutimos el Plan de NH y vamos a verla colectivamente, pero mi opinión es que se trata de una nota inadmisible, que no sólo no debemos publicar sino que convendrá discutir a fondo con sus autores" (28). En efecto, la nota fue censurada, lo que provocó la dimisión de un enfurecido Vallverdú (29) y una protesta formal en la que se advertía: "Respecte a la lamentable qüestió de la carta a 'Lliure opinions' discrepem de la forma amb que l'assumpte ha estat portat, ja que la llibertat d'opinió en aquesta secció ha de ser garantida. En tot cas, alguns de nosaltres han estat criticats obertament en la revista i nosaltres no hem imposat cap veto (…) En endavant us demanem formalment: 1) Que respecteu les opinions comunicades a aquesta secció; 2) Que no reproduïu cap més fragment del llibre de S. Vilar sense consulta prèvia" (30).
Este contraste de pareceres sobre las entrevistas de Vilar había puesto de manifiesto una de las diferencias de naturaleza, por así llamarla, "educacional" entre la "generación de la JSU" (la de López Raimundo, Serradell, Núñez, Salas, etc.) y "la de 1956" (la de la célula de la revista). Un rápido cotejo de las distintas memorias que estas dos generaciones nos han legado nos ayudaría a entender la causa de ello: mientras los recuerdos de la primera se centran en las difíciles pruebas por las que tuvo que pasar (guerra civil, maquis, la dura represión de los años cuarenta y cincuenta, etc.), es decir, en la capacidad de resistencia como hecho diferencial de la cultura comunista, los de la segunda se fijan principalmente en cuestiones personales (formación cultural y política) y en el análisis de los acontecimientos vividos. En definitiva, salía a relucir una diferente manera de "registrar la imagen comunista" (el martirologio vs el análisis) que a veces -como en este caso- provocaba desacuerdos y tensiones, lo que tampoco hubiera sido demasiado grave de no seguir abierto el contencioso entre Sacristán y el Comité Ejecutivo, que seguirá agravándose a raíz de esta discusión (31).
Un segundo factor de tensión fueron las opiniones de Sacristán sobre la Primavera de Praga, recogidas en una entrevista concedida a Cuadernos para el diálogo y publicada en agosto de 1969 (32), en la que nuestro autor pasaba a reseña -como hemos dicho- la dimensión real de la acción de Dubcek para denunciar, a renglón seguido, la degeneración del aparato de poder soviético (33). Para el Comité Ejecutivo, estas reflexiones venían a representar un problema en cuanto volvían a poner sobre la mesa el papel de la Unión Soviética y del posicionamiento del PSUC frente a ella: sólo había pasado un año de la invasión de Praga y del violento debate interno que a punto estuvo de romper la unidad del PSUC, y los malhumores no se habían apagado del todo (34). Además, como la base no estaba enterada de la ruptura de enero, las posiciones de Sacristán podían ser consideradas legítimamente como "oficiales". La dirección, cuya posición ante la ocupación de Praga fue la del "no aprobamos", frente al "aprobamos" de la base obrera y al "condenamos" de los intelectuales-estudiantes, notaba que la entrevista volvía a suscitar inquietudes en las filas de la organización. Valga como ejemplo, una carta de Serradell sobre los intelectuales: "Ayer me explicó Saltor que en una reunión del Secretariado de la CPI (Comité de Profesionales e Intelectuales) se ha producido una situación bastante difícil. Tres de los camaradas (entre ellos el responsable de Educación) han hecho serias críticas sobre el desánimo que hay en su sector y piden su incorporación a la organización territorial del Partido. El resto de los camaradas del Secretariado están muy vacilantes. Según me dice Saltor, esta reunión ha afectado mucho al camarada Julià (Gutiérrez Díaz), el cual como os he dicho está muy sensibilizado y algo exasperado porque opina que en todo esto hay la proyección de las posiciones del camarada Ricardo y de sus amigos. Por otro lado en este sector hay gran interés para que el Partido opine enseguida sobre la interviú del Prof. Sacristán en CUADERNOS PARA EL DIÁLOGO. En este orden en Tarrasa ha ocurrido lo siguiente: un intelectual de la localidad, al cual se había pedido un editorial para EL PULSO, entregó unos cuantos folios con textos íntegros de Dubcek sacados del libro editado por Ariel, más otro artículo con parte de la interviú del Prof. Sacristán que antes he mencionado. Los camaradas le han devuelto los artículos diciéndole que si quiere discutir sobre Checoslovaquia que lo haga dentro del Partido (…) En fin. Ya existen demasiados signos que traslucen, creo yo, que si no abordamos las cuestiones relacionadas con Ricardo, las cosas pueden tomar un giro preocupante" (35). Hay referencias, en otros muchos informes, sobre el hecho de que la entrevista estaba siendo discutida también en las células estudiantiles, las cuales ya llevaban tiempo aceptando la tesis de Sacristán de una crítica definitiva respecto al socialismo de los países del Este, como señalaba Núñez en febrero de 1969: "Sobre los problemas del MCI (Movimiento Comunista Internacional) los estudiantes tenían dos orientaciones: la que les dábamos nosotros y la que daba Ricardo, haciendo suya en general la de éste (36)".
Por último, y en conexión con el tema de Checoslovaquia, no se puede pasar por alto otro aspecto que ha pasado desapercibido y que sí el Comité Ejecutivo tenía claro en achacarlo a la longa manus de Sacristán. A principios de verano de 1969, el Comité de Estudiantes del PSUC organizó un seminario para sacar las conclusiones de su actuación en el último año y analizar la política del partido. El informe final fue publicado en el número 18 de Nous Horitzons y contiene un párrafo (que no se ciñe al partido en la Universidad, sino al partido tout court) que tenemos que citar para que el lector pueda tener a su alcance todos los elementos para enjuiciar el posterior debate que se desarrollará en el Comité Ejecutivo: "Una de les fonamentals (necessitats) és la superació del desfasament entre la nostra influència i el nostre nivell d'organització. Cal enfortir-se en el pla teòric i organitzatiu, arrelar-nos més en les masses i acréixer les nostres files. Hem d'obrir la nostra organització, abandonant els criteris rigids, tractant d'organitzar d'una manera flexible aquells que estan a prop nostre. Hem de promocionar també noves generacions de militants a tasques de responsabilitat i de direcció política" (37). En el siempre eufemístico y elíptico lenguaje comunista "interno", el que los estudiantes señalaran que el partido padecía un "desfase" entre el nivel teórico y práctico, que dentro del mismo existían "formas rígidas" de organización y que lo que se necesitaba era mayor espacio para los jóvenes en los órganos de dirección, eran formas de expresar un cierto descontento hacia los "de arriba": así lo verá también la dirección del PSUC en la reunión de 25 de septiembre que analizaremos más adelante. Críticas como éstas se iban extendiendo y repitiendo en las reuniones de agosto de 1969, y, por mucho que Gutiérrez Díaz o Núñez las edulcoraran hablando de "desánimo", la verdad es que eran tan insistentes que incluso dentro del Ejecutivo se llegó a analizar el funcionamiento del Comité de Barcelona o el excesivo peso de algunos de sus miembros (es el caso de Núñez) (38).
Para unos dirigentes siempre atentos a captar las ondas "centrífugas" presentes en la organización, las divergencias con los intelectuales de Nous Horitzons y las posiciones de los estudiantes empezaban a ser vistas como un motivo de preocupación, sobre todo porque, directa o indirectamente, tenían que ver con un Sacristán que apenas unos meses antes les había formulado serias críticas sobre su manera de dirigir el partido. Pero cuando éste envió a la dirección una dura carta en la que motivaba su voluntad de dejar sus cargos para seguir en la base, lo que en principio no dejaban de ser temores se transformaron en problemas, y todo empezó a verse de otra manera en la cúpula: no importaba que nuestro autor declarase en la carta su intención de no librar una batalla abierta para mejorar la calidad de los órganos de dirección; lo que sí asustaba era tener en la base a un outsider cuya influencia en algunos sectores del partido era indudable, es decir, a una persona difícil de mantener totalmente a raya y, al menos potencialmente, capaz de aglutinar a su alrededor a un nutrido número de militantes que le hubieran respaldado en caso de que se hubiese decidido a hacer públicas sus críticas y llevar adelante un combate en contra de la dirección. Hoy sabemos que jamás Sacristán pensó seriamente en ello. Pero no está aquí el quid de la cuestión: lo realmente importante es conocer cómo enfocó la cúpula del partido en ese momento las divergencias del filósofo. Es ahora, y a raíz de estas consideraciones, que se desarrolla un tenso -e inédito- debate en el Comité Ejecutivo, en el que las posiciones de sus miembros no serán homogéneas, ya que habrá desde quienes sugerirán un diálogo con Sacristán hasta quienes propondrán una confrontación directa, o, para emplear sus palabras, "darle batalla".
La carta de dimisión de Sacristán y el debate en el Comité Ejecutivo del PSUC
Después de la última tentativa de abril, López Raimundo encargó a "Román" Serradell la misión, en agosto de 1969, de recuperar el diálogo con el filósofo por la siguiente razón (39): "Aunque no lo dices en la tuya supongo que le has hecho llegar la carta de la que envías copia. Si no lo has hecho todavía creo que sería preferible que le propongas exclusivamente celebrar una entrevista personal contigo. Como tú no estabas en la discusión del 27 de enero es posible que acepte más fácilmente verse contigo. Incluso si ya le has mandado la carta sería bueno que le ofrezcas la entrevista, pues si la aceptase sería una posibilidad de iniciar el contacto directo que es indispensable para resolver este problema" (40). El secretario general desconfiaba de los contactos por escrito y advertía, una vez más, de la necesidad de hablar directamente con el interesado para aclarar los problemas: "Acepto que tal y como están las cosas con Ricardo hay que esperar su respuesta y que la comunicación que le enviaste al llegar era de hecho una invitación a entrevistarse a la cual él no ha dado una respuesta. La carta que tú le has enviado me parece bien, pero mi insistencia en buscar la entrevista se debe a que tengo más confianza en la discusión personal que en la discusión por carta. Pero, repito, acepto que por ahora hay que esperar su respuesta" (41).
Y la respuesta llegó a manos de Serradell en una fecha muy cercana al 20 de septiembre de 1969 (42). En una larga carta, Sacristán exponía al responsable de organización del PSUC las causas que le empujaban a dimitir del Comité Ejecutivo para seguir militando en la base: si la política del partido le seguía pareciendo buena y su perspectiva respecto a los problemas españoles acertada, no podía afirmar lo mismo sobre los dirigentes encargados de llevarla a cabo, con cuya concepción burocrática del dirigir no podía seguir siendo solidario . Pero lo que más debió de asustar (y aquí el lector tiene que recordar las polémicas con los jóvenes estudiantes del verano) fue su alusión a la única solución idónea para volver a enderezar el rumbo del partido: "El modo como el núcleo dirigente del PSU de Cataluña, al que conozco ya algo, ha reaccionado a los problemas recientemente salidos a la superficie me quita cualquier esperanza de que ese grupo de hombres se pueda mejorar. Salvo aportación masiva (y, por lo tanto, hoy imposible) de miembros de las juventudes no hechos a imagen y semejanza del núcleo, este sólo asimilará (cooptará sólidamente) lo peor del partido en algún sentido (o lo menos inteligente, o lo más hipócrita)" (44).
Una copia de la carta fue enviada inmediatamente a París, mientras que en Barcelona fue distribuida a todos los miembros de la dirección. La primera reunión del Comité Ejecutivo en Barcelona en la que se comentan sus contenidos es la del 25 de septiembre, es decir antes de que la misma carta llegara a París. Los informes de ésta y de las demás reuniones que comentaremos son de Serradell, quien anotará escrupulosamente todas las intervenciones de sus colegas para conocimiento de López Raimundo. El primero en tomar la palabra fue Miguel Núñez, quien empezó enumerando las críticas a la dirección procedentes de los sectores intelectuales para, poco a poco, localizar la supuesta causa de ellas: "Existe una tendencia a luchar críticamente contra el Partido y su política. Pero esa lucha se ha realizado en posiciones de fuera del Partido, no desde dentro. Hay quien se considera depositario de las verdades del Partido. Desde el sector de Intelectuales y Estudiantes y en general desde todo el Partido, aparece una exigencia hacia la calidad del trabajo de la dirección del Partido (...) Hay que ganar la batalla ideológica en estos sectores. Hace referencia a las posiciones de la carta de Ricardo y al prólogo en el libro de Dubcek (...) Aparece una nueva política universitaria al margen de la política del Partido que se desarrolla en el órgano de nuestros estudiantes. El camarada Ricardo ha manifestado haber escrito la mayor parte de los editoriales de UNIVERSITAT y el Comité de Barcelona llegó a prohibir su salida (...) En mayo o junio hay una reunión de los dirigentes del Partido en la Universidad con el camarada Ricardo para discutir los problemas del Movimiento Comunista Internacional. Una gran parte de los problemas que llevaron a los estudiantes al curso de verano tienen su base en estas discusiones y aparecen con gran claridad en la discusión que se hace en el Comité de Estudiantes" (45).
En la misma línea se pronunciaban Cipriano García ("Valora la gran lucha de los universitarios. Pero dentro de ella hay actitudes vanguardistas. Opina que la posición de los estudiantes está influida por Ricardo") y Josep Maria Serós ("A lo largo de los problemas que nos ocupan se ven las opiniones de Ricardo"). En cuanto a la intervención de Gutiérrez Díaz, es preciso recordar que la relación entre él y Sacristán se habían interrumpido en julio de 1967, a raíz de una violenta polémica sobre los intelectuales que llevó al segundo a dirigirse al Ejecutivo para denunciar la conducta del primero, por "falsedad, abuso de autoridad y personalismo y compadrazgo en el ejercicio de la crítica" (46) y a declarase "incompatible con Luis" (47). Eso explica el tono alarmado de ésta y de las siguientes intervenciones de "Guti": "Sobre la carta del camarada Ricardo. Que en su intervención estará presente su reflexión sobre esta carta. Quiere tener una actitud benevolente ante esta carta. Él siempre ha tenido la idea de dar al Partido, a la lucha, y de no recibir nada (…) Hay un problema político bien de fondo y no se ha resuelto. Le hemos puesto parches. Hay muchos elementos de confusionismo: las opiniones de Ricardo sobre él; el artículo de Ricardo en NH (su publicación). Hay que ver si Ricardo tiene razón o no. Cree que en abstracto le estamos dando la razón, pero no en la práctica. Y esto debe zanjarse. Si Ricardo tiene razón, aunque sólo sea en un 30%, lo que corresponde es irse de la dirección del Partido. La situación demuestra nuestra insuficiencia. Nos encontramos ante una seria anomalía política. Sí, con inferioridad ante los problemas ideológico-políticos que plantean Ricardo y su grupo. Se muestra la insuficiencia porque no somos capaces de ganarlos" (48). Además del contenido de la reunión, Serradell adjuntó una nota en la que se quejaba de que "París" no le hubiera comunicado a Joaquim Sempere ("Josep Comas") -a la sazón enlace con Barcelona- una decisión sobre el caso: "Nos ha causado gran contrariedad que Josep no haya podido discutir las cuestiones que os habíais propuesto. Esto era importante para nosotros, pero de una manera especial nos interesaba conocer vuestras opiniones en tocante a los asuntos relacionados con Ricardo. En este momento, aquí es por donde 'nos aprieta el zapato'" (49).
La segunda reunión del Ejecutivo es del 14 de octubre y "Román" se detiene en explicar la posición de Gutiérrez Díaz, que llegó incluso a presentar su dimisión: "(a Julià) Le causa una gran preocupación el retraso en discutir la carta de Ricardo, tratándose, como se trata, de un problema grave. (Según él) Dicha carta está dentro de un proceso ideológico que es necesario precisar y discutir en las organizaciones del Partido (añádanse las cosas que recientemente ha hecho públicas). En el orden de las personas, la carta exige una investigación de lo que se dice y las correspondientes medidas contra quien corresponda. La carta y las opiniones del Comité Ejecutivo deben ser conocidas por el Comité Central para invitar al autor de la carta a que facilite los nombres de los camaradas que puedan aclarar los hechos. Exigencia de la presencia, en esta reunión, del autor de la carta. Remitir las decisiones a esta reunión. En orden a las acusaciones que contiene la carta y por necesidades psicológicas (recordó que López Raimundo nos dijo en una carta reciente y sobre este asunto que 'en las críticas más injustas siempre hay un fondo de verdad'), presenta la dimisión de sus cargos que le ha confiado el Partido en el Comité de Barcelona, Intelectuales y Comisión de Unidad. De tal forma lo planteó: dimisión de 'todos mis cargos', que también se entendía del C.E. Puedes comprender la situación que se creó en la reunión. Intervine yo y luego Saltor (Núñez). No veas lo que nos esforzamos para que hiciera marcha atrás. Después Julià volvió a intervenir, pero con otro tono" (50). De esta reunión sólo conocemos la intervención del futuro secretario general del PSUC, aunque Serradell confirmaba la tensión entre los asistentes ("Sólo te envío las conclusiones de Julià. La discusión ha sido movida").
La tercera reunión se celebró el 24 de octubre. Serradell y compañía esperaban que esta vez Sempere, que acababa de volver a Cataluña por segunda vez en pocos días, pudiera comunicarles las medidas a tomar respecto a Sacristán. Pero grande fue la decepción al enterarse de que París seguía sin pronunciarse, aunque Sempere pudo explicarles las directrices de López Raimundo para encauzar la discusión en el "interior": "Sobre la carta de Ricardo. Que ahí (en París) no se había discutido. Que este problema, según el camarada Gregorio, había que verlo en el contexto donde entra el trabajo fraccional. Que debemos pensar en la situación que puede crearse. En estos momentos la cuestión de la carta no es el problema principal. Que debemos esperar a que se discuta con la presencia del camarada Latorre. Que puede surgir la posibilidad de discutir con el camarada Ricardo. No se debe desencadenar batalla en este frente. El aspecto más peligroso de la situación está en la actitud de Eduardo y Agustín que no en la de Ricardo" (51). Estaba claro: por mucho que la disconformidad de Sacristán podía ser vista incluso desde el ángulo de la "labor fraccional", no había que llegar al choque de trenes con él, tanto por la influencia que tenía en el partido como por la situación que se estaba creando por la labor escisionista de los prosoviéticos Eduardo García y Agustín Gómez, que en ese momento preocupaba más (52).
Pero la cautela del secretario general no era suficiente para calmar los ánimos de los compañeros del Ejecutivo, quienes enseñaron sus cartas y empujaron para "solucionar" el contencioso de una vez. Según Núñez "La necesidad de discutir la carta de Ricardo es grande (…) Cuando se dice que es peligroso desencadenar batalla en frente de Ricardo se debe tener en cuenta que aquí la batalla ya está desencadenada y no por nosotros. Cree que el tiempo que se ha dado (es decir, aplazar una toma de decisión) ha sido justo. Pero estamos ante la perspectiva de ser las víctimas de esta batalla y estamos como elementos pasivos. Las posiciones de Ricardo están actuando" (53). Por tercera vez, intervino Gutiérrez Díaz para manifestar sus temores de salir damnificado y hacer hincapié en la necesidad de enfrentarse definitivamente a Sacristán: "Sobre la carta R. Hay que equilibrar el problema y ver la capacidad que tenemos para enfrentarnos con él. Ricardo intenta ponerse bajo la sombra del camarada Santiago (Carrillo) (…) Es posible que él (Gutiérrez Díaz habla de sí mismo) reaccione por elementos subjetivos que si no se aclaran puede convertirse en un hombre inútil para el trabajo de Partido. Cree que él, personalmente, cometió un error en la reunión de enero. No tenía porqué haber tolerado los exabruptos de Ricardo. También es un error que esto le pasara, pero no lo ha digerido. La carta confirma las divergencias políticas con el Partido; pero sus divergencias, dice, son diferentes con el camarada Santiago (se refiere a la carta). En el Partido sólo hemos sabido poner parches a esta situación. Es necesario esclarecer quienes son los traidores a la clase obrera. Él no pasa por ahí. Tiene complejo de inferioridad. Puede ser destruido políticamente" (54).
Particularmente pugnaz se manifestaba Cipriano García, quien no vaciló en comparar Sacristán con los famosos disidentes Claudín y "Miguel": "Sobre la carta de Ricardo. Opina que cuando los problemas surgen hay que discutirlos. Estamos dejando pasar las cosas como se hizo con el asunto de Claudín (recuerda que cuando nosotros empezamos a discutir dichas cuestiones, ya en Madrid estaban en mitad de la calle. Recuerda el ejemplo de experiencia con el asunto 'MIGUEL'). La actitud de R. no viene del asunto de Checoslovaquia, viene de más lejos. No se tenían que haber dejado las cosas, tal y como se dejaron en enero. Estas posiciones (las de R.) crean series dificultades al Comité de Barcelona, pues, por ejemplo, piensa que nuestros estudiantes se orientan por Ricardo (…) La desmoralización que se observa en algunos sectores tiene sus bases en este problema" (55). Igual de beligerante se profesaba Josep Salas, "Fortuny", quien estaba "de acuerdo con las propuesta de que se discuta (la carta de Ricardo) con la presencia de López Raimundo. Hay una actividad política alimentada por las ideas de R. Éste nos creaba ya problemas antes de su carta. Y ahí está el ejemplo de los estudiantes comunistas. Es necesario responder a las cosas que ha publicado" (56). Por último intervino Serradell, al cual, en ausencia del secretario general, le tocó en los últimos meses evitar que la situación precipitara y que el Ejecutivo siguiera manteniendo cierta estabilidad: " Dije que pensaba que el hecho de que ahí (en París) no hayas podido discutir nuestras informaciones no nos ayudaba, es para nosotros una dificultad (...) Debemos tener en cuenta la propuesta suya (de López Raimundo) y escribir a Ricardo para ver si es posible reanudar el diálogo, cosa que veo muy difícil, pero hay que intentarlo de nuevo. De todos modos la llegada de Latorre resolverá esta cuestión. Aprovecho la ocasión para decir que comparto la opinión de que es un error no haber abordado este asunto en el momento que se planteó (es decir, en enero). No creo que el retraso de esto nos haya sido de ninguna ayuda. Y ahora tenemos una situación más complicada y bastante más difícil de desentrañar. Pero hay que hacerlo. No comparto las opiniones más o menos claramente expresadas por parte del camarada Julià de la inferioridad en que nos encontramos, bajo el punto de vista político e ideológico, para abordar los problemas que se plantean por Ricardo en la carta y en lo que ha publicado. Creo que muchas de las cosas publicadas son muy discutibles y las de la carta inadmisibles y muy rebatibles" (57).
¿Qué conclusiones podemos sacar de lo desarrollado en estas tres reuniones? El lector puede sacar las suyas, aunque no hay que ser un avezado analista político para ver en ellas un mecanismo de autodefensa contra unas críticas que estaban poniendo en tela de juicio la eficacia y hasta la ética política de la mayoría del Comité Ejecutivo. Asimismo, es evidente que algunos miembros del mismo llegaron a temer por su puesto y trataron de transformarse de acusados en acusadores para "dar batalla" a Sacristán en todos los órganos oficiales de la organización: las comparaciones con los asuntos Claudín y "Miguel", las acusaciones de estar detrás de las críticas formuladas por los estudiantes e intelectuales a la dirección y las posiciones heterodoxas respecto a la Unión Soviética… eran todas argumentaciones que, de ser "atacadas" hasta sus últimas consecuencias por una dirección compacta, habrían podido comportar incluso la expulsión del partido.
Sin embargo, todo pasaba por López Raimundo, quien no quería dejar en manos de los del "interior" la decisión final sobre el asunto: "Lamento mucho que el retraso de mi vuelta de Corea retrase una semana mi viaje a Barcelona, sobre todo a la vista de las derivaciones que ha tenido el aplazamiento de la discusión del problema Ricardo. Confío que Julià estará de acuerdo en esperar a discutir la cuestión con la presencia de Martín (es decir, de él mismo)" (58).
El veterano dirigente aragonés había evitado pronunciarse porque quería estar en Cataluña para intentar imponer calma y orden dentro de un Comité Ejecutivo sacudido, y por ende, agresivo. Igual que Serradell, para López Raimundo era importante, antes de tomar una decisión definitiva, hablar con el filósofo para averiguar y esclarecer las dimensiones reales de sus críticas. Ese será su cometido en los meses siguientes.
De noviembre de 1969, al pleno ampliado
del Comité Central de agosto de 1970
Finalmente, el regreso a Cataluña le permitió al secretario general encontrarse con Sacristán en noviembre de 1969 (59). No tenemos constancia del contenido de la discusión, pero, cualquiera que fuese, no impidió que éste entregara oficialmente su petición de dimisión como miembro del Comité Ejecutivo (60).
Conviene tener presente que el objetivo de López Raimundo, durante toda la primera mitad de 1970, fue el de mejorar las relaciones con Sacristán en vista de una posible reconciliación política y personal. En total fueron tres las entrevistas que los dos tuvieron antes del verano. La primera es de mediados de febrero: "He tenido una entrevista con Ricardo. Fue muy breve por tener él un compromiso que no pudo salvar. Me pareció más tranquilo, a causa sin duda de que tiene ahora una interesante actividad de masas, no sólo aquí sino también en otras capitales de España, de donde se desplaza con frecuencia para participar en Conferencias y Coloquios. Naturalmente tiene -como siempre- ideas y opiniones heterodoxas, pero -repito- saqué buena impresión. Nos volveremos a ver" (61). La segunda es posterior de quince días y refleja la esperanza del secretario general -sustentada en el hecho de que Sacristán volvía a producir material para el partido- de recomponer definitivamente la ruptura: "Con Ricardo tuve una nueva conversación. Me entregó una nota escrita para el PC sobre sus viajes y unas notas sobre la Universidad que os adjunto. Por ella veréis que sus opiniones difieren de la política del Partido. El clima de la discusión fue muy bueno y no descarto que en futuras conversaciones logremos algún progreso político" (62).
Esta actitud de López Raimundo corría pareja con la voluntad de frenar las impaciencias de Núñez, quien, haciéndose eco de la inquietud suya y de otros compañeros del Ejecutivo, seguía señalando todos aquellos sectores "críticos" -y, cómo no, relacionados con Sacristán- con la dirección, a los que había que "combatir": "En estos días venimos realizando un amplio esfuerzo político de explicación para mostrar las perspectivas que la situación ofrece y avanzar hacia la acción coordinada hacia la Huelga General. Tropezamos con las corrientes 'críticas' que surgen en particular entre los intelectuales, en las gentes relacionadas con RICARDO principalmente, que mantienen posiciones en realidad contrarias a la política del Partido aunque ellos se empeñan en decir que 'en lo esencial están de acuerdo con la política del Partido'. A la vez que combatimos esto (que aparece en la Comisión de Unidad, en la Comisión de Estudio, entre los estudiantes de Filosofía que están 'desorganizados', etc.), hacemos luz en las organizaciones del Partido sobre los planteamientos que hacía Santiago (Carrillo) en Mundo Obrero" (63).
Pero mientras Núñez señalaba con el dedo a todos los sectores "no alineados" a causa de la perniciosa influencia de "Ricardo", un mes más tarde López Raimundo comentaba su tercera entrevista, sin duda la más delicada debido a un problema relacionado con algunos estudiantes y activistas de la Juventud Comunista que habían cuestionado la política del partido (64); Sacristán, pese a no estar de acuerdo con ellos, decidió criticar la decisión de la dirección de recurrir a medidas disciplinarias para zanjar el caso y su negativa a discutir las opiniones de los jóvenes, y así se lo comentó al secretario general (65): "El ambiente general es francamente bueno. Colean, sin embargo, algunas dificultades que ya conocéis. Con Ricardo volvemos a tener una situación muy tirante a causa de la discusión que se está llevando a cabo con los estudiantes de Filosofía que pidieron vacaciones y que luego iniciaron una actividad típicamente fraccional. El Comité de Estudiantes y el Comité de Barcelona están discutiendo un proyecto de Resolución que implicará sanciones que pueden llegar hasta la expulsión de Raúl (Rafael Argullol). Ricardo conoce esto y a causa de ello ha descargado de nuevo la caja de truenos. Ahora quiere dimitir de Nous Horitzons y que se le incluya en otra célula. Le pedí que se tome un plazo y que volviéramos a hablar del asunto dentro de un mes, propuesta que aceptó advirtiendo que no escribiría más para Nous Horitzons ni para ninguna otra publicación del PSU. Le dejé la puerta abierta para que escriba en las del PCE si lo desea. Veremos como evoluciona" (66).
Al final, Sacristán seguirá escribiendo para Nous Horitzons, aunque no sin cierta dificultad. Que los responsables de la revista en París estuvieran molestos con su actitud y opiniones "heterodoxas" lo demuestra la respuesta de Joan Camí a un Rafael Vidiella que, desde su exilio en Budapest, se quejaba del tono de las posiciones de "Ricardo" sobre Checoslovaquia: "Veig que has vist alguna de les darreres coses de Ricardo. Efectivament, és un company que sempre ha de trobar rave o escarola, però està vist que els temps són els grans problemes. Ens passa com a les famílies amb els fills; quan són petits procuren petits maldecaps, quan són grans els procuren grans... I penso que tots estarem d'acord en que ens estem fent grans" (67). Para evitar "maldecaps", se limitará en 1970 el espacio de Sacristán en la revista. Igual que para la carta "Lliures opinions", París decidirá no publicar una larga reseña suya, a día de hoy inédita, del libro de W. Rochet, L'avenir du Partie Communiste Français (68), en la que criticaba la posición del PCF con ocasión de los hechos de mayo y su falta de proyecto político para liderar un cambio social en Francia (69). El escrito, a publicar en el número 20, fue enviado a París por Vallverdú a principios de mayo: "Em sembla que fa cosa de quinze dies vaig enviar un article de R. Bosc titulat 'A propòsit d'El futur del PC francès'. Com que es tracta d'un article molt important, no voldria pas que s'hagués extraviat" (70). No se había "extraviado", sino congelado, o, para emplear las palabras de Camí, "ha quedat en reserva el comentari al llibre de W.R., que hem rebut al seu temps" (71). Una enojada redacción de NH afirmaba haber "pres nota de les raons -escrites i verbals- que heu donat per a posar 'en reserva' la ressenya del llibre de W.R." (72), pero no estaba dispuesta a verse rechazado otro importante artículo de Sacristán dedicado al filosofar de Lenin. El tono taxativo de otra carta a París revela el temor a que también este artículo pudiera ser objeto de problemas: "Quant a l'article 'Lenin, filòsof', que és molt llarg, us l'enviaré d'aquí a deu dies. Per cert, l'acord unànim (de la redacción) és que encara que calgui allargar excepcionalment el nombre de pagines, l'article ha de sortir tot sencer a Nous Horitzons 21: és la contribució més important al centenari. També es pot arreglar fent un tipus de lletra petit, etc. Us preguem que no ens defraudeu" (73). Fueron defraudados. A pesar de las insistencias de los redactores barceloneses (que lo consideraban la "contribución más importante al centenario de Lenin") el ensayo fue rechazado: al final, París accedió a publicar sólo un artículo mucho más breve (y edulcorado en sus formulaciones), "Lenin y la filosofía", que había sido encargado a Sacristán por El Correo de la UNESCO en otoño de 1970 (74).
Cabe suponer que la dirección rechazara el ensayo original sobre Lenin para evitar problemas con aquellos sectores prosoviéticos que ya habían acusado a Sacristán -en un documento interno que circuló en muchas células- de ser uno de los responsables del supuesto "giro revisionista" del PSUC después del agosto praguense: "Pasemos ahora a 'Nous Horitzons' nº 11 en el que hay un artículo de Manuel Sacristán, titulado 'Sobre el Lenin de Garaudy', libro cuya aparición (dice el articulista) 'és com un anticip a la imminent conmemoració de Lenin…'. Y leemos lo siguiente: 'En les 66 pàgines de l'assaig queda molt clar que Garaudy l'ha escrit a fi de lliurar la clàssica batalla en dos fronts. Mostrar que Lenin vol sempre pensar de manera antidogmàtica i antisectària li serveix contra l'infantilisme o esquerrisme, i ambdues coses li serveixen, a més, i molt eficaçment contra el burocratisme i l'estatisme de la degeneració socialista, la qual presenta alhora el mecanicisme i la rao d'Estat i un sectarisme hipòcritament dogmàtic que disfressa de teoría, des dels temps de Zdanov, alló que es mera implicació del poder i de la lluita per haches en tal o qual intriga momentànea'. No es preciso hacer aquí ningún comentario. Lo copiado se basta por sí mismo (75)".
En una fase en la que dentro del PSUC seguían siendo vivas las voces que clamaban por la política de paulatino despegue del partido respecto a los países del "socialismo real", el objetivo sacristaniano de "deixar d'una vegada viure els clàssics. I no s'ha d'ensenyar a citar-los sinó a llegir-los" (76), era visto por muchos como una renegación del leninismo, una apostasía que cuestionaba el dogma bíblico de la infalibilidad espacio-temporal e incuestionable "actualidad" de los referentes de la tradición marxista (77).
En suma, los desacuerdos no se dirimían y es evidente que tanto la discusión sobre los estudiantes como los contrastes en Nous Horitzons debieron de pesar en la decisión final de Sacristán de abandonar definitivamente su trabajo como dirigente del PSUC en verano de 1970. Miguel Manzanera anota en su tesis doctoral que su última participación en un órgano dirigente del PCE/PSUC fue la reunión del Comité Central del PCE de la primera semana de agosto de 1970 (78). En realidad fue el IV Pleno del Comité Central Ampliado del PSUC, que se celebró en París del 10 al 14 de agosto del mismo año, es decir poco después de la reunión del PCE. "Ricardo" fue uno de los 67 asistentes que figuran en la lista que se conserva en la carpeta de trabajo de López Raimundo para ese Pleno. Es más, el secretario general guardó una breve nota informal que Sacristán escribió en los días del Pleno para Serradell y que éste último le pasó apuntándole al margen: "Gregorio. Esta nota me la dio el camarada Ricardo. Según él corresponde a los efectivos del Partido en la Universidad" (79). Es a este Pleno que hará referencia Sacristán muchos años después en una entrevista a Mundo Obrero: "En el verano de 1970, hubo un pleno muy importante que no olvidaré nunca porque fue el momento en el que decidí que no podía seguir trabajando. Dije entonces muy claramente que se iba al hundimiento, que de esa forma se iba a la desaparición" (80). Por desgracia -y a diferencia de otras reuniones- no nos quedan las notas de López Raimundo de las intervenciones de los participantes, pero sí sus breves apuntes para el discurso de clausura en los que hace referencia a las críticas que alguien avanzó en el Pleno: "Saludar espíritu crítico. No creo que se trate de falta de respeto en la crítica. Acaso insuficiencia" (81). Evidentemente, alguien se quejó del tono de las críticas, y, de tener en cuenta los recuerdos de Sacristán en la entrevista mencionada, sería lógico pensar que él tuvo algo que ver con ello. Pero es sólo una conjetura que no podemos corroborar fehacientemente.
Sea como fuere, con este Pleno terminaba la actividad de Sacristán también como miembro del Comité Central del PSU de Cataluña (82). En la práctica (y hasta 1978) seguirá militando en la base del PSUC, renunciando a librar aquella "batalla política" cuya amenaza asustó a más de un miembro del Comité Ejecutivo. Sí, seguirá militando, porque este trabajo no analiza la historia de un final, sino una parte de la historia de un cambio, de un punto de inflexión en la trayectoria de un hombre cuya pasión política seguirá acompañándole siempre.
Se trataba ahora, para Sacristán, de volver a replantear su compromiso político-intelectual después de advertir que su experiencia como dirigente del PSUC se había saldado con una "derrota" (personal y política), partiendo del objetivo de repensar críticamente la tradición marxista desde abajo y, sobre todo, desde cero. Una reformulación de su quehacer "práctico" y "teórico" que, desvinculado ya de las tareas de dirección en el PSUC, se centrará -a partir de la década de los setenta- en una intensa producción de materiales de análisis y propuestas para la actividad política. Un objetivo presente, aunque todavía in nuce, en la mencionada nota autobiográfica, pensada y escrita en estos difíciles meses que hemos estudiado: "La idea de fundir o acercar mucho los dos caminos (el científico-intelectual y el de la "gestión", es decir la actividad política), admitido que no puedo prescindir de ninguno de los dos, debe ser también la clave para ahora, no sólo de interpretar lo que ocurrió. En la práctica, me parece que las situaciones pueden ser:
- 1ª) Predominio del estudio desligado a la gestión, con gestión mecánico-moral.
- 2ª) Predominio de estudio funcional a la gestión, con estudio funcional a ella.
- 3ª) Predominio de estudio funcional a la gestión, con gestión consistente en haber producido ese estudio.
- 4ª) Predominio de gestión con estudio como distracción.
Creo que mi situación anterior fue unas veces la 1ª y otras -las más- la 4ª. Hoy tiendo a creer que tengo que adoptar la 3ª. Y puesto que estudio funcional a la cuestión es, por de pronto, estudio, tengo que recorrer mis posibilidades" (83).
Notas
(*) Partido Socialista Unificado de Cataluña. Federación catalana del Partido Comunista de España [Nota de La Insignia].
(1) Miguel Manzanera, Teoría y práctica. La trayectoria intelectual de Manuel Sacristán, Tesis doctoral presentada en Madrid, UNED, 1993; Salvador López Arnal y Pere de La Fuente (ed.), Acerca de Manuel Sacristán, Barcelona, 1997; Salvador López Arnal (ed.), Manuel Sacristán. M.A.R.X. Máximas, aforismos, reflexiones con algunas variables libres, Barcelona, 2003; Francisco Fernández Buey y Salvador López Arnal (ed.), De la primavera de Praga al marxismo ecologista, Madrid, 2004; Juan-Ramón Capella, La práctica de Manuel Sacristán, Madrid, 2005.
(2) Francisco Fernández Buey, Introducción a De la primavera de Praga…, op. cit., p. 25.
(3) Juan-Ramón Capella, op. cit., p. 130.
(4) La gran mayoría de los documentos que aquí presentamos complementan el rico apéndice documental de la tesis doctoral de Miguel Manzanera. En cuanto a los escritos de Sacristán que aparecen en estas páginas (y a la entrevista sobre Checoslovaquia), nos remitimos a los autores que los han analizado de forma exhaustiva.
(5) Salvador López Arnal (ed.), Manuel Sacristán. M.A.R.X..., op. cit., pp. 57-61.
(6) Empleamos la palabra gramsciana "molecular" no por casualidad. Con todas las cautelas, nos atrevemos a establecer un paralelismo entre la mencionada reflexión autobiográfica de Sacristán y la novena nota escrita por Gramsci en el cuaderno 15 de la cárcel (Quaderni del carcere, vol. III, Turín, 1975, pp. 1762-1764). Ambos analizan (Gramsci obviamente de forma mucho más críptica) su reciente pasado intelectual-político y ambos hacen hincapié en el lento "proceso molecular" que les llevó a tomar finalmente plena conciencia de sus "catástrofes del carácter". Que Sacristán -quien en 1970 había terminado su Antología de los escritos del pensador sardo- fuera influenciado por Gramsci a la hora de pensar históricamente y ensamblar críticamente todos los acontecimientos de su reciente trayectoria política no lo demuestra sólo el tono de "autocrítica despiadada" (de sabor muy gramsciano) de la nota, sino también la entrevista -al final no publicada- de nuestro autor para El Viejo Topo en 1979 y sus referencias a la "catástrofe" que debió de advertir Gramsci en la cárcel, tanto en términos personales como políticos. Es más: en la entrevista Sacristán conecta explícitamente su "pérdida de ganas de escribir" e "inhibición" a partir de 1966-1967 también al estudio de Gramsci y a la constatación de éste de que el movimiento histórico-político en el que había intervenido se había saldado con una "derrota" (otra palabra que aparece también en la nota de Sacristán). La entrevista en F. Fernández Buey y S. López Arnal (ed.), De la Primavera..., op. cit., pp. 92-114. Desde luego, el alcance del "diálogo" humano e intelectual de Sacristán con Gramsci no puede ser resumido en una breve nota al pié: haría falta un ensayo bien articulado que analizara este tema desde la pr

Joan Mira dijo
Artículo muy bueno,
sobre un personaje que sería bueno volver a leer: Manuel Sacristán.
Joan Mira
30 Enero 2006 | 05:30 PM